El asesinato de una mujer en el estado de Mato Grosso ha puesto en evidencia los roles que ejercen las mujeres dentro de varios núcleos criminales del Primer Comando de la Capital en Brasil.
El 31 de octubre la Policía Civil de Brasil lanzó la Operación Halloween con el propósito de detener a 18 personas acusadas de participar en el asesinato de Érica Rodrigues Ribeiro en la región de Cascalheira en el estado de Mato Grosso el pasado 3 de septiembre.
Rodrigues habría fallecido luego de recibir 40 puñaladas tras haber sido secuestrada por cuatro personas quienes al parecer la incriminaban por su participación en la violación de una niña de ocho años en el sector. La mujer habría abusado de la menor y luego enviado fotos del hecho a su esposo, quien se encuentra en la cárcel pagando una condena por narcotráfico.
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De acuerdo con Roberto Guimarães, delegado de la 1ª Comisaría de Policía Civil de Três Lagoas en el occidente del país, durante las investigaciones del homicidio se encontró que el asesinato de la víctima fue orquestado y ejecutado por miembros de la organización criminal Primer Comando de la Capital (PCC).
Las personas arrestadas estarían también involucradas en el asesinato de Daniela Pereira, una joven de 17 años que habría sido asesinada por el PCC al parecer por ser simpatizante de la organización rival Comado Vermelho.
Análisis de InSight Crime
Este caso revelaría la forma en que varias mujeres al interior del PCC estarían ejerciendo posiciones de poder que les permitirían participar de procesos de justicia en la organización que se creía estaban reservados para los hombres.
De acuerdo con la investigación que condujo a esta operación, la decisión de asesinar a Erica Rodrigues se tomó durante un juicio interno de la organización que se llevó a cabo por videoconferencia y en el que participaron mayoritariamente mujeres en posiciones de poder a lo largo del estado de Mato Grosso.
Aunque no se dieron detalles sobre las personas capturadas, la Policía informó que varias de las detenidas tenían antecedentes criminales por narcotráfico y homicidio.
Las investigaciones apuntan a que las mujeres que participaban en este grupo criminal dirigían actividades delictivas a nivel estatal, controlando y orientando a niveles inferiores en la ejecución de delitos, en la conducta de los miembros, y también trasladando al alto nivel de la organización los hechos que requerían una deliberación superior.
Lo que llama la atención de este caso es que se observa la participación de las mujeres en posiciones de liderazgo que rompen con la creencia de que las mujeres solo ocupan roles de poco poder en este tipo de organizaciones criminales.
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Como InSight Crime ha podido comprobar, en el pasado, se asumía que las mujeres en este tipo de bandas fungían únicamente como parejas o cónyugues de sus líderes, que realizaban labores domésticas en cuidado de los miembros del grupo, que estaban encargadas de llevar mensajes dentro y fuera de las cárceles, o que incluso trabajaban como mulas o expendedoras de droga.
Sin embargo, su participación activa en la planeación y ejecución de este asesinato da cuenta de una expansión en los roles que estas mujeres estarían dispuestas a asumir dentro del mundo criminal. Ya no parecen estar relegadas a labores menores sino que estarían prestas a ocupar los mismos roles que su contraparte masculina.
En conversación con el diario El País, Antonio Jesús Silva, profesor de antropología de la Universidad Estacio de Sá, en Río de Janeiro, aseguró que este tipo de situaciones permiten desmitificar estereotipos asociados con el carácter de las mujeres que asumen que no están dispuestas a participar en acciones violentas.
Por el contrario dice Silva, "revelan que, a la hora de la verdad, pueden ser tan feroces como los hombres y tan fascinadas por el poder, las armas y la violencia como ellos”.