Inestabilidad política en Haití complica esfuerzos contra el crimen

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Un nuevo informe publicado por las Naciones Unidas ilustra los desafíos en el combate al crimen y la violencia actuales en Haití, problemas que pueden complicarse por la reciente inestabilidad política. 

Según el informe semianual de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití (MINUSTAH, por sus iniciales en francés), la nación caribeña ha tenido 567 homicidios desde septiembre de 2015, un incremento superior al 16 por ciento en comparación con el periodo del informe  anterior, que registró 486 homicidios.

Con base en estimativos poblacionales recientes, esas estadísticas arrojan una tasa de homicidios nacional anual de casi más de 10 personas por 100.000 habitantes —relativamente alto para los estándares internacionales, pero aún por debajo de muchos de sus vecinos caribeños.

El informe de la MINUSTAH señaló que más del 80 por ciento de esos homicidios ocurrieron en el área metropolitana de la capital, Puerto Príncipe, e indicaron que cerca de la mitad tenían que ver con pandillas.

El número de secuestros notificados aumentó de 29 informes entre marzo y agosto de 2015 a 44 entre septiembre de 2015 y el 1 de marzo de este año.

Los informes de violación bajaron levemente, de 223 informes en el último periodo del informe a 218 en el más reciente, aunque la MINUSTAH señaló que estas cifras pueden no ser precisas debido a la falta de denuncias.

En términos generales, sin embargo, el informe se mantuvo en los mismos niveles de los dos últimos periodos de informes.

Análisis de InSight Crime

Aun cuando Haití no ha visto los niveles de violencia extremos que azotan a muchos otros países de la región, la inestabilidad política permanente en el país caribeño plantea a la vez un grave desafío en términos de conservación de la seguridad y una gran oportunidad en potencia para las redes criminales.

El parlamento haitiano se disolvió en enero de 2015, y se mantuvo dormido hasta que las controvertidas elecciones de octubre llevaron una nueva legislatura al poder en enero de este año. En los últimos meses un presidente provisional ha gobernado el país, y no es claro si se realizarán las elecciones programadas.

Por encima de esta tormenta política, Haití enfrenta una grave crisis de inseguridad alimentaria y otros problemas económicos. Todos estos problemas han motivado numerosas protestas en los meses recientes, algunas de las cuales han terminado con muertos.

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Nada de esto es un buen presagio para un país donde las organizaciones criminales suelen tener lazos estrechos con las élites y las figuras políticas. La estratégica ubicación geográfica del país y la extrema debilidad de sus instituciones convierten a Haití en un escenario atractivo para la trata de personas, el tráfico de drogas, armas y demás contrabando. Más aún, las fuerzas de seguridad locales y el sistema judicial carecen de la capacidad para abordar correctamente los problemas que plantean los grupos criminales, y la corrupción sigue siendo un problema mayor.

La combinación de estos factores vuelve a Haití un terreno fértil para el crimen organizado, lo que es una preocupación importante, dada la ubicación de Haití a lo largo de las rutas de narcotráfico del Caribe, cuya importancia está creciendo, según las autoridades de Estados Unidos.

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