Policía de México conspira con criminales en secuestro extorsivo de migrante

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El reciente secuestro y violación de una migrante de Honduras enviada de Estados Unidos a México llama la atención sobre los graves peligros a los que se ven expuestas las personas migrantes a manos de las fuerzas de seguridad corruptas y los grupos del crimen organizado.

Una migrante hondureña fue secuestrada y violada después de que agentes de la policía federal de la ciudad fronteriza mexicana de Ciudad Juárez la detuvieran y la entregaran a un grupo de criminales en la madrugada del 10 de junio, informó El Diario de Juárez.

Después de su primera audiencia de inmigración en Estados Unidos, las autoridades enviaron a la mujer a México para que esperara allí sus audiencias de asilo en Estados Unidos. Esta polémica medida —implementada por la administración del presidente Donald Trump, conocida como el programa “Permanecer en México”— permite que las personas solicitantes de asilo sean enviadas a México mientras esperan a que las cortes estadounidenses de inmigración resuelvan sus casos.

El secuestro ocurrió alrededor de las 4:30 de la madrugada. El dueño de la casa donde la mujer se hospedaba intentó detener a sus agresores. Estos lo golpearon y secuestraron, al igual que a su madre, quien también salió a ver lo que estaba sucediendo, y se los llevaron junto con la mujer hondureña, como informó El Diario de Juárez.

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La policía federal los condujo a una casa, donde fueron entregados a un grupo criminal no identificado.

Los delincuentes exigieron US$6.000 por la liberación de la mujer hondureña, pero finalmente la liberaron, después de recibir US$5.000 de la madre de la víctima, quien vive en Estados Unidos. El hombre y su madre fueron puestos en libertad después de pagar 27.000 pesos mexicanos (cerca de US$1.400), aunque el grupo había exigido inicialmente US$10.000, según informó El Diario de Juárez.

La unidad antiextorsión de la Fiscalía General de Chihuahua recibió a las víctimas el 14 de junio, cuatro días después de su secuestro.

La mujer les dijo a los fiscales que uno de sus atacantes apuntó una pistola a su cabeza y la violó.

“Me preguntó que si sabía lo que era ese sonido. Dije ‘sí’, y me dijo que tenía que hacer todo lo que ellos me pidieran. Me desnudó, me penetró y luego se fue”, dijo.

Análisis InSight Crime

Este nuevo acto violento de secuestro, extorsión y asalto en la frontera entre México y Estados Unidos es una prueba más de que México es un lugar peligroso para los migrantes vulnerables mientras esperan una decisión por parte del sistema de inmigración estadounidense, que se encuentra sobrecargado, retrasado y avanza a paso de tortuga.

México registró su año más violento en 2017. Pero la tasa de homicidios ha seguido creciendo, de modo que volvió a alcanzar niveles sin precedentes en 2018. Y al parecer el país volverá a marcar otro récord de asesinatos este año.

Aún más, los funcionarios de migración mexicanos se han visto implicados en extorsiones a migrantes que esperan en México una oportunidad de hacer solicitudes de asilo en Estados Unidos.

Para empeorar las cosas, el reciente secuestro y violación confirman una vez más los temores acerca de las relaciones entre fuerzas estatales de seguridad corruptas y los grupos del crimen organizado. Las unidades de policía mexicanas han estado regularmente al servicio de los grupos criminales del país.

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Sin embargo, México no es el único país donde los solicitantes de asilo corren el riesgo de ser atacados. Una investigación del New Yorker reveló que unos 60 solicitantes de asilo han muerto después de ser deportados a sus países de origen en el Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras). En estos casos, los migrantes suelen ser asesinados por las mismas personas de las que huían.

A principios de este año, por ejemplo, un migrante hondureño deportado fue asesinado a bala una semana después de regresar a su barrio controlado por las pandillas de Honduras. En El Salvador, una mujer transgénero que buscaba asilo en Estados Unidos para huir de las amenazas de muerte de la pandilla Barrio 18 fue asesinada poco después de ser deportada.

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