Guerra civil de Família do Norte se libra en prisiones de Brasil

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Una disputa territorial entre los fundadores de la Familia del Norte, el grupo criminal más poderoso del norte de Brasil, deja docenas de presos muertos y tendrá profundas implicaciones para la dinámica de las pandillas criminales en el país.

En menos de 48 horas, 55 presos fueron hallados muertos en cuatro prisiones del estado de Amazonas, muchos de ellos estrangulados. Los primeros 15 fueron asesinados el 26 de mayo en el complejo Carcelario Anísio Jobim, en Manaos, en lo que parece ser una rebelión contra el líder del grupo, José Roberto Fernandes Barbosa, alias “Zé Roberto da Compensa”, por parte de João Pinto Carioca, alias “João Branco”. Los 15 muertos  fueron identificados como aliados de Fernandes Barbosa.

El 27 de mayo, el conflicto se vivió en cuatro prisiones de todo el estado: Anísio Jobim, el instituto penal Antônio Andrade, la prisión Puraquequara y el Centro de Detención Provisional Masculino.

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Las autoridades se apresuraron a acusar a los dos líderes de esa violencia, pese a que Zé Roberto da Compensa y João Branco que se encuentran recluidos lejos uno de otro, en los estados de Mato Grosso y Paraná, respectivamente.

Según las autoridades, João Branco busca tomar el liderazgo de la Familia del Norte (FDN), por su descontento por las decisiones tomadas por Fernandes Barbosa, como la pérdida de poder en las prisiones, la reducción de las ventas de drogas y el término de una larga alianza con el Comando Rojo (Comando Vermelho – CV), una de las dos pandillas más grandes de Brasil.

El gobernador de Amazonas, Wilson Lima ha enviado alrededor de 100 hombres para reforzar la seguridad dentro de las prisiones, mientras que el vocero del gobierno federal anunció que informes de inteligencia hallaron poca posibilidad de que la violencia se desborde a las calles. Además, se trasladó a ambos cabecillas a nuevas prisiones federales.

Análisis de InSight Crime

Esta brutal reestructuración de poder dentro del tercer grupo criminal más grande de Brasil también enreda a sus dos rivales de mayor tamaño, el CV y el Primer Comando da Capital (PCC).

En años recientes, la FDN mantuvo una estrecha alianza con el CV. Esta es una alianza crucial para el CV, cuya base de operaciones está en Río de Janeiro, pues la FDN controla las rutas de narcotráfico a lo largo de los ríos del Amazonas y hacia los países vecinos, como Colombia, Bolivia y Perú.

En enero de 2017, la prisión de Anísio Jobim fue el escenario de una masacre de 56 prisioneros, en su mayoría afiliados al PCC, a manos de la alianza FDN y CV. Esto se debe a una ola de sangrías retaliaciones en todo el sistema carcelario del estado de Amazonas, que dejó un saldo de 140 presos muertos.

Pero desde entonces se rompió la alianza, lo que motivó las desavenencias entre los dos líderes. Como resultado, João Branco fundó un grupo disidente, conocido como FDN Pura. Esta nueva oleada de violencia fue un intento de la FDN Pura de tomar el control de la pandilla al mando de la esposa de João Branco, Sheila Maria Faustino Peres, y un lugarteniente, conocido como “Coquinho”, quienes instigaron la insurrección contra Fernandes Barbosa.

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Videos que circularon en las redes sociales después de la masacre mostraban a los presos afirmando que Sheila había ordenado la matanza. Los seguidores de la FDN Pura en los cuatro centros carcelarios recibieron una lista de reclusos señalados por medio de mensajes de texto.

Pero al parecer la tentativa no salió como se esperaba. Aunque los 15 reclusos muertos en el primer ataque eran seguidores de Fernandes Barbosa, el segundo día fue negro para la FDN Pura.

No se sabe con certeza en qué va la rencilla. Los intentos continuados del PCC y del Comando Rojo para controlar el norte de Brasil se mantendrán, pues el potencial de la región para el narcotráfico es demasiado rentable para ignorarlo. El papel del FDN en esos intentos dependerá en gran medida de quien termine al mando.

El traslado de las dos cabecillas y otros presos importantes solo será una solución provisional. Sin duda, con estas nuevas masacres, dos años después de la última serie de asesinatos en prisiones de Amazonas, hay poca confianza en que las autoridades puedan controlar de algún modo las pandillas de carcelarias.

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