Las pandillas estadounidenses se asocian con los carteles de México: ¿una señal del futuro?

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Los carteles narcotraficantes en México están trabajando con pandillas callejeras de California para vender drogas y ajustar cuentas, según un nuevo informe que resalta una creciente tendencia en la cooperación entre grupos criminales violentos.

El informe publicado por la Fiscal General de California, titulado “Gangs Beyond Borders” (pdf), enumera varios ejemplos de cooperación, incluyendo un caso de 2011 en el que La Familia Michoacana, un brutal cartel que desde entonces se ha fragmentado, contrató a una pandilla con sede en una prisión estadounidense, llamada Mafia Mexicana, para distribuir y vender metanfetaminas en el sur de California, bajo un acuerdo llamado “El Proyecto”.

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Según el informe, las alianzas entre los carteles y las pandillas callejeras son mutuamente beneficiosas: los carteles coordinan el movimiento y la venta de drogas en Estados Unidos, sin tener que poner pie en territorio estadounidense, y las pandillas callejeras omiten a los distribuidores al por mayor de nivel medio y obtienen un porcentaje más alto de las ganancias.

Las pandillas en California, señaladas en el informe de ser las responsables del 90 por ciento de los crímenes violentos en las regiones fronterizas de alto tráfico, también proporcionan operarios a los traficantes, con cerca de 200.000 miembros activos dentro del estado.

Análisis de InSight Crime

La creciente dependencia de los carteles narcotraficantes a las pandillas callejeras estadounidenses es una prueba de que el contrabando y la venta de droga en Estados Unidos ya no están dominados en todos los niveles por los carteles mexicanos, los que recientemente han sufrido de una serie de importantes capturasdadas de baja. En lugar de ello, el negocio del crimen organizado en Norteamérica se está transformando en una red de grupos independientes, cada uno con su propia función.

De alguna forma, esto imita lo sucedido en Colombia, donde una estrategia de “decapitación”, dirigida a los líderes paramilitares y de carteles, resultó en la fragmentación de las organizaciones criminales de mayor tamaño. Que esto vaya a significar una mayor cooperación, o un aumento en las masacres, como consecuencia de la lucha de los grupos por el poder, sigue siendo desconocido, y probablemente traerá un poco de ambas cosas, a medida que las alianzas cambien y se desarrollen.

El informe de la Fiscalía General parece argumentar a favor de lo último, afirmando que California se enfrenta a la amenaza de la violencia como “efecto secundario” de las batallas entre los fragmentados carteles. Pero el alcance de esa violencia a gran escala entre carteles ha sido desmentido durante los últimos años, con una disminución general en los crímenes violentos en la frontera.

Lo que es mucho más apremiante es el dolor de cabeza para las fuerzas de seguridad que implican las profundas relaciones entre las pandillas callejeras y los carteles de la droga; una dinámica criminal que es más difícil de localizar y lograr resultados duraderos, ya que cualquier parte del acuerdo puede alinearse con otros, si sus socios son de alguna forma sacados del cuadro. Según el informe, a pesar de los lazos culturales con las pandillas callejeras hispanas, los carteles narcotraficantes mexicanos no discriminan en sus asociaciones, habiendo colaborado con el grupo de supremacía blanca la Hermandad Aria, así como las notorias pandillas rivales afroamericanas con sede en Los Ángeles, los Bloods y los Crips.
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