En las cárceles de Venezuela las mujeres también son “pranes”

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn

Un informe presentado por una ONG especializada en materia penitenciaria en Venezuela muestra cómo también las mujeres comienzan a asumir roles de liderazgo criminal en las cárceles de ese país, adoptando lo que en este submundo es conocido como la figura del “pran”.

En su más reciente estudio titulado “Situación de las mujeres privadas de libertad en Venezuela”, una narrativa desde las vivencias, la ONG Una Ventana a la Libertad identificó que las mujeres presas en centros de reclusión han adoptado las prácticas criminales características de los pranes —que controlan las prisiones masculinas—, como un mecanismo para garantizar su subsistencia y sacar alguna “rentabilidad” de su tiempo en prisión. 

“Estas pranes femeninas cobran ‘la causa’ (una extorsión cobrada por el líder del penal al resto de los reclusos) para garantizar la seguridad de las reclusas, controlan la rutina carcelaria y hacen fiestas”, dijo la profesora Magally Huggings, coordinadora de la investigación. 

La figura de mujeres pranes ha sido identificada en tres prisiones de Venezuela: la sede principal del Cuerpos de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, en Mérida; en el retén de Cabimas, en Zulia; y en el anexo femenino de la cárcel de Tocorón, en el estado Aragua.

“La seguridad en la prisión es un deber del Estado”, pero según el estudio se ha convertido en “un negocio de algunos funcionarios y de los pranes que cobran a sus compañeros o compañeras presas para preservar su vida”, señala el informe en las reflexiones finales.

VEA TAMBIÉN: Prisiones en Venezuela se consolidan como centros de crimen organizado

La investigación, que fue realizada en 15 estados de Venezuela, determinó que la principal causa de ingreso de mujeres a las prisiones es el tráfico de drogas, la segunda es la extorsión y, en tercer lugar, las mujeres son apresadas por complicidad en los delitos que cometen sus parejas.

El estudio calcula en base a datos extraoficiales, que en el país hay un aproximado de 3.000 mujeres presas, lo cual representa seis por ciento de la población penitenciaria. Además hace énfasis en las deplorables condiciones de reclusión de las mujeres en los calabozos de las delegaciones policiales venezolanas, que son centros de reclusión preventiva donde las detenidas solo deben permanecer 48 horas, pero frecuentemente pasan allí hasta tres años.

Análisis de InSight Crime

La falta de condiciones óptimas en los centros de detención preventiva, el déficit de funcionarios para custodiar a estas reclusas, son una constante en los centros de Venezuela, y esto se ha convertido en una amenaza para la seguridad ciudadana, pues esta población tiene más probabilidades de delinquir desde la prisión, de fugarse y de volver a cometer crímenes aún más violentos.

Los problemas estructurales del sistema carcelario de Venezuela se han agudizado y afectan por igual a mujeres y hombres. Al retardo procesal, al hacinamiento, así como también a los problemas de insalubridad en los recintos carcelarios se suma un sistema penitenciario paralelo, que son los calabozos policiales. Esta realidad favorece la estructura criminal de los pranes que operan impunemente.

“El pranato femenino es parte del caos que se vive en las prisiones, donde las mujeres han tomado el poder para dirigir bandas y mafias que operan desde los centros penitenciarios. En los calabozos policiales es donde más hemos visto este fenómeno. Mientras antes las mujeres eran cómplices en delitos o eran mulas en el narcotráfico, en la actualidad vemos a las mujeres delincuentes con funciones de liderazgo. En el único lugar en donde se ha logrado la igualdad de género es en las cárceles”, explicó Huggings.

VEA TAMBIÉN: La delegación del poder estatal: Los “pranes”

De esta manera, las economías criminales que se originan en los enclaves carcelarios de Venezuela se han extendido también a las reclusas y a las delegaciones policiales, esto a pesar de la compleja crisis social, económica y política que enfrenta el país suramericano.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedIn