Récord de decomisos de cocaína confirma a Guinea-Bissau como un ‘narcoestado’

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A pesar de que fue declarado como el primer “narcoestado” africano desde hace más de una década, Guinea-Bissau no ha logrado controlar su papel en el tráfico internacional de drogas, y los cargamentos de cocaína procedentes de América Latina siguen llegando desde el otro lado del Atlántico.

A principios de septiembre, la policía del país incautó 1,8 toneladas de cocaína ocultas en sacos de harina y detuvo a ocho personas, entre ellas tres colombianos. Por segunda vez en seis meses, Guinea-Bissau rompía su propio récord de confiscación de cocaína en su historia.

En marzo, la policía estatal encargada de asuntos criminales detuvo un camión que transportaba pescado congelado y halló casi 800 kilogramos de cocaína ocultos en el fondo. El récord anterior, de 650 kilogramos, se había presentado en 2007.

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Se cree que estas drogas habrían llegado a los mercados de Europa, en donde las ventas callejeras del cargamento más reciente habrían dejado ganancias de entre US$65 millones y US$90 millones.

José Mário Vaz, presidente del país hasta que fue destituido en el mes de junio, ha dicho que la “gran guerra” de Guinea-Bissau es contra el narcotráfico, y ha admitido que es una guerra difícil de pelear.

“No tenemos aviones ni barcos, nos hacen falta radares con los cuales podríamos tener control sobre nuestra […] zona económica”, dijo ante representantes de Naciones Unidas en marzo pasado.

(Mapa de Naciones Unidas que muestra los flujos de drogas de América Latina hacia África Occidental y los mercados europeos)

La conexión entre Colombia y Guinea-Bissau no es reciente. En 2013, emisarios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fueron detenidos en el país de África Occidental.

Y, según los informes, los traficantes colombianos podían llevar una lujosa vida en la capital, Bissau, con una impunidad casi total.

Análisis de InSight Crime

El aumento del volumen de cocaína que pasa por Guinea-Bissau refleja dos duras realidades. En primer lugar, a pesar de que ha habido una mayor estabilidad política desde el golpe de Estado en 2012, la institucionalidad del país no tiene los recursos para hacer frente a la crisis de las drogas.

Por ejemplo, ha habido alarmantes discrepancias entre el volumen de drogas que el gobierno presuntamente está incautando y la cantidad estimada que pasa por el país. Según entrevistas realizadas por la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado, “al menos 30 toneladas” de cocaína pasan por Guinea-Bissau cada año, en parte con destino a las redes terroristas islámicas.

Además, los vínculos entre los líderes políticos, el Ejército y los narcotraficantes continúan siendo polémicos.

Después del golpe de Estado de 2012, The New York Times informó que la toma de control por parte del ejército se dio quizá con el fin de permitir el mayor paso de drogas por el país. En efecto, en los meses posteriores al golpe, en Guinea-Bissau aumentó el número de aviones y barcos cargados de cocaína.

Un grupo de importantes expolíticos, entre ellos João Bernardo “Nino” Vieira, quien fue tres veces presidente del país, ha sido señalado de estar directamente involucrado en el tráfico de drogas provenientes de Colombia. Se cree que el asesinato de Vieira en 2009 se debió a una disputa por el narcotráfico.

Los pocos arrestos de altos funcionarios también despiertan dudas. El arresto más importante hasta la fecha se produjo en 2013, cuando el exdirector de la Marina de Guinea-Bissau, José Américo Bubo Na Tchuto, fue detenido por agentes de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (Drug Enforcement Administration, DEA), quienes se hicieron pasar por miembros del movimiento guerrillero colombiano FARC. Al parecer él les cobraba a los traficantes un millón de dólares por cada tonelada de cocaína que pasaba por Guinea-Bissau. En 2016, a pesar de que había sido sentenciado a cuatro años de prisión en Estados Unidos, Na Tchuto ya estaba libre.

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En segundo lugar, el auge en la producción de cocaína en Colombia ha llevado a un aumento de los cargamentos de drogas en todo el mundo. Lugares tan distantes como las islas Fiji y Tonga en el Pacífico, que antes eran insignificantes en las rutas internacionales de la cocaína, ahora tienen que lidiar con las crecientes cantidades de droga que están llegando a sus costas.

África no es una excepción. Países como Marruecos, Argelia y Sudáfrica han estado experimentando un fuerte aumento en las incautaciones de cocaína.

A pesar de este sombrío panorama, existe la esperanza de que la situación en Guinea-Bissau mejore. La reciente incautación en septiembre ha desencadenado una rápida respuesta internacional. El gobierno solicitó ayuda de Interpol, que envió un equipo de ayuda para la investigación en Guinea-Bissau; además han llegado agentes de policía de Brasil y Colombia.

Por otro lado, el Consejo de Seguridad de la ONU prorrogó recientemente su mandato de mantenimiento de la paz en el país, enfocado específicamente en la lucha contra el narcotráfico.

Este continuo apoyo internacional a un gobierno que por lo menos admite la magnitud del problema es un paso en la dirección correcta.

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