Revelaciones aumentan dificultades de presidente de Guatemala por corrupción

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Nueva revelaciones sobre supuestos negocios entre el hijo del vicepresidente de Guatemala y un presunto capo desacreditan aún más las credenciales contra la corrupción del presidente Jimmy Morales.

La revista guatemalteca ContraPoder ha obtenido mayores detalles sobre las acusaciones contra Jafeth Ernesto Cabrera Cortés, hijo del vicepresidente Jafeth Ernesto Cabrera Franco, por haber recibido US$500.000 en un negocio con Marlon Francesco Monroy Meoño, alias “El Fantasma”, quien se encuentra en prisión esperando ser extraditado a Estados Unidos para enfrentar cargos por narcotráfico.

Según fuentes anónimas de ContraPoder, que están involucradas en la investigación, Monroy atestiguó que Cabrera buscó reunirse con él después de que Morales y Cabrera pasaran a la segunda ronda de votaciones en las elecciones presidenciales de 2015.

Monroy declaró ante los investigadores que Cabrera hizo contactos por medio de un joyero que vendía relojes de lujo al hijo del político y al presunto capo.

Los dos sostuvieron una reunión en la que Cabrera le pidió US$1 millón y un Land Cruiser blindado para la campaña electoral, indicó el presunto narco. A cambio, Monroy pidió designar a las personas que encabezarían las operaciones antinarcóticos en el Ministerio del Interior, el Ministerio de Defensa y la Policía Nacional.

Según Monroy, Cabrera respondió que los cargos en el gabinete ya habían sido nombrados, pero que su petición quedaría pendiente. Días después, el joyero que los conectó se reunió con Cabrera acompañado de dos guardaespaldas y una caja abarrotada con US$500.000.

Un portavoz presidencial respondió a las denuncias haciendo énfasis en los esfuerzos del gobierno de Morales para enfrentar el narcotráfico —incluido el arresto de Monroy— y dijo que el testimonio era un intento de desacreditar al gobierno.

Análisis de InSight Crime

Morales fue elegido a raíz de una serie de arrolladores escándalos de corrupción que pusieron en prisión al anterior presidente, Otto Pérez Molina, y a su vicepresidenta Roxana Baldetti. Presentándose como una persona ajena a la esfera política con el lema de “Ni corrupto ni ladrón”, prometió inaugurar una era de política más limpia para un electorado desilusionado, harto de la corrupción de su clase política.

Sin embargo, las denuncias de Monroy se suman a una carga de acusaciones contra la administración de Morales, entre ellas la participación del hijo y el hermano del presidente en tratos corruptos con organismos del estado.

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Aunque todas estas acusaciones deben aún probarse, su sola existencia demuestra que aun cuando Guatemala se haya librado de una conjura de políticos corruptos, limpiar un sistema político caracterizado por su corrupción y sus vínculos mafiosos será un largo proceso que requiere investigaciones y procesos judiciales persistentes y sostenidos.

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