El enfoque de México en Michoacán desvía la atención del caos en Guerrero

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El estado de Guerrero, en la costa Pacífica de México, es el lugar de un creciente caos, un problema que en parte ha sido ocultado por el enfoque exclusivo que ha dado el gobierno federal al estado vecino de Michoacán.

Siendo el estado que registró la mayor tasa de homicidios de México en 2013, el deterioro de la situación de seguridad en Guerrero fue el tema principal de un informe del 16 de febrero, publicado por Los Angeles Times. En el informe, el profesor Jorge Chabat, del Centro de Investigaciones y Docencia Económica de México (CIDE), afirma que Guerrero plantea un reto importante para las autoridades federales y que “podría crear una sensación de que [el presidente Enrique] Peña Nieto no tiene nada bajo control”.

En 2013, los negocios locales fueron víctimas de la extorsión a manos de “Los Rojos” –un grupo compuesto por antiguos miembros de la Organización de los Beltrán Leyva (OBL)- aunque los locales también han presentado quejas de colusión entre funcionarios públicos y elementos criminales. Recientemente, un prominente líder cívico fue atacado después de acusar públicamente a un alcalde de tener vínculos con el crimen organizado.

Ante la inseguridad y la desenfrenada actividad del crimen organizado, Guerrero y Michoacán se han convertido en puntos clave para los controversiales movimientos de autodefensa mexicanos. En las últimas semanas, en vista de que el gobierno no ha abordado adecuadamente el tema de la violencia, las autodefensas de Guerrero –ahora presentes en 47 de los 81 municipios del estado– se han apoderado de varias ciudades a las afuera de la capital del estado, Chilpancingo.

Análisis de InSight Crime

La situación en Guerrero es al menos tan preocupante como la de su vecino Michoacán donde, en la actualidad, las fuerzas de seguridad de México están centrando sus recursos, en medio de un espiral de violencia relacionada con las drogas. Guerrero fue hogar de tres de los 20 municipios más violentos de México en 2013, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública, con Acapulco, el importante centro turístico, siendo particularmente golpeado.

La larga costa de Guerrero y su ubicación al sur en el Pacífico lo hacen atractivo para los narcotraficantes, y la presencia de grupos de drogas ha aumentado en los últimos años. Alguna vez el lugar en donde se dio una guerra territorial entre los Zetas y el Cartel de Sinaloa, es ahora hogar de varios grupos formados a partir de remanentes de la OBL. Los Caballeros Templarios y sus rivales del Cartel de Jalisco-Nueva Generación (CJNG), también parecen haber establecido presencia en la zona.

En Michoacán, la violencia generada en gran parte por los Caballeros Templarios, ha llevado al gobierno federal a enviar tropas y a incluir a las fuerzas de autodefensas en un marco legal que les permite llevar a cabo operaciones conjuntas con las fuerzas de seguridad.

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Mientras tanto, Guerrero ha sido ampliamente ignorado, y el gobierno federal se ha movilizado para poner trabas, en lugar de apoyar, a los grupos de autodefensa del estado. Como se señaló anteriormente, este enfoque tan divergente parece estar basado tanto en el perfil de los grupos criminales que operan en los dos estados -siendo los elementos criminales de Guerrero a menudo más pequeños y localizados- como en la voluntad política que tiene cada estado para tolerar a las autodefensas, en respuesta al desafío criminal planteado. Sin embargo, este enfoque podría resultar peligroso, en la medida que la represión a menudo genera un “efecto cucaracha”, donde la presión de las fuerzas de seguridad en un lugar provocan el desplazamiento de los grupos criminales hacia otro.

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