Tareck El Aissami

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Tareck El Aissami es el ministro de Industrias y Producción Nacional de Venezuela. Fue nombrado en ese cargo el 14 de junio de 2018, el mismo día en el que se inauguró el ministerio. Desde 2003, ha ocupado importantes puestos en los gabinetes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, incluyendo la Vicepresidencia Ejecutiva de la República, su penúltimo cargo, pese a sus comprobados nexos con el crimen organizado.

En febrero de 2017, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo acusó de narcotráfico. Esto resultó en la anulación de su visa, la confiscación de sus propiedades en Estados Unidos y la prohibición para realizar transacciones financieras o comerciales con instituciones estadounidenses.

También se le acusa de asistir al ingreso de miembros del grupo terrorista Hezbolá a Venezuela con el supuesto objetivo de expandir el espionaje y las redes de narcotráfico en la región, según investigaciones del servicio de inteligencia de Venezuela difundidas por el New York Times en mayo de 2019. 

Este hecho había sido denunciado años antes por el narcotraficante Walid Makled, y fue ratificado en febrero de 2019 por el mayor general Hugo Carvajal Barrios, exjefe de inteligencia de Venezuela, quien acusó a El Aissami de haber establecido nexos con la organización militante libanesa chiita desde 2009. 

Ninguno de estos hechos ha limitado su permanencia en el gobierno.

Historia

Tareck El Aissami estudió Derecho y Criminología en la Universidad de Los Andes (ULA), donde fundó el Movimiento Estudiantil Utopía 78. Como dirigente del partido, y presidente de la Federación de Centros de Estudiantes de la ULA, conoció a Adán Chávez, hermano de Hugo Chávez, y profesor de la institución. Se integró al Movimiento V República y en 1997 asumió labores en la Dirección Nacional de la Juventud del partido.

Tras obtener su título de abogado incursionó en la administración pública como el primer jefe de la Misión Identidad, un programa de la antigua Oficina Nacional de Identificación y Extranjería creado en el 2003. El ente era dirigido por Hugo Cabezas, ex compañero de la ULA, con quien fundó Utopía 78.

En 2005, participó en los comicios parlamentarios y conquistó un curul, con 97 por ciento de los votos del circuito 1 del estado Mérida. Dos años más tarde, en enero de 2007, dejó su cargo para ocupar el viceministerio de Prevención y Seguridad Ciudadana.

Tras la renuncia de Ramón Rodríguez Chacín al Ministerio de Interior y Justicia, en septiembre de 2008, El Aissami asumió el despacho ministerial, donde se mantuvo hasta octubre de 2012, año en el que se postuló para la gobernación del estado Aragua. Las modificaciones que se realizaron al sistema penitenciario durante su gestión propiciaron el surgimiento de una nueva figura de poder en las cárceles venezolanas: el “pran”.

El 16 de diciembre de 2012, dejó el ministerio para tomar la silla de gobernador del estado Aragua, tras obtener el 55,54 por ciento de los votos en las elecciones regionales.

Sus vínculos con el crimen organizado comenzaron a evidenciarse en 2010, cuando el narcotraficante venezolano Walid Makled afirmó que un hermano de Tareck El Aissami facilitaba sus negocios ilegales, y que el entonces ministro de interior y justicia estaba enterado de esta situación. Makled también aseveró que el gobierno había facilitado el ingreso del grupo terrorista Hezbolá a Venezuela y a Latinoamérica. Esta afirmación fue retomada en 2015 por diversos medios de comunicación, pero, esta vez, responsabilizando a Tareck El Aissami.

Sin embargo, su ascenso en el gobierno continuó e, incluso, parece haberse acelerado. El 4 enero de 2017, Nicolás Maduro lo nombró Vicepresidente Ejecutivo, y menos de un mes después, el 26 de enero, le delegó 14 de sus funciones.

El 13 de febrero de ese mismo año, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos acusó a El Aissami de narcotráfico, y lo sancionó con la anulación de su visa, la confiscación de sus propiedades en Estados Unidos y la prohibición para realizar transacciones financieras o comerciales con instituciones estadounidenses. No obstante, Maduro lo defendió y lo mantuvo en su cargo hasta junio de 2018, cuando lo nombró ministro de Industrias y Producción Nacional.

El 8 de marzo de 2019, el gobierno estadounidense acusó a El Aissami, y a su testaferro Samark López, de violar las sanciones impuestas por Washington hace dos años por su relación con narcotráfico. El Departamento de Justicia indicó que ambos evadieron las sanciones, al trasladarse desde Rusia a Venezuela usando aviones privados provistos por empresas establecidas en Estados Unidos.

Actividades criminales

Los vínculos criminales de Tareck El Aissami datan de años, y su relación con el crimen organizado y el incremento de la violencia alcanza también sus decisiones en cargos políticos.

Tras las sanciones que le fueron impuestas cuando era vicepresidente de Venezuela en 2017, un funcioario del gobierno de Estados Unidos dijo que “En cada caso que destapábamos aparecía el nombre de El Aissami: narcotráfico, terrorismo, lavado de dinero, contrabando de oro, en todo…”

Como ministro del Interior y Justicia, cargo que ocupó entre 2008 y 2012, el gobierno suavizó el control sobre las cárceles, lo que otorgó más libertad a los líderes de las pandillas, y propició el inicio de los pranatos carcelarios.

Según información documentada por el Observatorio Venezolano de Prisiones, Tareck El Aissami rexibilizó las reglas de visita a las cárceles, lo que permitió que se ingresaran más bienes y servicios a estas instituciones.

Esto fomentó el establecimiento de economías ilegales dentro de las prisiones. Los pranes, presos con mayor poder y hombres subordinados, comenzaron a cobrar un impuesto (hasta diez veces superior al precio regular) por todo lo que ingresaba a la cárcel. Los negocios de comida, barberías, locales comerciales también comenzaron a pagar un impuesto al pran, que sumó cada vez más poder, hasta que trascendió a las paredes de la cárcel. Tanto hijos y esposas, como trabajadoras sexuales, drogas y alcohol, comenzaron a ingresar con mayor libertad a los recintos, y, ahora, las bandas criminales establecidas en la cárcel, replicaban su organización fuera del penal. Esta situación derivó en más violencia, dentro y fuera de la cárcel, y en luchas por el gobierno carcelario.

Un motín en la cárcel venezolana El Rodeo, ubicada en el estado Miranda, en 2011, dejó en evidencia la nueva estructura mafiosa que había surgido durante la gestión de El Aissami como ministro de Interior y Justicia. En un intento por combatir o acallar lo ocurrido, el gobierno creó el Ministerio para Asuntos Penitenciarios, que, contrario a combatir las mafias carcelarias, las fortaleció, de la mano de la propia ministra, Iris Varela.

Como ministro de Interior y Justicia creó también, en 2009, la Policía Nacional Bolivariana, que restó poder a los organismos de seguridad de alcaldías y gobernaciones (especialmente de oposición). Desde entonces, la criminalidad se ha incrementado en Caracas y en otras ciudades. Durante su período como gobernador de Aragua, que comenzó en 2012, la situación de violencia en el estado también se agudizó, convirtiéndolo en uno de los más inseguros del país.

También durante su gestión surgieron las “megabandas”, organizaciones criminales integradas por más de 50 hombres, que se dedican al secuestro, la extorsión, el robo de vehículos, el microtráfico de drogas y otros delitos.

El Aissami también fue acusado de ser parte de estructuras criminales, como aseguró en 2010 el narcotraficante venezolano Walid Makled, y corroboró a revista brasileña Veja, en un reportaje publicado en marzo de 2015. El artículo señala que la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) recabó testimonios que apuntan al político como el vínculo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y Hezbolá. Uno de los testigos, un chavista exiliado, indicó, según Veja, que en 2013 permanecían en Venezuela 35 miembros de Hezbolá, con pasaportes venezolanos proporcionados por el funcionario. Las facilidades brindadas a los grupos terroristas fueron confirmadas recientemente por el ex jefe de inteligencia militar Hugo Carvajal.

Makled también acusó a Tareck El Aissami de estar involucrado indirectamente en su red de narcotráfico (pues afirmó que los negocios los hacía con su hermano, no con él). Pero, en 2017, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos esclareció el vínculo del capo venezolano con el político e identificó a este último como narcotraficante, además de sancionarlo.

El comunicado de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por sus siglas en inglés) afirma que ex vicepresidente “facilitó, coordinó y protegió a otros narcotraficantes que operan en Venezuela. Específicamente, recibió un pago por la facilitación de los envíos de drogas pertenecientes al capo de la droga venezolano Walid Makled García. El Aissami también coordina los envíos de drogas a Los Zetas, un violento cartel de la droga mexicana, y brinda protección al narcotraficante colombiano Daniel Barrera Barrera y al narcotraficante venezolano Hermágoras González Polanco”. La investigación reveló que el político venezolano también supervisó o transportó parcialmente más de 1000 kilogramos de narcóticos.

No obstante, el político no ha sido investigado solo por el gobierno estadounidense. El New York Times aseguró, en mayo de 2019, que la propia agencia de inteligencia venezolana había indagado en los negocios ilegales del ministro, corroborando sus nexos con Hezbolá, Makled y el narcotráfico.

Geografía

De acuerdo con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el hoy funcionario facilitó el envío de narcóticos desde Venezuela hasta México y Estados Unidos, con el control de aviones que parten de una base aérea venezolana, y el control de rutas de drogas a través de los puertos en su país de origen.

Sus supuestos vínculos con el terrorismo tienen mayor alcance geográfico. Desde 2009, según el ex jefe de inteligencia militar Hugo Carvajal, El Aissami hizo visitas a Siria para establecer conexiones con Hezbolá, a quienes facilitó su ingreso al país con la emisión de pasaportes venezolanos.

Aliados y enemigos

Las redes de narcotráfico facilitadas por Tareck El Aissami le han ayudado a forjar relaciones con varios de los grupos criminales más peligrosos del mundo. El Departamento del Tesoro estadounidense lo vincula con el cartel de Los Zetas, en México. Investigaciones periodísticas, basadas en informes y filtraciones de organizaciones, lo relacionan con las extintas FARC y con Hezbolá.

Su permanencia en cargos públicos ha favorecido el incremento de la violencia y el surgimiento y libre acción de nuevos actores, como los pranes. Todos sus nexos con el crimen organizado han sido posibles gracias a la estructura mafiosa del Estado venezolano.

Perspectivas

Aunque los vínculos criminales del hoy político comenzaron a evidenciarse en 2010, su cada vez mayor relevancia en la política nacional ha provocado que el gobierno estadounidense haga mayor énfasis en investigaciones sobre sus actividades ilegales. Las mafias reveladas en torno al político han provocado que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emita sanciones en su contra, y en contra de su testaferro, Samark López, que disminuyen su rango de acción y su acceso a bienes obtenidos de forma ilegítima.

La influencia de las redes criminales de El Aissami en el incremento de estructuras criminales en la región, mantienen en alerta a los organismos internacionales encargados de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, por lo que las medidas para cercar sus negocios y a sus aliados podrían continuar con el objetivo de disminuir su poder hasta anularlo.

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