FARC

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El mayor ejército irregular de Colombia opera en varias regiones del país, en busca de recursos para financiar su guerra de casi 50 años contra del gobierno. Las FARC es el grupo guerrillero más antiguo e importante del hemisferio occidental y durante mucho tiempo ha financiado su lucha política y militar a través del secuestro, la extorsión y su participación en el comercio de drogas en varios niveles.

A pesar de un esfuerzo concertado por parte del gobierno colombiano, con cerca de US$8 mil millones en ayuda proveniente de Estados Unidos, el grupo guerrillero aún opera en 25 de los 32 departamentos de Colombia, y se estima que cuenta con aproximadamente 8.000 guerrilleros en sus filas. Durante las últimas décadas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han adaptado sus tácticas con el fin de sobrevivir, desde su decisión en 1982 de empezar a gravar a los cultivadores de coca y a los laboratorios de cocaína, hasta su intento fallido de establecer un partido político, la Unión Patriótica, en 1984.

Después de las derrotas militares que sufrió durante el gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) y la muerte de su más antiguo comandante espiritual y militar, Pedro Antonio Marín, alias “Manuel Marulanda”, en 2008, el grupo se ha enfocado menos en controlar territorio y más en el uso de tácticas de guerra de guerrillas combinadas con el fortalecimiento de sus redes urbanas y el aumento de su alcance político. En el año 2012 el grupo comenzó unas negociaciones de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos.

Historia

Las raíces de las FARC pueden remontarse a los brotes de violencia que afligieron a la Colombia rural después del asesinato del líder populista del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, en Bogotá el 9 de abril de 1948. El asesinato desencadenó una lucha sectaria, primero en Bogotá y después en el campo, la cual comenzó como una batalla entre los dos principales partidos políticos: liberales y conservadores. Pueblos enteros fueron blanco por sus afiliaciones políticas, entre ellos Ceilán, en el departamento del Valle del Cauca, donde el partido liberal reclutó a hombres jóvenes como Manuel Marulanda, entonces conocido con el alias de “Tirofijo”, para luchar contra el ataque de los paramilitares conservadores. Este periodo, que llegó a conocerse como “La Violencia”, dejaría cerca de 200.000 muertos en 15 años. Cientos de miles de personas más huyeron de sus lugares de origen hacia ciudades más grandes o zonas rurales más remotas.

Entre los que huyeron se encontraba una pequeña facción bajo el control del Partido Comunista de Colombia (PCC). Estos colonos sobrevivieron durante su tiempo en las milicias, o lo que se conocía como unidades de “autodefensa”. Las autodefensas del PCC hacían parte de una estrategia comunista colombiana más grande, que incluía la “combinación de todas las formas de lucha”, entre ellas el desarrollo de sindicatos, organizaciones estudiantiles y la pugna por puestos políticos. La unidad y estrategia del PCC atrajo a algunos miembros de las milicias del partido liberal, entre ellos Manuel Marulanda, quien se unió al partido en los años cincuenta. Las facciones rurales del PCC eran pequeñas pero representaban una amenaza ideológica para el gobierno, el cual lanzó una ofensiva en contra de su bastión, el pueblo de Marquetalia, Tolima, en 1964. La ofensiva expulsó a los guerrilleros pero provocó la chispa para que el partido formalizara su grupo armado: Bloque Sur de Tolima.

El grupo guerrillero adoptó el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 1966, y comenzó un ascenso lento y firme. El crecimiento del comercio ilegal de drogas ayudó. A mediados de los años setenta, la guerrilla cambio sus reglamentos internos y comenzó a cobrar impuestos a los numerosos cultivadores de marihuana del sur del país. Más tarde, ampliaron ese mandato para incluir también las plantaciones de hoja de coca. Durante ese mismo periodo, las FARC empezaron a secuestrar en masa y a extorsionar a empresas grandes y pequeñas. A principios de los años ochenta, las FARC comenzaron a gravar los laboratorios de cocaína que operaban en sus áreas de influencia.

Las nuevas fuentes de ingreso implicaron mejores equipos y más tropas, pero esto llegó a un costo muy alto, a medida que los grandes traficantes de cocaína empezaron a oponerse al cobro de “impuestos” y ellos también empezaron a adquirir tierra y a ejercer influencia en la política local. Cuando guerrilleros izquierdistas de otra facción de la guerrilla secuestraron a la hija de una gran organización narcotraficante, varios traficantes organizaron un grupo paramilitar, llamado Muerte a Secuestradores (MAS). También hubo enfrentamientos entre los narcotraficantes y las FARC por el supuesto robo de un gran alijo de dinero por parte de los guerrilleros en los Llanos Orientales. Agricultores, empresarios, y propietarios de pequeñas tiendas empezaron a atacar a los guerrilleros debido a la excesiva extorsión y secuestro.

En 1984, las FARC intentaron otra táctica y lanzaron un partido político al tiempo que negociaban un acuerdo de paz con el gobierno. La Unión Patriótica (UP) era pequeña, pero ganaba impulso a medida que el país se movía hacía un mayor control gubernamental de los fondos y los proyectos nacionales. En sus primeras elecciones, en 1986, la UP ganó varios escaños en el congreso y su candidato presidencial obtuvo más de 300.000 votos, un récord para cualquier candidato de la izquierda. En las primeras elecciones municipales del país en 1988, el partido ganó 16 campañas para alcaldías y otros 247 escaños en concejos municipales. La reacción de los que se oponían al partido fue rápida. Los grupos paramilitares y narcotraficantes, en ocasiones trabajando en conjunto con el gobierno colombiano, asesinaron en masa a los miembros de la UP. Más de 3.000 personas fueron asesinadas en un periodo de seis años, las FARC volvieron a las montañas desde donde continuaron con su ascenso meteórico.

El crecimiento de la guerrilla en este periodo causo preocupación y muchos cuestionaron las intenciones de las FARC con la UP, preguntándose si los guerrilleros habían usado al partido como un medio para fortalecerse militarmente; incluso cuando negociaban la paz y hablaban de entregar las armas. Entre 1984 y 1988, el periodo en que la UP fue más fuerte, las FARC duplicaron el tamaño de sus fuerzas. Este crecimiento se debió a muchos factores, entre ellos los ataques a la UP, que llevaron a que muchos renunciaran al proceso democrático. La estrategia de las FARC, que se nutrió de la idea del PCC de la “combinación de todas las formas de lucha”, también estuvo relacionada con la creciente cantidad de nuevos combatientes.

La expansión continuó con su levantamiento vertiginoso durante los años noventa. Luego de que en 1991 el gobierno lanzara un ataque aéreo contra un bastión de la guerrilla, las FARC empezaron a dividir sus fuerzas a través de las zonas rurales de Colombia, y desarrollaron aún más sus tácticas ofensivas. A mediados de los noventa, los guerrilleros llevaron a cabo una serie de ataques que debilitaron a las fuerzas gubernamentales, capturando cientos de soldados y policías colombianos que se convirtieron rápidamente en piezas de canje en una nueva ronda de negociaciones entre el gobierno y las FARC. Poco tiempo después de un intercambio de prisioneros entre las dos partes, el gobierno cedió a los guerrilleros un área del tamaño de Suiza en los departamentos sureños de Caquetá y Meta, abriéndole el paso a más conversaciones de paz.

No obstante, las conversaciones fueron problemáticas desde el principio, cuando Tirofijo, quién había asumido formalmente el alias de “Manuel Marulanda”, no apareció en su apertura. En los años siguientes se presentaron algunos avances pero sobretodo obstáculos. Las FARC usaron el territorio para reagruparse, reclutar, entrenar y lanzar ataques a las poblaciones locales. Cuando el ejército los perseguía, los guerrilleros se replegaban en la zona desmilitarizada. Las FARC también retuvieron víctimas de secuestro en la región y cuidaban grandes extensiones de cultivos de coca, la materia prima para producir cocaína. En lo que muchos vieron como una señal de las verdaderas intenciones de los guerrilleros, construyeron vías y túneles, preparándose para una guerra prolongada similar a la que Mao Tse-tung llevó a cabo en China o el Vietcong en Vietnam.

Las conversaciones terminaron en 2002 cuando las FARC secuestraron un avión y lo obligaron a aterrizar en una carretera, llevándose consigo algunos pasajeros como prisioneros. Inmediatamente comenzaron los combates, a medida que el gobierno buscaba retomar la tierra que había cedido para las negociaciones. Poco después, la guerrilla secuestró a la candidata presidencial del Partido Verde, Ingrid Betancourt, y a su jefe de campaña, Clara Rojas. En febrero de 2003, se estrelló un avión que llevaba a cuatro contratistas del gobierno estadounidense y un piloto colombiano, quiénes se encontraban realizando tareas de vigilancia en una región del sur controlada por las FARC. Tres de los contratistas fueron secuestrados.

Estos eventos coincidieron con la llegada en 2002 del presidente Álvaro Uribe, quién contrario a su predecesor Andrés Pastrana, había hecho su campaña política sobre una plataforma de guerra. Las FARC lo recibieron lanzando morteros contra el palacio presidencial durante la ceremonia de posesión el 7 de agosto de ese año.

Sin dejarse perturbar, Uribe reforzó el ejército, fortaleció la inteligencia policial, ubicó fuerzas de seguridad en casi todos los municipios y creó programas para incentivar a los guerrilleros a que se entregaran a las autoridades. Este esfuerzo recibió un gran apoyo por parte de Estados Unidos, que en 2002 empezó un ambicioso programa de asistencia llamado “Plan Colombia“. Luego del secuestro de los tres contratistas, los servicios de inteligencia estadounidenses, aumentaron el entrenamiento, asistencia y equipamiento de los colombianos, acelerando el ya de por sí rápido programa de profesionalización.

En 2012, el grupo comenzó las negociaciones de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos, y los negociadores anunciaron el cese al fuego oficial en junio de 2016. Se llegó a un acuerdo final entre ambas partes en agosto de 2016. Actualmente, las FARC se están desmovilizando en “zonas de concentración” a lo largo de Colombia. Después, varios guerrilleros serán reintegrados a la sociedad mientras que los responsables por crímenes agravados cumplirán sentencias reducidas fuera de las prisiones. Los puntos del acuerdo incluyen enfrentar el tráfico de drogas y a los grupos criminales, la participación de las FARC en la política nacional, reforma del campo y derechos de las víctimas.

A pesar de que las FARC se han retirado de sus bastiones, no todos los miembros cumplieron con el acuerdo y en vez de eso continúan con actividades criminales.

Liderazgo

Las FARC son un grupo complejo con una estructura y una línea de comando bien definidas. Su estructura organizacional ha evolucionado a lo largo de los años como resultado de un proceso de adaptación a los principales retos del conflicto interno. Con una estructura aparentemente jerárquica, la geografía y tamaño de Colombia ha hecho casi imposible para el comando central, conocido como el Secretariado, ejercer el control sobre toda la organización, la cual está dividida en frentes, con la excepción de varias unidades de fuerzas especiales que tienden a deambular por donde más se necesitan o con el fin de realizar operaciones especiales. Las FARC tienen una gran red de apoyo de expertos logísticos en bombardeos, transporte, secuestro, tráfico de armas, almacenamiento de alimentos, etc., y maneja grupos de milicias en las ciudades. La relativa autonomía de los frentes puede hacer de ellos organizaciones criminales letales. En efecto, estas unidades, de las cuales hay más de 70, tienen un incentivo para robar, secuestrar, extorsionar y saquear, ya que su crecimiento depende, en parte, de su rendimiento financiero.

En el frente político, las FARC están conectadas con el Partido Comunista de Colombia. Cada unidad guerrillera tiene un operador político, y cada combatiente tiene obligaciones tanto políticas como militares. Estas incluyen estar atentos a las noticias y analizarlas, y la difusión de las creencias de las FARC a sus familiares y amigos. Las FARC se han separado del Partido Comunista y, después de que su proyecto político público, la UP, fracasara, el grupo ha estado manejando dos estructuras clandestinas, el Movimiento Bolivariano y el Partido Comunista Clandestino de Colombia (PC3).

En los últimos años, el gobierno colombiano ha asestado varios golpes importantes al liderazgo guerrillero. En septiembre de 2007, en lo que fue el primero de una serie de fuertes golpes en contra del grupo, la Fuerza Aérea Colombiana bombardeó un campamento de las FARC en el departamento de Guaviare, al oriente del país, abatiendo al líder guerrillero Tomás Medina Caracas, alias “Negro Acacio”. En marzo de 2008, el gobierno bombardeó un campamento de las FARC ubicado cerca al río Putumayo, un par de kilómetros dentro de Ecuador, acabando con la vida de Luis Edgar Devia Silva, alias “Raúl Reyes” y a varios otros guerrilleros. El mismo mes, Manuel Marulanda murió por causas naturales.

La nueva dirección de las FARC, compuesta por Guillermo León Sáenz Vargas, alias “Alfonso Cano”, y Víctor Julio Suárez, alias “Mono Jojoy”, estuvó tratando de implementar una nueva estrategia, pero las constantes ofensivas de las fuerzas del gobierno han ahogado sus intentos. Mono Jojoy fue abatido en septiembre de 2010 y Alfonso Cano en noviembre de 2011. Varios otros líderes de las FARC se han refugiado en Venezuela y otros países vecinos. El comandante de las FARC actualmente es Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”, un comandante endurecido por la guerra cuyas posiciones ideológicas fueron forjadas no solamente en Colombia, si no en la Moscú comunista, en la Yugoslavia de Tito y en Cuba.

Geografía

Las FARC tienen una presencia fuerte en los Llanos Orientales cerca de la frontera con Venezuela, y en los departamentos surorientales de Cauca, Valle del Cauca y Nariño. Las FARC también tienen presencia en los departamentos occidentales de Chocó y Antioquia, entre otros.

Aliados y enemigos

Entre 2005 y 2009, las FARC libraron una sangrienta batalla contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), un grupo guerrillero de menor tamaño. Sin embargo, en diciembre de 2009, los líderes guerrilleros negociaron un alto el fuego y una alianza a nivel nacional, y ya ha surgido evidencia que sugiere que los grupos guerrilleros han perpetrado ataques conjuntos y que incluso han trabajado mano a mano para extorsionar a varias empresas.

Del mismo modo, algunos frentes de las FARC también colaboran con los grupos delictivos conocidos como Bacrim (acrónimo de “bandas criminales”) en el tráfico de drogas, vendiéndoles base de coca y cocaína.

Perspectivas

En los últimos años miles de guerrilleros se han desmovilizado voluntariamente, debilitando a las FARC y fortaleciendo la inteligencia del Estado sobre la guerrilla. Sin embargo, la victoria que para muchos estuvo a su alcance a comienzos de siglo se hacía cada vez más distante. 

Mientras que el actual acuerdo de paz ha puesto un final a la guerrilla de las FARC, su conflicto interno está lejos de acabarse. La salida de la guerrilla ha resultado en la criminalización de algunos de sus disidentes, lo que ha generado grupos similares a las BACRIM: organizaciones criminales que se formaron tras la desmovilización de las fuerzas paramilitares del país.

Estos grupos disidentes se han enfrentado entre ellos y con otros actores armados para ganar el control sobre las economías criminales que las FARC dejan atrás, como los cultivos de coca y la minería ilegal.

Algunos de estos antiguos guerrilleros también se están transfiriendo al ELN, llevando con ellos armas, recuros y economías criminales. Esto podría reforzar de manera significativa a la segunda guerrilla más importante del país, en un momento en el que intenta llegar a su propio acuerdo acuerdo con el gobierno colombiano.

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