¿Podrá la nueva estrategia antidrogas de Colombia detener la expansión de la coca?

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Colombia ha anunciado una nueva estrategia antidrogas con énfasis en la erradicación manual de los cultivos de coca, pero esta puede no ser suficiente para contener la creciente producción de coca en el país.

El ministro de defensa Luis Carlos Villegas señaló que un punto central del plan sería incrementar la erradicación manual de la coca dada la decisión de Colombia de interrumpir la fumigación aérea de los cultivos.Como resultado de eso, el gobierno ampliará de 16 a 60 los grupos de erradicación manual, según informes del diario El Tiempo.

El plan incluye la creación de por lo menos cuatro puestos de comando en zonas donde ha registrado más coca. Allí las fuerzas armadas colaborarán con otros organismos responsables de proyectos de desarrollo.

Según El Tiempo, el ministro de defensa sigue buscando vías para continuar la fumigación aérea sin usar glifosato, herbicida declarado carcinógeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Análisis de InSight Crime

Colombia tiene problemas con el aumento en las tasas de cultivo de coca y producción de cocaína, como lo indicó la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) y es poco probable que los planes de aumentar la erradicación manual sean suficientes para revertir esta tendencia.

En la última década las autoridades han aumentado de manera progresiva la dependencia de la erradicación manual sobre la fumigación, como lo demuestra el siguiente gráfico. Pero en años recientes, esto se ha topado con dos serios obstáculos, a saber, las minas antipersonal que grupos guerrilleros y organizaciones criminales suelen enterrar alrededor de las plantaciones, y las movilizaciones de comunidades cocaleras que impiden los avances de los erradicadores.

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                  Infográfico de la Oficina en Washington para asuntos latinoamericanos (WOLA)

En cierto modo, esta nueva estrategia antidroga parece más apropiada para una Colombia en postconflicto, donde las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), custodios de gran parte de la coca en Colombia, se hayan comprometido a abandonar el tráfico de droga y a ayudar a retirar las minas antipersonal. Durante los actuales diálogos de paz con las FARC, tanto los insurgentes como el gobierno se comprometieron a crear una nueva política antidroga basada en la erradicación manual. Las FARC y los cocaleros han exigido que se implemente este acuerdo aun antes de la terminación formal del conflicto y, hasta cierto punto, eso es lo que puede estar sucediendo.

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También es posible que esta nueva estrategia tenga menos que ver con apaciguar a las FARC y más con proponer algo —lo que sea— que haga ver que Colombia tiene un plan serio para retardar la producción de cocaína. Pero también aquí es posible que el gobierno se quede corto. Colombia por lo general produce menos cocaína por hectárea de coca que Perú o Bolivia, pues sus plantas de coca suelen no alcanzar su plena madurez. Al prescindir de la erradicación aérea, las plantas de coca en Colombia tienen una oportunidad de madurar, y es posible que el próximo año se disparen las tasas de producción de cocaína aun sin mayores incrementos en el número de hectáreas plantadas.

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