¿Es Uruguay la nueva Argentina del narcotráfico?

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El reciente arresto de personas vinculadas a la organización criminal mexicana Los Cuinis ha llamado la atención sobre la presencia del crimen organizado en Uruguay y sobre el papel de los narcotraficantes extranjeros en el deterioro de los indicadores de seguridad del país.

Un informe del diario uruguayo El Observador describe el crecimiento de la violencia y la delincuencia en Uruguay en los últimos años, lo que indica que las advertencias de las autoridades en cuanto a la evolución criminal son en gran parte ciertas.

Por ejemplo, las estadísticas sobre las incautaciones de drogas respaldan las predicciones de los agentes de seguridad locales según las cuales Uruguay se convertiría en una nación de tránsito para el tráfico de cocaína hacia Europa. Según El Observador, en 1991 se decomisaron 10 kilogramos de cocaína, mientras que en lo que va de 2016 se han incautado 135 kilogramos. Alrededor de 1,5 toneladas fueron confiscadas en 2013.

El incremento del tránsito de drogas también ha contribuido al aumento en el consumo de drogas en Uruguay. Citando datos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, El Observador informa que Uruguay tiene actualmente la tercera tasa de consumo de cocaína en Suramérica, después de Chile y Argentina.

Estas tendencias se han visto acompañadas por un aumento en la violencia, dado que los grupos criminales compiten por los mercados locales de la droga. El Observador señala que anteriormente las tasas de homicidios en Uruguay mostraban un comportamiento constante, con entre 180 y 190 asesinatos por año, pero que en 2015 hubo 289. El Ministerio del Interior de Uruguay atribuye un tercio de los asesinatos ocurridos en 2013 —alrededor de 80— a disputas entre grupos criminales, conocidas coloquialmente como “arreglos de cuentas”.

Por ejemplo, el 19 de mayo la policía descubrió los cuerpos torturados y desmembrados de dos adolescentes que habían desaparecido desde agosto de 2015.

Dichos crímenes suelen ser cometidos por asesinos a sueldo, algo que según los funcionarios rompe con las tendencias tradicionales de la violencia en Uruguay, donde los homicidios han sido tradicionalmente el resultado de disputas domésticas o robos a mano armada que resultan fatales.

El microtráfico y la violencia se aumentan por la presencia de experimentados delincuentes extranjeros —entre los que se encuentran narcotraficantes de México, Colombia y Brasil— en el sistema penitenciario de Uruguay. Tales reclusos traen con ellos importantes contactos criminales y métodos que son transmitidos a otros reclusos y aplicados localmente.

Esto se refleja en parte en la tasa de reincidencia de los presos liberados en Uruguay, estimada en 60 por ciento. Según El Observador, el ministro del Interior de Uruguay, Eduardo Bonomin, dijo que la mayoría de los presos liberados que reinciden cometen delitos más violentos que aquellos por los que fueron condenados inicialmente.

Por fuera de las cárceles, las autoridades uruguayas también temen que el aumento en el número de narcotraficantes extranjeros que visitan o residen en lugares como Punta del Este puede llevar a violentos enfrentamientos criminales como los que se han presentado en ciudades como Acapulco, México.

Análisis de InSight Crime

La presencia de narcotraficantes extranjeros en Uruguay ha llamado la atención tras el arresto, el pasado mes de abril, de 11 personas vinculadas a la organización criminal mexicana Los Cuinis, que al parecer son aliadas del poderoso Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). Entre los detenidos se encuentra Gerardo González Valencia (hermano del líder de Los Cuinis, Abigael González Valencia), quien supuestamente estaba lavando dinero a través de bienes raíces en Punta del Este. Sorprendentemente, se informó que Gerardo había estado viviendo en Uruguay desde 2011.

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Se sabe que criminales mexicanos y colombianos en busca de refugios donde realizar sus negocios sin levantar sospechas se han instalado en países del Cono Sur, particularmente en Argentina. Sin embargo, dado que la violencia relacionada con las drogas ha aumentado en Argentina en los últimos años —en parte como resultado de la presencia de criminales extranjeros—, puede que los narcotraficantes extranjeros sean atraídos por la relativa calma del vecino Uruguay.

De hecho, que un narcotraficante mexicano tan reconocido haya logrado residir en Uruguay por tanto tiempo y evitar ser arrestado es un indicio del atractivo de Uruguay. A pesar de que su pequeña población, de unos 3,5 millones de habitantes, impide que llegue a ser un gran consumidor de drogas, Uruguay ofrece acceso a oportunidades de lavado de dinero, así como enlaces a los mercados de la droga al otro lado del Atlántico y en sus vecinos Brasil y Argentina.

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