Policía y gobierno de El Salvador discrepan sobre la identidad de personas asesinadas

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Las estadísticas de la policía de El Salvador continúan contradiciendo las afirmaciones del gobierno de que la mayoría de las personas asesinadas en el país son pandilleros, lo cual genera temores de que las autoridades estén priorizando sus intereses políticos por encima de la seguridad y la justicia.

Utilizando estadísticas de la Policía Nacional Civil (PNC), la agencia española de noticias EFE informó que durante los primeros ocho meses de 2015, el 27,8 por ciento de los asesinados en El Salvador eran pandilleros. Asimismo, El Diario de Hoy descubrió recientemente que durante la segunda quincena de agosto la policía identificó sólo el 24 por ciento de todas las víctimas de homicidio como pandilleros, o bien como personas vinculadas a pandillas.

Estas cifras son diferentes a las del gobierno, para quien la mayoría de los asesinatos en El Salvador están relacionados con pandillas. Altos funcionarios de seguridad indicaron que cerca del 85 por ciento de todas las víctimas de homicidio en agosto de este año eran pandilleros.

“Se están matando entre sí”, dijo el viceministro de seguridad, Juan Javier Martínez, según informó EFE. El ministro agregó que habrá más muertes mientras las fuerzas de seguridad sigan enfrentándose a las pandillas.

Esta no es la primera vez que los datos de la policía sobre homicidios contradicen los informes del gobierno. En julio, informes de la policía obtenidos por El Faro indicaron que el 30 por ciento de las víctimas de homicidio eran pandilleros; sin embargo, el ministro de seguridad Benito Lara dijo que el porcentaje de muertes relacionadas con pandillas era el doble de las cifras reportadas por la policía.

Análisis de InSight Crime

Identificar correctamente las víctimas de asesinato es un proceso difícil y dispendioso. Considerar que la mayoría de los homicidios están relacionados con pandillas es políticamente conveniente, ya que implica que las víctimas estaban involucradas en actividades criminales y eso en parte justifica sus muertes.

Sin embargo, ello implica una serie de riesgos. Al considerar que los asesinatos son el fruto de enfrentamientos entre pandillas, el gobierno se exime de llevar a cabo una adecuada investigación por homicidio, lo cual disminuye la probabilidad de que los responsables sean llevados ante la justicia y fomenta un ambiente de anarquía.

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Además, decir que los pandilleros conforman la mayor cantidad de víctimas —y de victimarios— de los crímenes violentos fomenta una mayor aceptación de las estrategias de lucha militarizada contra el crimen. Los funcionarios de seguridad salvadoreños han asumido cada vez más un enfoque de mano dura en la lucha contra las pandillas, en tanto los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y delincuentes continúan aumentando. Si bien las pandillas son sin lugar a dudas las principales generadoras de violencia, el énfasis que las autoridades ponen sobre ese hecho desvía la atención de otros problemas de seguridad que afectan a la población en general.

Finalmente, etiquetar a las víctimas como pandilleros conlleva un enorme estigma social que es difícil de eliminar una vez se ha instaurado. Las políticas de seguridad de mano dura han llevado anteriormente a la encarcelación masiva de pandilleros no sólo en El Salvador, sino también en Guatemala y Honduras.

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