AUC

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Las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) fue una coalición de ejércitos privados de derecha que utilizaron el conflicto para camuflar sus actividades económicas ilícitas. Estas incluyen el narcotráfico, el desplazamiento, el secuestro y la extorsión. Las AUC, llegaron a operar en dos terceras partes del país, con cerca de 30.000 soldados.

El legado criminal de la organización ilegal paramilitar se mantiene, pese a que las AUC firmaron un acuerdo de paz con el gobierno en 2004, y se desmovilizaron en gran medida entre esa fecha y el 2006. Nuevas bandas criminales han heredado las armas, el personal y el modus operandi de los paramilitares en todo el país. Para muchos colombianos, el proceso de paz y desmovilización de las AUC no mejoró su situación. Fragmentos de las AUC, que el gobierno ahora denomina “bandas criminales” o BACRIM, se dedican al narcotráfico y al crimen organizado, así como a ataques contra la población civil, especialmente activistas y líderes comunitarios.

El legado de los paramilitares va más allá de los temas de seguridad. Miembros de las AUC se infiltraron en los estamentos estatales y en los partidos políticos, lo que ha llevado a una serie de investigaciones. Estas aún continúan y varios legisladores prominentes han sido acusados, en lo que se conoce como la el escándalo de la “parapolítica“. La tradición de la corrupción continúa socavando y desmoralizando al gobierno colombiano, y sigue siendo un factor integral de la violencia existente en el país.

Orígenes

Los orígenes de los paramilitares se remontan a la década de los ochenta, cuando frente a una ola de secuestros por parte de grupos guerrilleros de izquierda, los narcotraficantes decidieron crear un escuadrón de la muerte que llamaron Muerte a Secuestradores (MAS). Este grupo ilegal no sólo asesinó a los secuestradores, sino también a cualquier presunto miembro de la infraestructura guerrillera, que incluía a muchos civiles inocentes, activistas, líderes sindicales y políticos. Más adelante surgieron grupos de “autodefensa”, algunos de ellos iniciados por oficiales del ejército colombiano y políticos que llamaron a la población a organizarse en su propia defensa. Muchos de ellos eran legalmente constituidos. No obstante, en lugar de proteger a los civiles de las transgresiones de la guerrilla, muchos de los grupos simplemente trabajaban para los narcotraficantes y bajo el mando de grandes terratenientes. La alianza con los intereses de grupos económicos poderosos le abrió a los paramilitares el acceso a armas, vehículos y equipos de comunicación; al mismo tiempo que se distorsionó su propósito original.

En efecto, el aumento del poder económico de los narcotraficantes cambiaría la cara de la guerra en Colombia. Poderosos miembros del Cartel de Medellín invirtieron fuertemente en la tierra y, con los grupos paramilitares, buscaron protegerse de las extorsiones de la guerrilla y los intentos de secuestro. El MAS se expandió de manera exponencial en estas zonas rurales. Pero pronto las “autodefensas” se encontraron protegiendo alijos de drogas y cargamentos en lugar de civiles. Estas organizaciones también desencadenaron olas de violencia contra sectores de la población que eran considerados simpatizantes de la guerrilla. Miles de civiles fueron asesinados, incluyendo agentes del Estado y políticos, lo que lleva al gobierno a criminalizar a los grupos paramilitares.

La criminalización de estos grupos coincidió con una batalla más grande sobre la extradición librada por el Cartel de Medellín y su líder Pablo Escobar contra el gobierno. Esta lucha se extendió a otras partes de su organización. Cuando Escobar mató a dos de los colaboradores más cercanos de Fidel, Carlos y Vicente Castaño, los hermanos se asociaron con Diego Murillo, alias “Don Berna“, para formar un grupo llamado Perseguidos por Pablo Escobar (PEPES). Usaron a Carlos como su intermediario con la policía, la cual trabajó de cerca con el grupo paramilitar para dar de baja a Escobar en diciembre de 1993. Fidel desapareció misteriosamente poco después. Una de las historias es que murió luchando contra el Ejército Popular de Liberación (EPL). Otra es que Carlos lo mató en una disputa familiar. En cualquier caso, el núcleo del grupo paramilitar que él y Don Berna habían creado se mantuvo.

La segunda generación de paramilitares nació de los PEPES. Los remeanentes de este grupo formaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU). En 1996, la ACCU creó una federación de grupos de autodefensa formados por siete organizaciones regionales conocidas como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Estos grupos paramilitares pudieron establecer feudos locales en las principales áreas de influencia de la guerrilla y expulsar a la población rural que era acusada de colaborar con los guerrilleros.

La aparición de las AUC coincidió con un cambio en la industria del narcotráfico. Después de la destrucción del cartel de Medellín y la posterior disolución del cártel de Cali, el mercado se atomizó, dando nacimiento a unos 500 pequeños grupos de microtráfico. La guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) también comenzó a ejercer un mayor control territorial sobre áreas en las que las drogas eran cosechadas y desarrolladas. El resultado fue un conflicto inevitable entre las dos súper-estructuras restantes: los paramilitares combatían con los guerrilleros por el control de los medios de producción de los cultivos de drogas, entrando por la fuerza – a menudo con el apoyo y la asistencia del ejército colombiano – llevando a cabo asesinatos selectivos y masacres que generaron desplazamientos masivo y terror generalizado.

Las ganancias de su botín de guerra permitieron a las AUC crecer exponencialmente y crear un ejército de más de 30.000 soldados. Pero la fuente de este ingreso, principalmente las drogas, puso al grupo en la mira del gobierno de Estados Unidos, que pretendía acabar con lo que se había convertido sin duda la organización narcotraficante más grande del mundo. Sintiendo un enfrentamiento y con una serie de acusaciones por narcotráfico en Estados Unidos, los paramilitares buscaron una salida mediante la negociación de un acuerdo de paz con el gobierno colombiano. Entre 2003 y 2006, las dos partes elaboraron un acuerdo, y numerosos bloques paramilitares se desmovilizaron. Las deficiencias del proceso, sin embargo, fueron evidentes de inmediato. El gobierno carecía de la infraestructura necesaria para verificar qué grupos paramilitares se desmovilizaron y si habían entregado todas sus armas. Algunos grupos paramilitares engañaron deliberadamente al gobierno, entregando armas viejas y mal cuidadas e hicieron pasar civiles por soldados paramilitares.

Estos grupos comenzaron a operar con nuevos nombres, incluso antes de que acabaran las desmovilizaciones oficialmente en 2006. Los nuevos grupos – los Urabeños, los Rastrojos, el ERPAC, los Paisas, los Machos, Nueva Generación, Águilas Negras, el grupo de Magdalena Medio y Renacer, entre otros – han tenido un fuerte impacto en Colombia. Mientras que más de 30.000 paramilitares se desmovilizaron, muchos siguieron en libertad o abandonaron el proceso y desde entonces han estado implicados en graves violaciones a los Derechos Humanos, narcotráfico, extorsión, secuestros y muchos otras actividades criminales; lo que podría conducir a una acción legal contra el gobierno colombiano por no haber para regulado adecuadamente el proceso de paz.

Modus operandi

Los paramilitares fueron una federación de grupos armados, cuyas columnas variaban de 10 a 150 efectivos. Algunos operaban como escuadrones de la muerte, moviéndose en unidades más pequeñas para evitar la detección, eliminar a sus enemigos de una manera sistemática y causar temor en la población local. Otras partes de la organización trabajaban en grandes columnas al estilo militar, con el objetivo de expulsar al enemigo de su territorio con tácticas de “cortar y quemar”. No obstante, las AUC nunca emplearon una jerarquía vertical. Sus partes individuales operaban de una manera relativamente autónoma, lo que a menudo llevó a serios desacuerdos e incluso combates entre ellos.

La mayoría de estas luchas eran disputas sobre la misión del grupo. Aparentemente, los paramilitares buscaban combatir a las guerrillas. Pero esta batalla incluí el intento de controlar los corredores de tráfico de drogas y las regiones cocaleras. Los principales narcotraficantes participaron en la financiación y el liderazgo de los grupos paramilitares en todo el país, pero especialmente en la región del Magdalena Medio en el centro de Colombia, al noreste del departamento de Antioquia, y en los departamentos de Córdoba y Meta. Con el tiempo las alianzas con los grupos narcotraficantes mimetizaron a los paramilitares con sus jefes. Los dos aliados actuaban de manera similar en muchos otros aspectos, más allá de sus intereses comerciales, incluyendo el uso de su fuerza y ??poder económico para comprar políticos y financiar sus campañas, así como asesinar a los que no colaboraran; como se vio con el asesinato en 1989 de Luis Carlos Galán, el principal candidato presidencial.

La familia Castaño es un perfecto ejemplo de esta dicotomía. Después de que las FARC secuestraron y mataron al padre de Fidel, Vicente y Carlos Castaño Gil, los tres hermanos reunieron varios miembros de la familia y asesinaron a los perpetradores. Fue el comienzo de una odisea familiar que con el tiempo daría lugar a la creación de las AUC. Fidel y Vicente también trabajaron con el Cartel de Medellín durante años, y Carlos fue un asesino a sueldo de Escobar. Lo que es más, Fidel, utilizando dinero de la droga, una gran invirtió en tierras y ganado a lo largo de la costa norte y formó su propio grupo paramilitar en la década de los noventa cuando se enfrentaron en una guerra brutal de exterminio contra los grupos guerrilleros del EPL y las FARC. Pero también utilizó su poder militar como un medio para ganar dinero. Desplazó a los pequeños agricultores, compró sus tierras y las desarrollados o puso ganado en ellas, a menudo vendiéndolo a un precio mucho más alto. Al final, el plan de los líderes paramilitares batalla no se distinguía de su estrategia económica.

Lo mismo puede decirse de la organización en su conjunto. De hecho, la mayoría de las unidades individuales de las AUC fueron realmente una fachada para camuflar el propósito del grupo: el narcotráfico. La ideología era secundaria y los que trataban de sacar a los narcotraficantes de los puestos de liderazgo de las AUC eran a menudo eliminados, como en el caso de Carlos Castaño. Las AUC se dividieron a principios de 2000, cuando Castaño intentó separar su facción de otra parte del grupo, que según él sólo estaba interesada en el narcotráfico. La disputa llevó a su asesinato en abril de 2004 a manos de las AUC. Vicente, que muchos creían que había estado controlando las AUC, asumió el mando y cuando sus intentos de negociar con el gobierno fallaron, volvió a la vida clandestina. Se cree que fue asesinado en 2008.

No es sorprendente entonces que las AUC haya concentrado sus tropas en áreas de interés estratégico económico: La Guajira, Cesar, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Sucre, Córdoba, Antioquia, Caldas, Risaralda, Chocó, Tolima, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, Putumayo , Caquetá, Guaviare, Meta, Vichada, Casanare, Arauca, Cundinamarca, Boyacá, Santander y Norte de Santander.

Fuentes

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