La fluctuación de los homicidios en Colombia refleja cambios en el mundo criminal

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Los homicidios en Colombia han caído más de un nueve por ciento en el último año, siguiendo una tendencia nacional a largo plazo, aunque  las variaciones en las tasas de homicidios en algunas regiones resaltan el continuo impacto violento de las guerras territoriales del crimen organizado.

Datos de la policía para los 11 meses de 2013 muestran una disminución del 9,1 por ciento en la tasa nacional de homicidios, en comparación con 2012, informó El Tiempo. La policía registró 13.153 homicidios a noviembre 29 -1.279 menos que el año anterior.

La ciudad de Cali y su área metropolitana se caracterizaron por tener la tasa de homicidios más alta del país, al registrar cerca de 2.000 homicidios en lo que va de 2013. Los homicidios también aumentaron en las ciudades de Buenaventura, Bucaramanga, Pereira y Neiva, y en siete departamentos (provincia).

En contraste, se observa una disminución del 26 por ciento en la tasa de homicidios de Medellín, cayendo de 1.137 en 2012 a 842 este año, mientras que los asesinatos en el área metropolitana cayeron de 1.572 a 1.202. Otra caída notable se dio en la ciudad de Cúcuta, cerca de la frontera con Venezuela, donde hubo 312 asesinatos -108 menos que el año anterior.

Bogotá, por el contrario, se mantuvo relativamente estable, registrando 1.119 asesinatos -14 menos que en 2012.

Análisis de InSight Crime

Las estadísticas confirman una serie de tendencias en Colombia, donde el total de homicidios ha ido disminuyendo desde hace más de una década, aunque hay áreas específicas propensas a experimentar dramáticas fluctuaciones relacionadas con las actividades del crimen organizado.

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En Medellín, la gran caída en los asesinatos ha coincidido con un pacto acordado entre las organizaciones criminales que anteriormente se encontraban en disputa, la Oficina de Envigado y los Urabeños, haciendo que las afirmaciones de las autoridades locales, de que esto está relacionado con las acciones de la policía, sean ingenuas en el mejor de los casos.

En contraste, Cali ha entrado en un período de “caos criminal” a medida que las pandillas callejeras pelean sangrientas batallas territoriales, muchas en nombre de la avanzada de los Urabeños o de los remanentes de los Rastrojos, quienes están poniendo una fuerte resistencia a aferrarse a un territorio que fue su núcleo, antes de la implosión del grupo como una organización criminal nacional.

El intento de los Urabeños, de apoderarse del que había sido el territorio de los Rastrojos en el suroeste, puede ser otra de las causas de la violencia en Buenaventura, en donde se vieron envueltos en una feroz guerra con una pandilla local que había operado previamente como parte de la franquicia de los Rastrojos -la Empresa. Todo apunta a que los Urabeños ya han expulsado a La Empresa y controlan el puerto, lo que puede provocar ahora una disminución de la violencia.

Esto es probablemente lo que ha sucedido con la reducción de la violencia en Cúcuta, donde si bien la policía dice que los Rastrojos mantienen una presencia en la región, que una vez dominaron, los Urabeños parecen haber ganado la batalla por la ciudad. Sin embargo, el grupo ahora parece estar en medio de una disputa interna compleja y violenta, que puede revertir la tendencia.

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