En México, grupos criminales e industria tequilera mantienen una relación espinosa

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Las revelaciones que señalan que el Cartel de Jalisco lavó cientos de millones de dólares por medio de compañías fachada que se hacían pasar por proveedores de tequila, es un nuevo capítulo de la larga relación entre los grupos criminales de México y el icónico licor nacional.

El 2 de junio, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de México anunció que había congelado cerca de 2.000 cuentas bancarias vinculadas al Cartel Jalisco Nueva Generación  (CJNG). A primera vista, el impacto de esta operación era difícil de estimar, pues el bloqueo de cuentas bancarias ligadas a actividades criminales no es raro en México.

Pero aquí, el verdadero blanco del operativo quedó en evidencia con su nombre “Agave Azul”, el tipo de cactus usado en la producción de tequila. La UIF mencionó a 1.770 individuos y 167 firmas como parte de un complejo entramado montado para blanquear las ganancias criminales del CJNG mediante firmas de papel que se hacían pasar por tequileras.

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Y según se dice, esa red logró mover sumas colosales de dinero en efectivo. La UIF reportó transacciones nacionales por valor de unos US$666 millones, transferencias internacionales por un monto de US$330 millones y US$137 millones en transacciones dudosas en efectivo realizadas en dólares estadounidenses.

Aunque el comunicado de la UIF no reveló qué marcas de tequila estaban implicadas, se sabe que el CJNG y su brazo financiero, conocido como Los Cuinis, han sido dueños de por lo menos una productora de tequila. En 2015, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó en su lista a Onze Black, compañía tequilera de Jalisco, por presuntos vínculos con el CJNG.

Posteriores investigaciones revelaron que Onze Black era propiedad de Jessica Oseguera, hija del líder del CJNG Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”.

Análisis de InSight Crime

La industria tequilera presenta una serie de circunstancias que la hacen ideal como socio preferente en el lavado de dinero para grupos criminales. Es extremadamente lucrativa, tanto así que, para 2019, tuvo ganancias estimadas de US$4.600 millones en todo el mundo y no para de crecer.

El 80 por ciento de la producción se destina a Estados Unidos, nuevamente un destino predilecto para narcos que intentan esconder su riqueza. Y la materia prima, el agave azul, se cultiva en algunas de las zonas más peligrosas de México, lo que deja a los productores como blancos ideales de extorsión y secuestro.

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Y el CJNG no es ni por asomo el primer cartel de la droga con conexiones con la industria tequilera. En 2006, se descubrió que el cartel Arellano Félix usaba una marca de tequila, 4 Reyes, para lavar sus ganancias de la droga en México y Estados Unidos. En 2013, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó varias firmas en su lista negra, entre ellas dos tequileras, pertenecientes a un grupo narcotraficante conocido como Los Güeros, según un comunicado de prensa.

Aparte de esos nexos directos con la delincuencia, el tequila también hace parte inherente de la “narcocultura” en México. En febrero de 2020, Alejandrina Guzmán, hija de Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, lanzó la marca de tequila El Chapo 701, como parte de una línea de productos que usufructuaba la notoria imagen y el nombre de su padre.

La UIF ha develado la que puede ser de lejos la mayor estructura de lavado de dinero descubierta hasta la fecha que usa marcas de tequila. Se espera que esto genere un mayor escrutinio a largo plazo por parte de las autoridades mexicanas y estadounidenses. Pero dada la manera como los grupos criminales mexicanos han cooptado la mayoría de las exportaciones del país, desde aguacates hasta automotores, esto podría no ser suficiente.

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