Una mirada a las narcoiglesias de Paraguay

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Una serie de fotos publicadas recientemente —que muestra iglesias pertenecientes a presuntos narcotraficantes en Paraguay— recuerda la a veces complicada intersección entre religión y crimen organizado en Latinoamérica.

A mediados de enero, las autoridades informaron que los agentes de una jefatura de policía local en el oriente de Paraguay fueron acusados de robar más de 250 kilos de cocaína que había sido incautada, y de entregarla al presunto narcotraficante Clemencio González Giménez, alias “Gringo”. Durante la investigación del caso, los agentes policiales buscaron las propiedades de González en el departamento de Amambay y encontraron un edificación que a algunos les podría resultar sorprendente —no era una discoteca, ni tampoco un zoológico, sino una pequeña iglesia—. Las fotos fueron publicadas originalmente por ABC Color y son reproducidas con permiso por InSight Crime.

church2Según ABC Color, este no sería el primer ejemplo de un presunto narcotraficante que decide construir su propia iglesia en Paraguay. En 2009, la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) del país encontró una iglesia (ver abajo) en la propiedad del narcotraficante Jarvis Chimenes Pavão, quien antes de su arresto era uno de los criminales más buscados de Paraguay.

church1En 2011, la Senad también descubrió un pequeño “santuario” (ver abajo) en la residencia del narcotraficante Tomás Rojas Cañete en Ciudad del Este. Las autoridades allanaron su propiedad e incautaron más de 100 kilos de cocaína.

church3Análisis de InSight Crime

Los narcotraficantes que dicen creer y seguir las reglas de la Iglesia católica tienen en ocasiones segundas intenciones al practicar su fe, dice un experto.

“Ellos [los narcotraficantes] en su mayoría están en la búsqueda de la protección divina y no están interesados en el cristianismo como sistema ético”, dijo a InSight Crime Andrew Chesnut, profesor de estudios religiosos en la Virginia Commonwealth University y autor del libro “Devoted to Death: Santa Muerte, the Skeleton Saint“. 

Chesnut señaló que en el caso de Paraguay —donde el 90 por ciento de la población es católica— cuando los delincuentes se vinculan a una religión en particular “lo hacen sobre todo en un contexto católico”.

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Pero ese no es el caso en otras partes de Latinoamérica. En Puerto Rico y Colombia, aquellos involucrados en el mundo del tráfico de drogas son conocidos por practicar la santería —una combinación de creencias y prácticas católicas romanas y de África Occidental— pues creen que esta les ayudará a evitar que sean detectados por las autoridades. En México, algunos habitantes del estado de Michoacán canonizaron a uno de los fundadores del grupo criminal La Familia Michoacana, Nazario Moreno González, alias “El Más Loco”, y construyeron una iglesia para venerar al “narcosanto” después de su presunta muerte en 2010 —posteriormente fue encontrado muerto luego de un tiroteo con las autoridades en 2014—. Los Caballeros Templarios, un grupo escindido de La Familia Michoacana, han continuado con esta tradición mitológica seudorreligiosa de adoctrinar a los nuevos reclutas con una devoción fanática hacia Dios.

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