Prohibición del fentanilo en China no detiene a grupos criminales de México

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Las autoridades de México continúan haciendo grandes incautaciones de fentanilo, a pesar de la prohibición del mortal opioide sintético en China, uno de los principales productores mundiales de la droga.

Según un informe de Excelsior del 26 de agosto, las fuerzas armadas mexicanas incautaron casi 24 toneladas de fentanilo en el puerto Lázaro Cárdenas, ubicado en la costa Pacífica, en el estado de Michoacán, al suroeste del país.

Las autoridades descubrieron el cargamento en un buque con bandera danesa que provenía de China y se dirigía a Sinaloa, más hacia el norte en la misma costa. El manifiesto de carga declaraba que el producto era cloruro de calcio, pero, según Excelsior, la sustancia dio positivo para fentanilo después de que las autoridades realizaran una prueba aleatoria.

En el mes de agosto, en México hubo una gran cantidad de incautaciones de drogas sintéticas y precursores químicos.

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A principios del mes, por ejemplo, los funcionarios de aduanas del aeropuerto internacional de Ciudad de México detectaron un cargamento de dos kilos de precursores químicos utilizados para fabricar fentanilo.

Días más tarde, el 8 de agosto, según un comunicado de prensa oficial, la policía federal del estado de Baja California, en la frontera entre Estados Unidos y México, incautó 4.000 pastillas de fentanilo y más de 16 gramos de drogas sintéticas que al parecer eran metanfetaminas.

Un kilo de fentanilo cuesta alrededor de US$32.000, y sirve para elaborar un millón de píldoras que, según funcionarios de orden público, se venden en las calles por más de US$20 millones. Sin embargo, una dosis de solo dos miligramos de la droga resulta letal para la mayoría de las personas, según la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (Drug Enforcement Administration, DEA por sus siglas en inglés).

Dada la presión de las autoridades estadounidenses, en abril de este año los funcionarios de China —país que aporta la mayor parte de la producción de fentanilo— prohibieron todas las variantes del poderoso opioide, con el fin de detener su suministro.

Análisis de InSight Crime

El hecho de que las autoridades mexicanas sigan incautando grandes cantidades de fentanilo y de los precursores químicos necesarios para fabricar la droga sintética indica que la prohibición del país asiático aún no logra detener las operaciones de los grupos criminales del país.

Los fabricantes chinos han modificado durante mucho tiempo la estructura molecular de la droga para eludir los controles gubernamentales, lo que permite que los grupos del crimen organizado continúen recibiendo el letal producto. “Los grupos del crimen organizado han logrado eludir los controles iniciales […] básicamente creando nuevas versiones sobre las que aún no hay controles”, dice un experto de Naciones Unidas en un informe de South China Morning Post del año pasado.

Y la producción legal de fentanilo continúa siendo una amenaza. De alrededor de 5.000 fabricantes farmacéuticos chinos, las agencias reguladoras solo logran controlar una pequeña cantidad, según una investigación del centro de pensamiento Rand Corporation.

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Como informó InSight Crime en una extensa investigación realizada en colaboración con el Instituto México, del Woodrow Wilson International Center for Scholars, el Cartel de Sinaloa y el Cartel de Jalisco Nueva Generación —los grupos criminales más poderosos de México— son los dos principales proveedores de fentanilo y sus precursores.

El puerto Lázaro Cárdenas en Michoacán, donde tuvo lugar la más reciente incautación, es uno de los puntos clave de entrada de estos productos al país. Es además uno de los puertos que, según dijo recientemente el presidente Andrés Manuel López Obrador, están bajo el control de grupos del crimen organizado.

(Gráfico del informe de InSight Crime sobre el fentanilo en 2018)

El sistema postal de Estados Unidos ha sido utilizado para envíos más pequeños, pero el transporte por todo México a manos de estas grandes organizaciones criminales representa una parte sustancial de este tráfico. A medida que la criminalidad del país se fragmenta cada vez más, estos grupos recurren a subcontratistas en toda la cadena de distribución para que les ayuden en sus operaciones.

La creciente demanda de drogas sintéticas en Estados Unidos —que actualmente atraviesa una terrible crisis de opioides, cuyas muertes por sobredosis de fentanilo superaron a las de la heroína por primera vez en 2016— ha generado cambios en el mercado de producción en México, a expensas de los pequeños agricultores de amapola que solían ser vitales para el tráfico de heroína.

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