Muerte de actor abre puerta al aumento de tensiones entre Estados Unidos y México

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Tras la aparente sobredosis de un famoso actor a causa del consumo de heroína, funcionarios de Estados Unidos han afirmado que la debilitada cooperación por parte de las autoridades en México ha permitido que el mercado de heroína se expanda, un cuestionable reclamo relacionado con las crecientes tensiones entre las instituciones antinarcóticos de ambos países.

Un funcionario anónimo del Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) advirtió a Proceso que el aumento en la cantidad de heroína mexicana que circula en algunas ciudades importantes de Estados Unidos como Nueva York, Chicago, Atlanta, Los Ángeles, Detroit y Miami es un indicio de “una falla en la cooperación bilateral”.

El comentario, que se produjo apenas días después de la muerte del actor estadounidense, Philip Seymour Hoffman, a causa de una aparente sobredosis de heroína, dirigió la atención a la problemática del aumento y la difusión del consumo de heroína en Estados Unidos.

El funcionario de la DOJ afirmo que los limites impuestos al acceso de información de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), durante el primer año de presidencia de Peña Nieto también ha reducido la eficacia de la administración mexicana en la captura de los líderes de los cárteles.

La última Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas de la DEA (DEA National Drug Threat Assessment) encontró evidencias de que el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos disminuyó significativamente en 2012, mientras que la oferta de metanfetamina y heroína iba en aumento. La DEA lo atribuyó al aumento en la producción en México y a la expansión de los traficantes mexicanos.

Análisis de InSight Crime

Los comentarios están relacionados con las crecientes tensiones entre los agentes antidrogas de Estados Unidos y la administración del presidente Enrique Peña Nieto, que asumió su mandato en diciembre de 2012. Estados Unidos proporcionó información clave a la administración anterior y tuvo autonomía operacional significativa en ese entonces. Una reciente investigación, por ejemplo, encontró que funcionarios de la DEA y del DOJ se reunieron en secreto con líderes de carteles mexicanos para reunir información.

Pero ese acceso ilimitado ya no existe. Ahora, por ley, se requiere a Estados Unidos tramitar a través de la Secretaría de Gobernación (SEGOB) cualquier contacto con funcionarios de inteligencia mexicana.

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Estados Unidos también está enojado porque un narcotraficante convicto, Rafael Caro Quintero, quien además fue el autor intelectual del secuestro y asesinato de un agente de la DEA en 1985, fue puesto en libertad en agosto de 2013, 12 años antes del fin de su condena, por un tecnicismo. Caro Quintero sigue en libertad.

Sin embargo, atribuir el aumento en la disponibilidad de heroína en Estados Unidos a una relación de seguridad en deterioro parece simplista, en el mejor de los casos, y una estrategia política en el peor. Falla en no tener en cuenta otros factores, como el aumento en la pureza, los cambiantes patrones de consumo –especialmente en el caso de los opiáceos como puerta de entrada a otras drogas, como el Oxicontin – y a la diversificación de fuentes de ingresos criminales.

También quedan interrogantes acerca de qué tan grave es el problema de consumo de heroína en Estados Unidos. Un funcionario de la DEA se refirió a Hoffman como una víctima de la “creciente epidemia”, pero pese a un claro patrón de aumento en el consumo, el uso de heroína sigue representando un minúsculo porcentaje del consumo de droga total de drogas en Estados Unidos y, según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, las muertes por sobredosis “permanecieron relativamente estables” entre 1990 y 2010.

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