Suegra de magnate de autos de carreras es secuestrada en Brasil: Informes

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La suegra de una de las figuras más influyentes en el escenario internacional de las carreras automovilísticas ha sido presuntamente secuestrada en Brasil, una preocupación más en lo que respecta a la seguridad de los deportistas en los próximos Juegos Olímpicos.

Según una nota de la revista Veja, de Brasil, la noche del 22 de julio, sujetos no identificados secuestraron en São Paulo a Aparecida Schunck, suegra de Bernie Ecclestone, el multimillonario británico que se desempeña como director ejecutivo de un grupo de empresas que dirigen la popular serie de carreras Fórmula 1. Schunck es la madre de la brasileña Fabiana Flosi, esposa de Ecclestone.

El medio de noticias brasileño O Globo informó el 25 de julio que los sospechosos contactaron a la familia de Schunck, pero las autoridades no han confirmado oficialmente las informaciones sobre su secuestro. 

Veja describió el secuestro de Schunck como “el secuestro más grande de Brasil”, al informar que los sujetos exigieron un rescate de 120 millones de reales (unos US$36,6 millones) a Ecclestone. Según la revista, los secuestradores exigieron que el pago se hiciera en cuatro sacos llenos de libras esterlinas.

La revista Forbes estima que Ecclestone y su familia poseen una fortuna cercana a los US$3.100 millones. Algunos observadores han especulado que Ecclestone podría retirarse pronto de las carreras, pero en una entrevista reciente aparecida en el sitio de Internet de Fórmula 1, el magnate de 85 años de edad descartó incluso la idea de que planee retirarse, y dijo que en lugar de eso mantendría su actual cargo hasta su muerte.

El organismo rector de la carrera de Fórmula 1, la Fédération Internationale de l’Automobile (FIA por sus iniciales en francés), no respondió inmediatamente a la solicitud de InSight Crime de comentar sobre la noticia del secuestro de Schunck. Los intentos de contactar a Ecclestone o a sus representantes por medio de sus firmas empresariales fueron fallidos.

Análisis de InSight Crime

Los informes sobre el secuestro de Schunck se suman a las preocupaciones por la seguridad de los más de 10.000 deportistas cuya participación se espera en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, que tomarán lugar el mes próximo. Es posible que las organizaciones criminales busquen usar la oportunidad de los Olímpicos para atacar a deportistas adinerados y a sus familiares a cambio de cuantiosos rescates. Esas actividades cuentan con un precedente en Brasil: en 2004 y en 2005 una serie de secuestros tuvo como blanco las madres de varios astros del fútbol del país.

El gobierno brasileño no mantiene estadísticas nacionales actualizadas. Los datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) muestran que la tasa de secuestros en Brasil se mantuvo relativamente estable entre 2006 y 2013, en cerca de 0,2 episodios por 100.000 ciudadanos, pero el organismo alerta contra el uso de sus cifras para establecer comparaciones regionales debido a las diferencias en los requerimientos de formulación de informes y definiciones de secuestro entre los países.

VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre secuestro

Pese a los planes del gobierno de destinar más de US$215 millones a la seguridad para los Olímpicos, algunos expertos ya han planteado preocupaciones por las actividades criminales que afectan a figuras deportivas visitantes. El ministro de justicia brasileño Alexandre de Moraes declaró incluso que “el crimen es una preocupación mayor que el terrorismo” para los funcionarios encargados de garantizar la seguridad en los Juegos.

Los robos menores y atracos ya han afectado a varios deportistas, incluyendo los integrantes del equipo de vela de España y competidores paralímpicos australianos. Además, tanto residentes como visitantes en ciudades brasileñas importantes, como Rio de Janeiro y São Paulo, con frecuencia han sido objeto de “secuestros exprés”, en los que los criminales secuestran a sus víctimas por breves periodos de tiempo, a cambio generalmente de una suma relativamente pequeña. Un practicante de artes marciales neozelandés, que vive en Rio de Janeiro, describió hace poco un ataque similar.

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