Luciano Marín Arango, alias ‘Iván Márquez’

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Luciano Marín Arango, alias “Iván Márquez”, es un excomandante guerrillero que convocó a los desmovilizados a unirse una disidencia liderada por varios excomandantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en lo que se conoce como la Segunda Marquetalia.

Con indumentaria militar y portando un arma, Márquez anunció en un video el retorno a las armas del grupo, alegando que el estado colombiano había “traicionado” los acuerdos de paz firmados en 2016 entre el gobierno y las FARC. La alocución, publicada en YouTube el 29 de agosto de 2019, pone en riesgo el futuro de un proceos que buscaba poner fin a medio siglo de conflicto civil.

Márquez era el segundo al mando de las FARC antes de la desmovilización de esa guerrilla, y su regreso al conflicto armado puede atraer a excombatientes de las FARC que estén considerando abandonar el proceso de paz, además de que puede envalentonar a las células de ex-FARC Mafia que ya operan en el país. Márquez supone una influencia política peligrosa y tiene la capacidad de unir a disidentes de las FARC de diferentes tendencias.

Su retorno también coincide con el despliegue de la crisis en Venezuela, un país que bien puede ser una base de operaciones para el nuevo ejército, ya que el país ofrece muchas oportunidades para capitalizar el narcotráfico, la minería ilegal de oro y otras economías ilícitas.

Historia

Iván Márquez nació el 16 de junio de 1955 en Florencia, la capital del departamento de Caquetá, al sur de Colombia. Al igual que muchos de los más antiguos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), formó parte del movimiento juvenil “Juventud Comunista Colombiana” (JUCO), al que se unió en 1977.

Como miembro de la JUCO, apoyó a las FARC llevando provisiones a las zonas rurales donde el grupo tenía presencia, entre otros. Más adelante se unió al grupo guerrillero en calidad de “comisario político” en una de las células más activas de las FARC, el Frente 14, en el sur del departamento de Caquetá.

A comienzos de los ochenta, como parte de un proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, Márquez se convirtió en uno de los “emisarios principales” de la guerrilla en el naciente partido político la Unión Patriótica (UP). Posteriormente, fue elegido concejal y luego diputado suplente por el Caquetá.

En 1987, cuando se intensificó la persecución a los miembros de la UP, las FARC convocaron a Márquez y a otros importantes emisarios guerrilleros en el partido para que volvieran a las montañas. Por sus esfuerzos con la UP, los guerrilleros lo nombraron comandante del Bloque Suroccidental.

En los noventa, Márquez fue transferido al noroeste del país, donde participó en una sangrienta batalla por el control de la región de Urabá a lo largo de la frontera con Panamá.

Esto le granjeó el respeto dentro de la organización como un comandante militar fuerte, lo que complementó sus habilidades políticas. La combinación de estas dos habilidades ha contribuido a su trayectoria como representante internacional de la organización. Sus actividades y su influencia se dieron a conocer, y se convirtió en el máximo vocero de la guerrilla en el extranjero. Funcionarios de inteligencia en Colombia afirman que dirigió iniciativas guerrilleras para infiltrarse en las universidades y crear federaciones de estudiantes que apoyaran la estrategia política y militar de las FARC en las ciudades colombianas.

Gracias a sus habilidades políticas y diplomáticas, Márquez fue elegido en 2012 para liderar la delegación de las FARC en las negociaciones de paz que se llevaron a cabo con el gobierno colombiano en La Habana. Siguió liderando la delegación negociadora de la guerrilla luego de que los diálogos se trasladaran a La Habana en noviembre del mismo año.

Tras cuatro años en la mesa de negociaciones, que se cerraron con la firma de los acuerdos de paz en 2016, Márquez entró a hacer parte de la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo de Paz (CSIV), el mecanismo creado para velar por la implementación de lo pactado.

Con la transición de las FARC como partido político bajo el nombre de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común entre agosto y septiembre de 2017, el Secretariado pasó a convertirse en la dirección nacional del partido. Iván Márquez fue el dirigente más votado de toda la colectividad durante el congreso fundacional del partido.

Pero un año después, el proceso de paz quedó sumido en el caos luego de la detención de Jesús Santrich por cargos de narcotráfico. Considerando que el arresto en abril de 2018 había sido una trampa, Márquez rechazó su curul como senador en el congreso colombiano, que se le había cedido como parte de los acuerdos. En una entrevista, Márquez afirmó que su rechazó era evidencia de que el proceso de paz había fallado y cuestionó cómo podría él aceptar ese cargo, “cuando dirán que soy un narcotraficante”. También exigió al gobierno una respuesta por las estipulaciones del acuerdo que no se habían cumplido, como la financiación de proyectos para los excombatientes.

En medio de esa incertidumbre, Márquez se trasladó a un campamente de reincorporación en Miravalle, población de municipio de San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá. El Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) estaba bajo la coordinación del excomandante de las FARC Hernán Darío Velásquez, alias “El Paisa”, quien había dirigido la Columna Móvil Teófilo Forero.

Poco después, huyó del campamento junto con El Paisa y pasó a la clandestinidad. No hubo noticias de él hasta mayo de 2019, cuando envió un mensaje por Twitter diciendo que la guerrilla de las FARC cometió un “grave error” al deponer las armas.

Actividades criminales

Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, Iván Márquez estaba al frente de la política de drogas de las FARC, y dirigía y controlaba la producción, manufactura y distribución de la cocaína. El Departamento de Estado de Estados Unidos llegó a ofrecer una recompensa de US$5 millones por información que llevara a su captura. También estaba al mando de unidades de las FARC acusadas de secuestro, extorsión y asesinato.

Antes de la firma del Acuerdo de Paz y de la subsiguiente amnistía, Iván Márquez era considerado narcoterrorista por el gobierno colombiano.

En abril de 2018, las autoridades estadounidenses revelaron que Márquez era objeto de investigación por presunto tráfico de cocaína luego de que se lo viera en un video tomado con un teléfono celular hablando con un supuesto operador de un cartel mexicano. La investigación fue la misma por la que se levantaron cargos por narcotráfico contra su camarada Santrich, y se deriva de un operativo de la Administración para el Control de Narcóticos (DEA) en el que Marlon Marín, sobrino y asistente de Márquez, fue visto recibiendo US$5 millones de un informante de la DEA. El dinero se entregó a cambio de la entrega de diez toneladas de cocaína al poderoso Cartel de Sinaola en México.

Márquez es también un objetivo importante para el gobierno estadounidense, que en junio de 2020 ofreció una recompensa de US$10 millones por su captura, y la de Jesús Santrich, por sus presuntas conexiones con el gobierno venezolano.

Geografía

Antes de encabezar el equipo negociador de las FARC en los diálogos de paz, Márquez actuaba principalmente en el norte de Colombia. Al mando del Bloque Caribe, su zona de influencia incluía la Serranía del Perijá, los departamentos de La Guajira y Cesar, y algunas regiones limítrofes con Venezuela.

Aliados y enemigos

Históricamente, los principales enemigos de los líderes de las FARC, como Iván Márquez, han incluido elementos de extrema derecha de las élites políticas de Colombia, algunos de los cuales han tenido vínculos con grupos paramilitares. No obstante, al interior de las FARC también se han presentado desacuerdos y divisiones. Cuando Timochenko asumió el liderazgo de las FARC, se empezó a evidenciar una división interna en el alto mando de la guerrilla, pues Iván Márquez también era un candidato con fuertes posibilidades de asumir el mando. Aunque el reemplazo de mandos de las FARC se había resuelto a través de su mecanismo de relevos, la sucesión de Alfonso Cano implicó un desafío especial para la guerrilla. Con el éxito de los operativos militares en contra de las cabecillas del grupo, empezaron a depender cada vez más de mandos jóvenes, pero había que reafirmar la necesidad de continuar con la línea de mando. En ese orden de ideas, Timochenko le ganó a Iván Marquez para asumir la comandancia de las FARC por su antigüedad en las filas guerrilleras.

Esta división fue más evidente en su transición hacia el partido político, pues Márquez superó en la votación de la dirección nacional a Rodrigo Londoño y actualmente lidera una línea más crítica sobre la implementación de los Acuerdos de Paz. Marquez puede considerarse el líder de la fracción política de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) que tiene mayor riesgo de criminalización del cuál también hacen parte Jesús Santrich, Joaquín Goméz, Romaña y el Paisa.

Márquez también es un objetivo importante para el gobierno estadounidense, que en junio de 2020 ofreció una recompensa de US$10 millones por su captura, al igual que la de Santrich, por su presunta conexión con el gobierno venezolano.

Perspectivas

Márquez es uno de los líderes más radicales de las ex-FARC Mafia y puede usar su liderazgo para tratar de socavar el acuerdo de paz, especialmente con sus críticas a la manera como se ha manejado. Su programa y la autoridad que tiene entre los excombatientes guerrilleros implica que su mensaje tiene probabilidades de calar en muchos oídos. Como el que fuera segundo al mando de las FARC, su presencia da al grupo que comanda un legado real como la continuación de la guerrilla original.

Él ha asumido un rol natural de liderazgo en este nuevo grupo ex-FARC Mafia y su presencia dará peso y credibilidad a los emisarios enviados a negociar con otras disidencias y a invitarlos a unirse. También será el faro que anime a otros desmovilizados a retomar las armas una vez más.

Su profundo conocimiento de los entresijos de las operaciones de las FARC, su experiencia en tácticas de combate y el respeto que inspira hacen de Márquez uno de los principales actores criminales en Colombia y Venezuela, capaz de ejercer influencia real en ambos países.

 

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