Crisis económica por la pandemia causa aumento del tráfico de vida silvestre en Brasil

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Una serie de operaciones policiales en Brasil han demostrado que la caza furtiva de especies exóticas parece haber aumentado durante la pandemia, dado que la pérdida de empleos y la falta de atención del gobierno han llevado a más personas a ver la vida silvestre del país como una forma de sustento.

De enero a agosto de 2020, retenes en carreteras en todo Brasil permitieron el rescate de más de 25.000 animales exóticos que eran transportados ilegalmente, en su mayoría aves, según informó CBN con base en cifras de la policía. Esto representó un aumento de casi el 500 por ciento con respecto a 2019.

En un incidente a mediados de agosto, alrededor de 200 aves, en su mayoría especies de loros, fueron encontradas en cajas apiñadas en el asiento trasero y el maletero de un auto de pasajeros en el estado de Minas Gerais, en el centro del país. En retenes en el estado de Bahía, al nororiente, fueron rescatadas cientos de aves entre el 27 de agosto y el 2 de septiembre.

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Estas incautaciones son solo una gota en el océano. Si se analiza el caso de una sola especie particularmente apetecida, el del loro de frente turquesa, se estima que al menos 12.000 crías de esta llamativa ave son contrabandeadas en São Paulo cada año, como reveló Mongabay en un extenso informe reciente. Y muchos más mueren en el camino, debido a que son extraídos de sus nidos, maltratados y puestos en contenedores inseguros o insalubres, según describió un investigador del Projeto Papagaio-verdadeiro (Proyecto loro de frente turquesa).

Pero si bien las aves son la especie más apetecida, otras especies también se han visto afectadas. El tráfico de serpientes venenosas ha aumentado, según defensores de la vida silvestre. En los humedales del Pantanal brasileño se cazan y matan jaguares debido a la demanda de partes de sus cuerpos para la medicina tradicional china. La lista también incluye lagartos, iguanas, monos, tortugas y perezosos.

Un informe reciente de Globo estima que alrededor de 35 millones de animales son traficados en Brasil cada año.

Análisis de InSight Crime

En el aumento del tráfico de vida silvestre durante la pandemia confluyen diferentes causas. El gobierno federal parece indiferente, cuando no francamente negligente, en la lucha contra los delitos ambientales, como la deforestación y la minería ilegal en la Amazonía. Además, el presupuesto de los guardianes del medio ambiente se ha reducido continuamente.

Pero la razón más directa es la pérdida de puestos de trabajo en todo el país, lo que ha llevado a más personas a recurrir al tráfico de vida silvestre como medio para llegar a fin de mes.

“Generalmente, quienes capturan (a los animales) son personas con un bajo nivel económico y provenientes de las regiones más pobres de Brasil”, dijo a CBN Marcela Pavlenco, presidenta de la organización no gubernamental brasileña SOS Fauna.

“Muchas personas han perdido su trabajo. Muchos que sabían de este tipo de comercio ilegal, pero que no trabajaban en él […] han comenzado a vender estos animales”, agregó.

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El atractivo económico del tráfico de vida silvestre es fácil de entender y no solo beneficia a los contrabandistas. Como Mongabay informó en el caso de los loros de frente turquesa, muchas otras personas también pueden beneficiarse. Alrededor de un mes antes de que rompan los huevos, los traficantes hacen tratos con terratenientes, campesinos e incluso con invasores de terrenos para negociar cómo se extraerán los polluelos y cuánto se pagará por cada ave. Quienes hacen la caza furtiva reciben entre 20 y 60 reales (de US$4,5 a 11) por polluelo. Las aves que sobreviven al viaje a São Paulo son vendidas por entre 200 y 450 reales (de US$36 a 82) cada una, según la investigación de Mongabay.

Debido a este aumento, el gobierno podría estar imponiendo sentencias más duras por estos delitos ambientales. Este verano, se presentó un proyecto de ley al Congreso de Brasil para crear nuevas sanciones por el tráfico de vida silvestre y la asociación criminal para el tráfico de vida silvestre.

“Actualmente, la criminalización de esta actividad […] es insuficiente en Brasil. No es raro ver casos de infracciones recurrentes; se han encontrado (personas) que trafican decenas de animales a lo largo de una carretera y, luego, unos días más tarde, son capturadas de nuevo”, afirma el promotor del proyecto de ley, el diputado Ricardo Izar.

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