¿Son milicias de las FARC elemento impredecible en proceso de paz de Colombia?

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El general que negoció el desarme con las FARC de Colombia dijo que preguntas sobre las milicias del ejército guerrillero han generado incertidumbre sobre el número de personas que se desmovilizarán bajo el nuevo acuerdo de paz del país.

El general Javier Flórez declaró a El Espectador que las milicias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), las cuales operan de manera clandestina y semiautónoma en relación con la estructura militar del grupo guerrillero, podrían decidir no unirse al proceso de paz. Esta incertidumbre sobre la participación de las milicias, combinada con su naturaleza secreta, significa que aún no se sabe cuántas personas se suscribirán al proceso de desmovilización.

Flórez señaló que las fuerzas armadas tienen información de buena fuente sobre la cantidad de guerrilleros de las FARC en el campo, que estiman su número entre 6.300 y 7.000 combatientes. El presidente Juan Manuel Santos mencionó una cifra similar en marzo de 2016, cuando consideró que 7.500 guerrilleros armados eran una “cifra generosa”. La Dirección Nacional contra el Terrorismo de la Fiscalía General informó sobre 6.382 integrantes en junio de 2016, e InSight Crime estima que las FARC tienen alrededor de 6.500 miembros armados.

Las estimaciones sobre el tamaño de las milicias de las FARC varían todavía más. El general Flórez pone su cifra entre 5.800 y 6.300, mientras que la Fiscalía estima que hay 7.510 milicianos. Ariel Ávila, coordinador de la Fundación Paz y Reconciliación, calcula que los guerrilleros y milicianos de las FARC juntos suman entre 20.000 y 25.000 personas. Dada la estimación de Flórez sobre los combatientes, esto significaría que habría por lo menos 13.000 milicianos. El presidente Santos calculó la fuerza numérica de las milicias en alrededor de 10.000 miembros.

Análisis de InSight Crime

Las preguntas sobre el número de milicianos se suman a la incertidumbre generalizada sobre el proceso de paz en sí, el cual es en esencia un experimento social muy complejo. El exprocurador general de Colombia, Alejandro Ordóñez, quien ha sido un detractor del proceso de paz y fue obligado a renunciar a su cargo esta semana, ha expresado sus preocupaciones acerca de los números.

Además, el acuerdo de paz no es muy específico sobre la manera como se incorporarán las milicias al proceso de paz, lo cual crea incertidumbre sobre su futuro.

Los milicianos prestaron muchos servicios de apoyo a las FARC, incluyendo ayuda en el manejo de sus economías criminales, como el narcotráfico, la minería y la extorsión. Si son excluidos del proceso de paz, estarían en buena posición para continuar con estas actividades o facilitar el cambio del control de éstas a otros grupos criminales.

Las personas que asocian a los milicianos de sus localidades con las FARC podrían no percibir que el proceso de paz es real o efectivo si estas personas no participan en él. También es posible que las FARC dejen algunas de sus armas con los milicianos que no participen en la desmovilización, para el caso de que el proceso de paz no salga bien por alguna razón. Si las milicias intentan conservar el control de las zonas anteriormente controladas por las FARC, la entrada de otros grupos criminales podría crear o renovar el conflicto en esas áreas.

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Menos preocupante es la posibilidad de que personas que no sean realmente milicianos intenten unirse al proceso de paz. Los colombianos se sorprendieron con la desmovilización de los grupos paramilitares de derecha hace una década, cuando los 12.000 combatientes que se esperaban resultaron ser 32.000 personas que se suscribieron al proceso de paz. La falta de un buen conteo permitió que muchos delincuentes comunes que no eran paramilitares activos lograran beneficios legales por medio del proceso.

Aunque de la estructura mejor organizada de las FARC no se espera este tipo de conversión de último minuto en la misma escala, Ávila predijo que algunos criminales “regulares” sacarían partido del proceso de paz.

El presidente Santos señaló que los números finales no serán tan importantes como la voluntad política de la nación de ver que el proceso se lleve a buen término. En las observaciones que hizo en marzo de 2016 ante la Cámara de Comercio Colombo-Americana, Santos señaló que el actual programa del gobierno para la reinserción de los combatientes de las FARC ya desmovilizó a 59.000 personas en los últimos 13 años.

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