¿Ha surgido el próximo gran capo del narco en Colombia?

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Un nuevo informe que afirma que un oscuro narcotraficante, conocido como “Puntilla Pachón”, se ha convertido en el último gran capo en Colombia pone en tela de juicio el que aún se necesiten figuras de paja para regular la ilegalidad.

Según la revista Semana, Óscar Mauricio Pachón Rozo, alias “Puntilla Pachón”, ha heredado los imperios criminales de dos exasociados suyos, recientemente caídos en operativos de seguridad, Víctor Ramón Navarro Serrano, alias “Megateo”, y Martín Farfán Díaz González, alias “Pijarbey”.

Megateo controlaba sembrados de coca, laboratorios de droga y corredores de tráfico en una gran franja del departamento de Norte de Santander, al noreste de Colombia. Pijarbey dirigía un grupo traficante de drogas asentado en el departamenteo de Meta, al centro del país, y en el departamento de Vichada, al este. Al heredar estos activos y combinarlos con su territorio al este de Colombia, Puntilla se convirtió en el capo de las drogas más importante de esa región del país, según informes de Semana.

Puntilla lleva décadas al margen de la ley; trabajó para los poderosos carteles de Medellín y Cali antes de unirse al capo Daniel “El Loco” Barrera. Luego de la extradición de Barrera a Estados Unidos en 2013, se dice que Puntilla formó una alianza con Megateo, Pijarbey y la organización neoparamilitar de los Urabeños. También se afirma que Puntilla fue el sucesor del imperio narcotraficante de Barrera en la región de los Llanos Orientales de Colombia.

Según Semana, Puntilla se ha beneficiado de la actual cacería emprendida por el gobierno colombiano al jefe de los Urabeños, Darío Antonio Úsuga, alias “Otoniel”. Con las fuerzas del gobierno centradas en el cuartel general de los Urabeños, en la región de Urabá, al noroeste del país, el grupo de Puntilla ha podido operar con mayor libertad, aseguró el informe.

Análisis de InSight Crime

Aunque un solo informe no es prueba concluyente de que Puntilla se haya convertido en el gran capo del oriente de Colombia, sí pone de relieve el movedizo rol de las grandes figuras del narcotráfico. Dada la actual dinámica criminal en Colombia, no se sabe con claridad si aún se necesitan grandes figuras para dar estabilidad al hampa.

Por su naturaleza criminal, el narcotráfico ha requerido históricamente un pequeño número de capos que ejerzan control y regulen la industria. Los capos de la droga, como Pablo Escobar, que dirigió el Cartel de Medellín, y más adelante, Diego Fernando Murillo, alias “Don Berna”, cabecilla de la Oficina de Envigado, ayudaron a guiar el crimen colombiano durante sus respectivos periodos de dominio.

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Pero la captura de Barrera en 2012 fue proclamada como el fin de los capos de alto perfil en Colombia. Desde entonces, grupos como los Urabeños —hoy por hoy la mayor organización narcotraficante del país— han adoptado una estructura de liderazgo descentralizada, en lugar del sistema de jerarquías empleado por sus predecesores. También cabe anotar que el gobierno colombiano se ha vuelto experto en capturar y matar a narcotraficantes de alto perfil, lo que hace del anonimato y la discreción un activo cada vez más valioso para sobrevivir en la ilegalidad.

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