Frontera entre Bolivia y Brasil continúa siendo zona de alta criminalidad

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Una operación de seguridad para recuperar el control de la ciudad fronteriza de San Matías, Bolivia, ha dejado en evidencia el nivel de anarquía en esta zona debido a la ausencia de las instituciones estatales.

La Policía detuvo a 14 personas en diversas redadas en San Matías, ciudad boliviana situada a 7 kilómetros de la frontera con Brasil.

Las redadas se produjeron en el contexto de la “Operación Retorno”, la cual comenzó el 15 de octubre como parte del regreso de las fuerzas de seguridad a la zona después de una ausencia de cuatro meses.

“El narcotráfico y el lavado de capitales han penetrado (en San Matías) inclusive en estructuras de autoridades locales”, dijo el ministro del Interior de Bolivia, Carlos Romero, según un informe de El Deber. El ministro también se refirió a los enfrentamientos entre un grupo local y otra organización narcotraficante de Cáceres, Brasil, que ha dejado muertes en uno y otro bando.

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Las fuerzas de seguridad huyeron del área debido a la enardecida reacción de una turba de pobladores después de que, el 18 de junio, la Policía le disparara a un joven durante un control de tráfico, causándole la muerte. Al parecer, el hombre no tenía ninguna relación con actividades criminales, y por lo tanto los habitantes del sector se amotinaron, prendiendo fuego a una comisaría de policía y a varios de sus vehículos.

Sin embargo, la policía de San Matías ha recibido un refuerzo de 200 agentes activos, con el fin de recuperar el control del municipio.

Análisis de Insight Crime

Como una tierra de nadie y en relativo aislamiento del resto del país, y próximo a la frontera con Brasil, el municipio de San Matías se ha convertido en un cruce estratégico de drogas, mercancías ilícitas y personas. El municipio hace parte de un importante corredor del tráfico de cocaína que ingresa a Brasil.

La operación que se adelanta actualmente en San Matías podría restablecer la presencia policial en la ciudad apenas de manera superficial. La primera ola de arrestos revela lo desesperadas que se encuentran las autoridades por demostrar que han hecho algún progreso, dado que casi la mitad de las personas arrestadas son conductores ebrios, en un supuesto afán por ir tras las organizaciones criminales.

Es poco probable que se obtengan logros reales si no van acompañados de cambios institucionales que puedan garantizar una presencia fuerte y confiable del Estado en la región.

“Esta es una región que ha padecido la ausencia de Estado durante mucho tiempo”, dijo Miguel Centellas, sociólogo especializado en política y en temas bolivianos, tras ser consultado por InSight Crime. “Para muchas personas en zonas fronterizas, la única presencia del Estado la representa el alcalde, lo cual causa desconexión con el gobierno nacional”.

Este abandono de las instituciones del Estado, así como el mal manejo de los actos criminales cuando se hacen las intervenciones, han permitido que las comunidades sean vulnerables a la infiltración de los grupos criminales.

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El año pasado, dados los temores por la expansión de los grupos narcotraficantes brasileños en Bolivia, funcionarios de ambos países consideraron reforzar un plan enfocado en la seguridad fronteriza. Sin embargo, es probable que estos planes sean poco eficaces.

San Matías tiene una larga historia de intervenciones estatales fallidas. En 2010, el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva intentó crear un plan de lucha contra las drogas en la zona. Más adelante, el gobierno boliviano creó una policía de frontera especializada, con la esperanza de recuperar el control sobre la problemática región fronteriza.

Estos programas no han logrado resolver los viejos problemas de seguridad en la zona. Las tasas de homicidio aumentaron en San Matías este año, a pesar de los continuos esfuerzos de los organismos policiales.

Además, los habitantes del municipio ven a la Policía con hostilidad y recelo. E incidentes como el asesinato de un joven supuestamente inocente empeorarán la situación. El incendio de la estación de policía demuestra que la paciencia de la ciudadanía frente a las autoridades se puede estar agotando.

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