Oficina de Envigado

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Los herederos del imperio del narcotráfico de Pablo Escobar, La Oficina de Envigado, es ahora una mezcla de organizaciones más pequeñas, que busca alianzas con las pandillas callejeras para mantener el control de su territorio y de sus negocios. Está en constante flujo. La Oficina de Envigado surgió como una facción de sicarios establecida por Pablo Escobar en Envigado, un pequeño municipio contiguo a Medellín, en la década de los ochenta. Desde entonces, la Oficina ha evolucionado a ser una importante, aunque conflictiva, operación de narcotráfico. Mientras muchos de sus dirigentes provienen de los antiguos Bloques paramilitares, en los bajos rangos hay un sinfín de jóvenes ambiciosos de los barrios más populares de Medellín.

Pese a sus conflictos internos y de las rivalidades externas, la Oficina ha logrado crear una importante red de tráfico de drogas y extorsión desde Medellín hasta la costa norte de Colombia y la zona de frontera con Panamá. También controla algunos juegos de azar y negocios de lavado de dinero. Sus batallas han dejado numerosas personalidades muertas, como resultado de la tendencia de usar armas de fuego para saldar deudas. Gran parte de la agitación en y alrededor de Medellín se le puede atribuir a la Oficina. Si bien el liderazgo de la organización se  encuentra constantemente entre una lucha interna de poder y alianzas para combatir a enemigos externos, ha sido consistente en una cosa: cooptar a la policía local y otros funcionarios de seguridad.

Orígenes

“El Padrino” de la Oficina de Envigado es Diego Fernando Murillo, alias “Don Berna“, quien después de operar como guerrillero del Ejército Popular de Liberación (EPL), comenzó a trabajar en el mundo criminal como asesino para las familias Galeano y Moncada. Estas familias trabajaron con Pablo Escobar, el control del capo sobre la Oficina empezó a desvanecerse en 1992, después de haber ordenado los asesinatos de los hermanos Moncada y Galeano por presuntamente haberle robado dinero. En ese momento, Murillo se salvó de morir porque estaba acompañando a la amante Galeano al salón de belleza. Después de que Escobar asesinara a sus jefes, Murillo y los hermanos Fidel y Carlos Castaño, líderes paramilitares, organizaron un grupo paramilitar diseñado para destruir la red masiva de Escobar: Perseguidos Por Pablo Escobar, o PEPES. La combinación del mundo criminal de Medellín, paramilitares rurales de derecha, el Cartel de Cali y elementos de la Policía Nacional de Colombia, permitió que los PEPES atacaran todas las facetas de la vida y negocios de Escobar. Con el tiempo, esto obligó al narcotraficante a ocultarse hasta que la policía colombiana le dio de baja en diciembre de 1993.

Después de la muerte de Escobar, Murillo, tomó el control de Medellín, actuando como mediador en las disputas del narcotráfico y traficando drogas él mismo a través de sus contactos. Murillo mantuvo conexiones con los paramilitares, y en los años noventa fue nombrado comandante del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). También consolidó su control de las pandillas callejeras de Medellín, expulsó a la guerrilla de la ciudad y lideró la red de sicarios más temida en el país: La Terraza. Su enfoque despiadado lo llevó a luchar contra sus pares de las AUC y La Terraza. Cuando La Terraza se rebeló contra sus órdenes, asesinó a varios de sus líderes. Cuando su rival y comandante de las AUC Carlos Mauricio García Fernández, alias “Doble Cero“, trató de quedarse con el liderazgo, Murillo organizó un ataque en su contra y lo mató. Cuando el líder de las AUC Carlos Castaño trató de diseñar una gran entrega de los paramilitares vinculados al narcotráfico a las autoridades estadounidenses, Murillo se resistió y ayudó a organizar el asesinato del comandante paramilitar.

Murillo se desmovilizó con otros líderes de las AUC en 2005, y con varios cientos de los miembros de sus tropas del Bloque Cacique Nutibara. Después de que las negociaciones habían comenzado fue encarcelado cuando las autoridades lo conectaron con el asesinato de un político local, debido a que esto violaba los acuerdos con el gobierno. Sin embargo, en la cárcel Murillo encontró un santuario, en donde pudo seguir ejecutando sus operaciones a una distancia segura de sus enemigos.  Mientras tanto afuera, su portavoz, Carlos Mario Aguilar, alias “Rogelio“, junto con un exparamilitar, Daniel Alberto Mejía, alias “Danielito“, lograban administrar el narcotráfico y la red de sicarios de la Oficina. Los cargos en contra de Murillo por el asesinato del político fueron finalmente retirados, y él comenzó a colaborar con los funcionarios de la justicia para evitar su extradición a Estados Unidos. Parte de esto incluía ordenarle a la Oficina mantener las tasas de homicidio en un mínimo. Por lo tanto, lo que se conoció como “donbernabilidad” mantuvo la tasa de homicidios en Medellín baja desde 2003 hasta 2008. Pero, la Oficina nunca se mantuvo sin rivalidades internas, como se evidencia cuando Aguilar ordenó el asesinato de Mejía en noviembre de 2006, después de que alias Danielito había asesinado al exparamilitar y propietario de un club de fútbol Gustavo Upegui López. El cuerpo de Mejía nunca fue encontrado, ya que fue al parecer fue arrojado a un tanque de ácido.

La relación de Murillo con el gobierno se dañó, y fue extraditado a Estados Unidos, junto con otros 13 jefes paramilitares, en mayo de 2008. La Oficina se dividió rápidamente. En julio, un alto mando del grupo fue capturado. Ese mismo mes, Aguilar se entregó a las autoridades colombianas y fue extraditado poco después. La Oficina también comenzó una disputa territorial con Daniel Rendón Herrera, alias “Don Mario“, cuyo grupo más tarde se transformaría en lo que hoy se conoce como los Urabeños. Un ala rural de la Oficina, más tarde conocida como los Paisas, también se separó. Y la pelea sangrienta interna entre una facción encabezada por Maximiliano Bonilla, alias  “Valenciano“, y Erickson Vargas, alias “Sebastián“, comenzó. Como dijo un funcionario colombiano luego del arresto de unos pandilleros el 5 de septiembre de 2009, “esta estructura criminal está en una lucha hasta la muerte y sus lealtades están completamente rotas”.

Modus operandi

Como observó el director de la Policía Óscar Naranjo, la Oficina de Envigado ejerce un control hegemónico sobre las operaciones de microtráfico en Medellín. La pregunta para este grupo es cuál es la forma de controlar las zonas de cultivo y las rutas de tráfico de drogas fuera de la ciudad. Desde 2006, la Oficina ha estado compitiendo por el control de la región de Urabá, cerca de la frontera con Panamá, Antioquia y la Costa Atlántica. La cocaína de Bonilla es a menudo enviada a través de la costa atlántica hacia Panamá, luego a los Estados Unidos a través de Costa Rica y Nicaragua, Honduras y Guatemala. Las lanchas rápidas desde La Guajira hasta Jamaica son otro medio de transporte conocido para la exportación de cocaína de la Oficina. La policía también ha interceptado la cocaína que se transporta a través de camiones desde Itaguí, un municipio a las afueras de Medellín, hacia Cartagena. También ha habido informes de que Bonilla ha hecho una alianza con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda insurgencia más grande de Colombia.

La DEA ha estimado que la Oficina lavó cerca de US$50 millones entre 2008 y abril de 2009. Según la policía, la organización criminal gana aproximadamente US$31,4 millones por año por medio de operaciones de lavado de dinero. Esto se debe en parte al control que posee la Oficina sobre la industria de juegos de azar y apuestas, incluidas las loterías clandestinas, las cuales han sido un elemento básico de la viabilidad financiera del grupo. Una de cada cuatro máquinas tragamonedas en Medellín está por fuera de los reglamentos de juegos de azar, con lo que las ganancias anuales por este rubro son de hasta US$ 10,5 millones. Los casinos son usados como puntos de lavado de dinero o son obligados a pagar cuotas frecuentes. Los homicidios no resueltos de los propietarios de casinos Argemiro Salazar, Ramón Restrepo, Carlos Jaramillo y Octavio Velásquez, están supuestamente relacionados con enfrentamientos con la Oficina en relación al pago de sobornos.

El director de la policía nacional, Óscar Naranjo, ha señalado que bingos, agencias inmobiliarias, tiendas de reparación de automóviles, estacionamientos y centros comerciales son usados como fachadas para ocultar fondos ilícitos de la Oficina. Las empresas de taxis, carnicerías y acciones en los equipos de fútbol también se han utilizado como medios de encubrimiento. Aunque la mayoría de las empresas tienen sede en Medellín, varias han sido descubiertas en ciudades costeras como Barranquilla y Puerto Colombia, en el departamento de Atlántico en la costa del Caribe.

La Oficina se ha infiltrado en la policía y en instituciones gubernamentales, incluido el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), la antigua agencia de inteligencia que operaba bajo la Presidencia. Aunque hay poca evidencia de que la Oficina tiene interés en infiltrarse en cargos políticos en la misma forma que los bloques paramilitares lo hicieron en el pasado, su interés en ejercer un fuerte control sobre la policía y el sistema judicial es innegable.

“Los feroces asesinos en la Oficina son ex agentes policiales”, dijo una fuente a la revista Semana. Dos hombres detenidos en agosto de 2009, presuntos asesinos de la Oficina, eran expolicias. Semana estima que entre ocho y diez agentes de la policía trabajan para la Oficina actualmente. Cuando alias “Cesarín” fue detenido en diciembre de 2009, dos agentes de policía estaban con él, uno de los cuales fue comandante de la policía de Medellín. Más recientemente, en febrero pasado, un capitán, un sub teniente y dos oficiales fueron detenidos por vínculos con la Oficina.

Si bien ha habido un gran número de capitanes y comandantes de policía que ya fueron detenidos por trabajar para la Oficina, está claro que, hasta que se lleve a cabo una purga a fondo en las filas de la policía, esta organización criminal seguirá encontrando un entorno de apoyo en Medellín. En su mayor parte, las capturas exitosas de miembros de la Oficina se llevaron a cabo con agentes de policía traídos de Bogotá – incluyendo las de Cebollero y Cesarín-.

Debido a las divisiones internas de la Oficina, se ha hecho necesario que los capos se asocien con otras organizaciones narcotrafitantes con el fin de sobrevivir. Bonilla es conocido por haber cultivado alianzas con los Rastrojos, junto con el cartel mexicano de los Zetas. Además de las batallas internas, la Oficina frecuentemente lucha contra los Paisas y los Urabeños agrupaciones que  controlan lucrativos corredores del narcotráfico.

Según las estimaciones de los medios de comunicación, hay hasta 5.000 jóvenes en las 250 pandillas que operan a lo largo de Medellín, y en los municipios vecinos de Envigado e Itagüí. En un barrio de Medellín, Comuna 6, se dice que hay 35 bandas compitiendo, y todos ellos se componen principalmente de menores de edad. La organización humanitaria sin animo de lucro CORPADES estima que hasta un 60 por ciento de las bandas criminales de Medellín están compuestas por jóvenes de entre 11 y 17 años de edad. Bandas de menores de edad de Medellín se han desplegado en zonas como el Bajo Cauca, alimentando la violencia y el  enfrentamiento con los Urabeños.

Los esfuerzos legislativos para limitar la venta de armas en Medellín comenzaron en diciembre de 2008, pero no se ha reducido notablemente el número de homicidios relacionados con armas. La Oficina hace un uso frecuente de pistolas 57, escopetas, fusiles M4, dinamita, granadas de mano, pistolas con silenciador, pistolas de 6 y 9 mm, y a veces ametralladoras. La policía también ha incautado grandes cantidades de material explosivo anfo y de otro tipo, que probablemente pertenecían a Valenciano.

Fuentes

“Colombia’s New Armed Groups,” International Crisis Group, Mayo 10 de 2007. (pdf)

Los tentaculos de la mafia en Medellín,” Semana, Mayo 2 de 2009.

Nexos entre la Oficina de Envigado y Cartel Mexicano de los Zetas,” El Tiempo, Marzo 7 de 2010.

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