Uruguay considera deportar a presos extranjeros

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Uruguay está considerando la posibilidad de deportar a criminales extranjeros de vuelta a su país de origen; una medida que podría desobstruir el sistema penitenciario y ayudar a prevenir que el crimen organizado se arraigue en el país, o podría ser contraproducente y causar estragos, tanto adentro como afuera de las cárceles.

La noticia llega tras la controversia en Uruguay sobre la liberación por parte de Argentina del ladrón de bancos y de joyas uruguayo de alto perfil Luis Mario Vitette, quien fue liberado y enviado de vuelta a su país de origen después de cumplir una condena de menos de ocho años de una condena original de 21 años, informó El Observador.

La movida condujo al ministro del Interior uruguayo, Eduardo Bonomi, a expresar su preocupación sobre la práctica de Argentina de liberar y deportar criminales extranjeros al cumplir la mitad de su condena en la cárcel.

Según El Observador, el viceministro del Interior de Uruguay Jorge Vázquez, consideró imitar la política de Argentina. Pero Bonomi dejó claro en una conferencia de prensa el 11 de septiembre que los criminales deportados de Uruguay deberán completar sus condenas en su país de origen.

El número de uruguayos detenidos en el extranjero -incluyendo 600 en Argentina- es más del triple de la población reclusa extranjera en Uruguay. Casi la mitad de la población reclusa extranjera de Uruguay está vinculada al narcotráfico, según El Observador.

En los últimos dos años, Argentina ha liberado y deportado a 150 uruguayos, informó El País.

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Análisis de InSight Crime

Si bien la cuestión de las deportaciones de prisioneros parece haber llegado a la agenda en Uruguay, debido a la indignación por el caso de Vitette, también puede servir como una forma de desobstruir los sistemas penitenciarios de Uruguay.

Otro posible efecto de esa medida sería la prevención de la infiltración del crimen organizado en el país, que sigue siendo uno de los países menos contaminados por los grupos criminales de la región, ya que el crimen organizado a menudo migra a través del sistema penitenciario.

En Venezuela, Brasil y a lo largo del Triángulo del Norte de Centroamérica -Guatemala, El Salvador y Honduras-, las prisiones han sido un caldo de cultivo para las pandillas y los grupos criminales, y en cada uno de esos lugares las pandillas manejan el sistema penitenciario.

VEA TAMBIÉN: Una mirada al interior de la prisión en El Salvador

Sin embargo, dado el desequilibrio entre los uruguayos detenidos en el extranjero en comparación con la población reclusa extranjera en el país, cualquier movimiento para iniciar la deportación de presos podría causar estragos en Uruguay si los países que reciben presos siguen su ejemplo. No sólo Uruguay probablemente recibiría muchos más presos de los que deportaría, sino que esos presos vendrían de países donde el crimen organizado está mucho más arraigado. Esto podría resultar en la importación de la criminalidad, como se vio entre las pandillas “maras” en Centroamérica, que se originaron en el sistema penitenciario de Estados Unidos.

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