Nexos entre policía y narcotráfico son endémicos en Paraguay

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Casi dos docenas de policías de Paraguay están acusados de proteger a una red transnacional de tráfico de drogas liderada por un traficante brasileño. Se trata de una nueva muestra de la profunda corrupción al interior de las fuerzas de seguridad del país.

Según un informe de ABC Color, 21 agentes detenidos el 28 de octubre han sido señalados de recibir sobornos para permitirle al presunto traficante Levi Adriani Felicio introducir drogas a Brasil.

La Fiscalía General del Estado señala que los agentes, quienes habían sido asignados al departamento de Amambay, en la frontera norte de Paraguay con Brasil, también le proporcionaron información confidencial a Adriani Felicio, quien fue detenido el 14 de octubre en la ciudad de Asunción.

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Algunas notas encontradas durante el arresto de Adriani Felicio indican que los agentes podrían haber recibido hasta US$5.000 mensuales por sus servicios.

Las autoridades afirman que Adriani Felicio había operado en Amambay desde 2014 y que mantenía contactos con poderosos grupos criminales brasileños, como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Rojo (Comando Vermelho, CV). Adriani Felicio ha sido extraditado a Brasil.

Análisis de InSight Crime

La corrupción en la policía paraguaya está muy extendida en las zonas fronterizas con Brasil, donde el narcotráfico es común y las redes criminales requieren ayuda de agentes de la fuerza pública para frustrar las operaciones en contra de sus actividades.

Los agentes arrestados trabajaban “en puestos policiales cercanos a plantaciones de marihuana” en Amambay, según dice Marco Alcaraz, vicefiscal adjunto de la Unidad Especializada en la Lucha Contra el Narcotráfico, quien fue consultado por InSight Crime.

Información suministrada por la Fiscalía General detalla cómo Adriani Felicio utilizaba su amplia red de contactos dentro de la policía para averiguar cuándo y dónde se llevarían a cabo redadas contra sus cultivos de drogas o sus cargamentos.

El presunto traficante contaba además con oficiales de alto rango, quienes transferían a los agentes cooperantes a puestos de policía cerca de las plantaciones de marihuana y liberaban a los socios que habían sido detenidos, así como los cargamentos que habían sido confiscados. Además, se aseguraban de que los oficiales que se acercaran demasiado a sus actividades ilícitas fueran reubicados en otros lugares.

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En enero de 2019, el exministro del Interior de Paraguay, Juan Ernesto Villamayor, admitió que la corrupción policial afecta “un porcentaje importante” de la institución.

Y hace solo un mes, en septiembre de 2019, 10 policías vinculados al narcotráfico fueron detenidos en una serie de redadas llevadas a cabo por autoridades paraguayas por sospechas de que los agentes transmitían información confidencial a los traficantes que operan en los departamentos de Concepción y Amambay, a quienes permitían pasar los cargamentos de drogas a cambio de pagos de hasta US$200.000.

Según Alcaraz, no hay una explicación sencilla para la susceptibilidad de la policía a la corrupción, que él atribuye a factores diversos, como los bajos salarios, la baja moral y la incapacidad de las autoridades de Asunción para controlar a los policías en zonas alejadas de la capital.

Lo cierto es que la corrupción es una norma en la policía. “En todos los casos relacionados con una estructura criminal [investigados por la Fiscalía General del Estado], siempre hay algún miembro de la policía involucrado”, dijo Alcaraz a InSight Crime.

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