Presiones de EE. UU. para que Cuba extradite a líderes del ELN serían contraproducentes

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La alianza estratégica entre Estados Unidos y Colombia parece ahora más fuerte que nunca, tras los reproches a Cuba por parte del gobierno estadounidense, por negarse a extraditar a los líderes del ELN. Pero más allá de esta demostración de unidad, la única consecuencia importante de esta medida es condenar al fracaso las pocas posibilidades de que el ELN regrese a la mesa de negociaciones.

El 13 de mayo, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió una declaración en la que decía que Cuba, entre otros países, “no coopera plenamente” en la lucha contra el terrorismo. La razón principal para dicha declaración es que Cuba alberga a diez líderes del Ejército Nacional de Liberación (ELN) y se ha negado a extraditarlos a Colombia.

Varios miembros del Comando Central (COCE) del ELN permanecen en Cuba después de que las negociaciones entre el grupo guerrillero y el gobierno colombiano se suspendieron en enero de 2019, luego de un ataque con carro bomba contra una escuela de entrenamiento de la Policía en Bogotá.

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Además de suspender las conversaciones, el presidente de Colombia, Iván Duque, reactivó las órdenes de captura contra los diez representantes que el ELN había enviado a Cuba para las conversaciones.

Entre estos se encuentran el comandante en jefe del ELN, Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, y el principal negociador del grupo, Israel Ramírez Pineda, alias “Pablo Beltrán”. Colombia ha hecho varias solicitudes de extradición, especialmente de Rodríguez Bautista.

Cuba ha rechazado constantemente estas solicitudes, aduciendo que se acoge a los términos de su acuerdo con el ELN y el gobierno colombiano antes de las conversaciones, según las cuales aceptaba la presencia de representantes del ELN para las conversaciones de paz.

Análisis de InSight Crime

Atrapar a los líderes del ELN que permanecen en Cuba sería una gran victoria para el presidente Duque, especialmente porque el grupo guerrillero se ha convertido en la principal amenaza criminal para América Latina. Pero es poco probable que los embates de Estados Unidos contra Cuba le ayuden a lograr este objetivo.

Por el contrario, este ataque sólo se sumaría a la reciente serie de denuncias y acusaciones de Estados Unidos contra gobiernos latinoamericanos, que no parecen estar surtiendo mayor efecto.

Colombia y Estados Unidos consideran al gobierno cubano como un enemigo común. La administración del presidente Donald Trump ha dictado continuas sanciones económicas y políticas contra la isla. Seguir presionando a Cuba, a la vez que se muestra a favor de Colombia, no le cuesta nada a Estados Unidos.

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Pero sí empuja un poco más hacia la muerte las conversaciones de paz con el ELN. A pesar de la postura de línea dura de Duque contra los actores armados en Colombia, ha habido algunas pequeñas señales de que el diálogo todavía es posible.

A finales de marzo, el ELN declaró un cese al fuego en todo el país, como un “gesto de buena voluntad” durante la pandemia del coronavirus, y expresó que continuaba dispuesto a adelantar las conversaciones. El cese al fuego fue cancelado un mes después, cuando el grupo señaló que “el gobierno […] no ha escuchado propuestas para avanzar en la búsqueda de la paz”.

Esta medida también ha tenido implicaciones políticas. La Fuerza Alternativa Revolucionaria (FARC), partido político creado tras el acuerdo de paz de 2016 con las desmovilizadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se retiró de los trabajos de verificación de la implementación de dicho acuerdo. Las conversaciones entre el gobierno colombiano y las FARC también se desarrollaron en Cuba.

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