Presidente de México afirma que homicidios caen a pesar de aumento en matanzas

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La campaña de relaciones públicas para implementar una ofensiva militar en México contra el crimen organizado y su efectividad en el restablecimiento de la seguridad pública continuó esta semana, pero los datos no respaldan las afirmaciones del presidente Enrique Peña Nieto.

En una alocución con motivo de la inauguración de un nuevo cuartel militar en el estado norteño de Coahuila el 12 de julio, el presidente aseguró a los mexicanos que a escala nacional ha habido importantes reducciones en los homicidios, secuestros y extorsiones, informó El Universal.

Pero aunque las cifras del gobierno muestran pequeñas bajas en los secuestros y las extorsiones entre enero y mayo de 2016 en comparación con el mismo periodo del año pasado, los homicidios han aumentado en más de 15 por ciento, al pasar de 6.706 en los primeros cinco meses de 2015 a 7.743 en 2016 (ver abajo).

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Peña Nieto reconoció que aún hay dificultades en varias partes del país, y que el ejército seguiría participando en la solución de esos problemas. El presidente dijo al pueblo mexicano que el gobierno no se apartaría de su objetivo fundamental de restablecer la paz y la tranquilidad, una de las promesas de su campaña en las elecciones presidenciales de 2012.

También destacó que las medidas de fuerza del gobierno contra el crimen organizado han dado como resultado 100 capturas de 122 de los criminales más peligrosos del país.

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Análisis de InSight Crime

Peña Nieto y su administración han creado ficción de los hechos anteriormente, y estas últimas aseveraciones son más de lo mismo en un momento en que la popularidad del presidente es baja.

Pese a las afirmaciones que digan lo contrario, la violencia en el país va en aumento desde 2015, revirtiendo la tendencia a la baja que se inició en 2012, el año en que Peña Nieto asumió su cargo. Acapulco es actualmente una de las ciudades más peligrosas del mundo, mientras que en el noreste de México fueron abatidas 14 personas en un solo día del último fin de semana. Hubo un alza repentina en los homicidios en Colima el año pasado, y después de cantar victoria por el retorno a la tranquilidad en Ciudad Juárez, un aumento en los homicidios amenaza el retorno de la racha con la supuesta llegada del legendario “narco de narcos” Rafael Caro Quintero.

El  periódico El Diario, de Ciudad Juárez, informó de un alza mes a mes en los homicidios en la ciudad, lo que suscita preocupaciones de que las muertes violentas en la ciudad fronteriza puedan volver a los espeluznantes picos reportados entre 2008 y 2011.

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A eso se suma el respaldo popular contradictorio por la próxima extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán a Estados Unidos para ser juzgado. Tres de cada diez mexicanos afirman que debe ser enviado al norte, tres de cada diez piensan que no debería, y el resto no se decide, según una encuesta publicada por Animal Político. La fuga de Guzmán —por segunda vez— de una cárcel de máxima seguridad en julio de 2015 fue un episodio muy bochornoso para la administración de Peña Nieto, que luego lo recapturó en enero.

La mitad de los encuestados por Animal Político piensan que la principal razón por la que debe extraditarse al capo del narcotráfico es que el gobierno teme que se fugue por tercera vez.

Dados esos factores, es comprensible que el presidente de México quisiera crear una visión positiva de la actual ofensiva en curso en el país, que ya se prolonga por casi una década desde que fue lanzada por el predecesor de Peña Nieto, Felipe Calderón, en 2006.

Con algunas excepciones, Peña Nieto se ha adherido en gran parte a la estrategia anticapo iniciada por Calderón, por la que se derroca a los cabecillas de las redes del crimen organizado. Aunque el gobierno mexicano ha mostrado su capacidad para capturar a los capos de la droga, esa estrategia también ha contribuido a la fragmentación de las redes criminales en México. La creación de más actores criminales dificulta aún más la erradicación de la violencia, pues es difícil establecer algo que se parezca a un consenso tácito sobre leyes y normas con tantos actores diferentes en el juego.

Si la actual tendencia de alza en la violencia se mantiene, el presidente de México tendrá cada vez más problemas para alegar lo contrario.

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