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El aumento de la piratería marítima entre Trinidad y Venezuela, expresada en robos y ataques a pescadores, apuntaría a una estrategia de las organizaciones del narcotráfico enclavadas en el estado Sucre, al oriente de Venezuela, para despejar la ruta de la droga que se trafica desde las costas venezolanas hacia las islas del Caribe, y de allí hacia Estados Unidos y Europa.

El constante asedio que sufren los pescadores de Trinidad por integrantes de grupos criminales venezolanos fue reportado recientemente por The Telegraph, atribuyendo a la crisis económica y social en Venezuela la criminalidad en un área donde el contrabando ha sido un modo de vida para muchos habitantes de ambos países, apenas separados por 16 kilómetros de mar.

En los últimos años este delito se ha incrementado al impulso de la escasez de productos esenciales en Venezuela. Son frecuentes los robos a los pescadores, quienes son despojados de sus pertenencias y de los motores de sus lanchas de trabajo durante violentos ataques.

“La oleada en el bandidaje oceánico tiene paralelos preocupantes con la crisis de la piratería somalí de hace una década, donde una vez más, el problema comenzó con los pescadores desempleados que comenzaron a robar barcos que pasaban”, indica The Telegraph.

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Sin embargo, fuentes consultadas por InSight Crime coincidieron en señalar que es un asunto más complejo: los llamados “piratas del Caribe” operan al servicio de dos organizaciones dedicadas al tráfico internacional de drogas, las cuales están enclavadas en Río Caribe, municipio Arismendi del estado Sucre: las bandas de San Juan de Unare y San Juan de las Galdonas.

Sucre ha sido asiento del narcotráfico desde hace más de 10 años. Actualmente es el quinto estado más violento de Venezuela, según el Informe 2018 del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), con una tasa de 97 homicidios por 100.000 habitantes, un aumento de 16 puntos en comparación con el año anterior. “Y esto se encuentra relacionado con la expansión del crimen organizado hacia estas zonas para controlar el tráfico de droga hacia las islas y el mar Caribe”, destaca el documento de la ONG.

Análisis de InSight Crime

El objetivo de estos modernos piratas sería despejar las rutas de la droga al oriente de Venezuela y la manera de lograrlo es mediante el robo de motores y enseres a los pescadores, tanto de Trinidad como Venezuela, para impedir que transiten  por la franja marítima entre los dos países; precisamente por la ruta a través de la cual circulan cargamentos de cocaína y marihuana que provienen de Colombia, atraviesan Venezuela y prosiguen hacia las islas del Caribe, explicaron a InSight Crime fuentes del OVV en el estado Sucre.

“Les roban los motores para que no continúen transitando la zona y, aún sin quererlo, puedan ser testigos de las operaciones de narcotráfico, las cuales se realizan con total impunidad”, precisó un representante del OVV.

“Hace dos días nos robaron dos motores, les quitaron la pesca a los compañeros y los golpearon”, dijo a InSight Crime un pescador de Río Caribe, cuyo nombre se omite para preservar su integridad física. Precisó que durante 2018 los piratas les arrebataron 31 motores. “Todavía tenemos 76, pero no nos atrevemos a adentrarnos en el mar porque toda la costa de Paria es zona roja y está dominada por las bandas de Unare y de San Juan”, lamentó.

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El pescador hizo énfasis en la indefensión en que se encuentran: “Fuimos al Cicpc (Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas) y no hicieron nada. No hay ante quien quejarse, porque los mismos cuerpos de seguridad son cómplices de los narcotraficantes. Y es que mucha gente de las comunidades también se presta para ese delito. Los piratas trabajan para las bandas”, aseguró el pescador.

Un periodista del estado Sucre, cuya identidad se reserva por razones de seguridad, agregó que las bandas de San Juan de Unare y San Juan de las Galdonas amasan suficiente dinero producto del narcotráfico para comprar (en dólares) la permisividad de los cuerpos de seguridad del Estado, y específicamente del Comando de Vigilancia Costera de la Guardia Nacional, que tiene a su cargo la custodia de la zona. “Ni que quisieran pudieran combatir a los narcotraficantes de Paria, pues la Guardia Costera de Güiria apenas tiene una lancha que no alcanza para patrullar toda la zona”, agregó.

Por otra parte, las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico que ejercen un poder hegemónico en las costas del estado Sucre han recurrido al reclutamiento de pescadores que se convierten en piratas y actúan en contra de los que aún no han sido caído en la tentación de abandonar su tradicional fuente de ingresos para incorporarse a los lucrativos negocios ilegales que controlan las bandas.

“Los piratas que trabajan para las organizaciones de narcotraficantes poseen lanchas rápidas con motores más potentes, lo cual les permite trasladar droga, armas y cualquier otra mercancía ilegal  desde a Sucre a Trinidad en apenas pocos minutos y, si fuera necesario, someter por la fuerza a cualquiera que se atraviese en el camino”, aseguró el periodista de la región.

Las controvertidas informaciones sobre masacres y desapariciones forzadas de personas, como resultado de la pugna entre las bandas de San Juan de Unare y San Juan de las Galdonas también han generado temores en la localidad. Las fuentes consultadas por InSight Crime concuerdan en que no hay pacto de convivencia entre ambos grupos criminales, sino una cruenta rivalidad por el control del territorio y de los mercados criminales.

En 2015, InSight Crime alertó sobre el auge de la piratería entre las costas de Trinidad y Venezuela. La organización Oceans Beyond Piracy registró 163 por ciento de incremento en los delitos cometidos en la zona. A principios de 2018, Bloomberg insistió en mostrar cómo la ausencia del Estado venezolano en el estado Sucre fomenta el crimen organizado. Sin embargo, la situación ha degenerado en una anomia generalizada y el terror ha cundido entre la población.

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