Colombia tiene como blanco la nueva generación de ‘Baby Narcos’

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Las autoridades de Colombia dicen que están enfocados en la más reciente evolución del mundo del crimen organizado en el país: los “baby narcos”, o jóvenes con inteligencia empresarial y con estudios universitarios que utilizan empresas fachada para enviar cargamentos de cocaína a Europa.

Investigadores colombianos dijeron a El Tiempo que en los últimos seis meses habían detectado 15 narcotraficantes que se ajustaban a este perfil, a los que también se refieren como “los narcos de papi y mami”.

Estos jóvenes traficantes utilizan su educación en administración de empresas, economía, finanzas y comercio exterior para crear empresas legales, que luego utilizan para enviar pequeños cargamentos de cocaína a través de carga comercial.

Su destino preferido es Europa, pues los traficantes consideran que el riesgo de ser extraditados en caso de ser capturados es bajo, según los investigadores. También hacen negocios en Asia, donde lavan los ingresos del narcotráfico comprando ropa y zapatos para importar a Colombia. 

Aunque estos jóvenes establecen vínculos con el narcotráfico para obtener sus drogas, no están asociados con poderosos grupos criminales y generalmente están desarmados y no son violentos, dicen los investigadores.

Los “baby narcos” han sido implicados en varios casos recientes, incluyendo un envío de 110 kilos incautados en el puerto belga de Amberes, en abril, y una incautación de 35 kilos en Bogotá, lo que llevó a la detención de un hombre de 25 años.

Análisis de InSight Crime

Si bien las cantidades de cocaína implicadas sugieren que los “baby narcos” sólo son responsables de una fracción de la cocaína que es enviada desde Colombia, el desarrollo de una nueva generación de narcotraficantes, que opera de esta manera, es parte de un patrón más amplio del crimen organizado colombiano.

El narcotráfico en Colombia ha sufrido un proceso de fragmentación y descentralización desde la desintegración del Cartel de Medellín de Pablo Escobar y del Cartel de Cali, en los años noventa. Ya no existen carteles monolíticos, y los traficantes de hoy en día por lo general no son señores todopoderosos de la droga, sino hombres de negocios sombríos e intermediarios que contratan grupos del crimen organizado, como las BACRIM (la abreviación de bandas criminales) para proporcionar servicios como seguridad, envíos y cobro de deudas.

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Los “baby narcos” parecen haber llevado esto más lejos al tratar de trabajar casi por completo dentro de la economía legal y reducir al mínimo el contacto con el riesgoso y violento mundo del tráfico de drogas a gran escala.

Las mejoras en las operaciones antinarcóticos de Colombia han reducido sustancialmente el tiempo de vida de un importante capo de la droga, por lo que este enfoque de bajo perfil puede parecer cada vez más atractivo, sobre todo para una nueva generación de traficantes educados. Sin embargo, las limitaciones logísticas de trabajar de esta manera reducen las ganancias en oferta, por lo que es poco probable de que esto se convierta en el modelo dominante del tráfico colombiano.

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