Resurgen temores de Estados Unidos por nexos entre terroristas y criminales en Latinoamérica

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Entre algunos comandantes militares estadounidenses están resurgiendo las antiguas preocupaciones de que grupos terroristas apoyados por Irán estén operando en Latinoamérica, beneficiándose del comercio de drogas en la región; un temor algo exagerado que, no obstante, ofrece una perspectiva sobre el malestar por la constante evolución de las dinámicas entre las mafias y los grupos terroristas.

El 25 de marzo en declaraciones ante el Comité de Seguridad Interna y Asuntos Gubernamentales del Senado de Estados Unidos, el general Kenneth Tovo —subcomandante del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) por sus iniciales en inglés)—, expresó su preocupación por “la relación financiera y operativa entre las redes criminales y terroristas [en Latinoamérica]”, informó Vanguardia.

En su testimonio, Tovo se mostró preocupado por el hecho de que las redes criminales regionales “podrían inconscientemente, o incluso conscientemente, estar facilitando la circulación de terroristas o de armas de destrucción masiva hacia nuestras fronteras”, aunque reconoció que todavía no existe ninguna señal de ésto. Sin embargo, si bien “el grado de cooperación entre criminales y terroristas no es claro, lo que sí está claro es que los terroristas y las organizaciones militantes acceden fácilmente al mercado ilícito internacional” para financiar y apoyar sus actividades.

Más específicamente, Tovo habló de los supuestos vínculos entre Hezbolá y la diáspora libanesa en Latinoamérica, de la cual algunos miembros estarían involucrados en “lucrativas actividades ilícitas como el lavado de dinero y el tráfico de drogas y de mercancía falsificada”. Según Tovo, Hezbolá podría aprovechar estas conexiones para atacar a sus objetivos occidentales, y agregó que el grupo también obtiene “una buena cantidad de ganancias” del tráfico ilícito, del orden de decenas de millones de dólares (aunque no es claro qué cantidad está vinculada a Latinoamérica).

A principios de este mes, en un testimonio casi idéntico ante el Comité de Servicios Armados del Senado, el general John Kelley —jefe del SOUTHCOM— también advirtió sobre la amenaza que representan los extremistas musulmanes en la región, afirmando que los carteles de la droga latinoamericanos podrían estar ayudando a ingresar terroristas y armas de destrucción masiva a través de la frontera sur de Estados Unidos, informó Breitbart News.

Análisis de Insight Crime

Gran parte de las denuncias sobre la influencia iraní y los presuntos intentos de colaboración con el crimen organizado latinoamericano se fundamentan en la presunta alianza que surgió entre Irán y Los Zetas en 2011, con la cual elementos respaldados por Irán habrían intentado asesinar al embajador de Arabia Saudita en Washington DC en connivencia con Los Zetas.

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El alcance de la presencia de Hezbolá en Latinoamérica ha sido sobrevalorado en el pasado, y el más reciente interés por la presencia de Irán en Latinoamérica es quizás una jugada política de los opositores de las negociaciones nucleares en curso con Irán.

Sin embargo, los temores actuales por un nexo creciente entre grupos criminales y terroristas en Latinoamérica son totalmente infundados. De hecho, no hay ninguna razón que explique por qué las estructuras mafiosas de Latinoamérica no estarían dispuestas a trabajar para grupos terroristas, siempre y cuando ambas partes se beneficien de dicha alianza.

Adicionalmente, dada la tendencia hacia la subcontratación de trabajos criminales, ahora que los grupos delincuenciales se están volviendo cada más descentralizados, es posible que éstos no sepan exactamente para quién trabajan o qué producto transportan, sólo que están ganando una buena cantidad de dinero.

Este modelo de “mercenario” ha sido visible en el crimen organizado de Colombia, donde las redes criminales funcionan como una serie de grupos afiliados sin jerarquía —cada uno especializado en ciertas actividades— para llevar a cabo sus operaciones.

En la actualidad, los grupos delictivos mexicanos aparentemente están evolucionando hacia esta misma estructura descentralizada y nodular. En última instancia, lo que los políticos estadounidenses realmente temen es la capacidad de grupos como Hezbolá para contratar elementos de estas redes, y que utilicen su experiencia para infiltrarse y atacar a Estados Unidos.

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