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InSight Crime ha creído durante mucho tiempo que detrás de cada narcotraficante famoso ha habido muchos “invisibles”. En lugar de vestirse con botas de cocodrilo, llevar cadenas vistosas y pistolas chapadas en oro, estos narcotraficantes han evitado la ostentación y el protagonismo para actuar como legítimos hombres de negocios.

Pero, dado que el tráfico de drogas requiere protectores, pues hay mucho dinero de por medio y algunos socios poco confiables, todo invisible necesita un “visible”, para asegurar que se respeten los acuerdos y se paguen las deudas.

Pablo Escobar fue el último traficante visible: fue miembro del congreso colombiano, abrió al público su extensa Hacienda Nápoles y la pobló de exóticos animales. Sin embargo, detrás de Escobar había docenas de invisibles, muchos de los cuales, como Memo Fantasma, sobreviven hasta la fecha.

*Los narcotraficantes de hoy en día se han dado cuenta de que su mejor protección no es un ejército privado, sino más bien el anonimato total. A estos barones de la droga los hemos llamado “Los Invisibles”. Este es el primer artículo de una serie de seis partes sobre uno de esos traficantes, alias “Memo Fantasma”. Lea la investigación completa aquí.

El sucesor de Escobar, Diego Murillo, alias “Don Berna”, aprendió de los errores de su expatrón, por lo que decidió vivir en el anonimato en la ciudad de Medellín, dándose a conocer por su alias y ocultando su nombre real. Pero Don Berna también llegó a estar en el centro de atención en 2003, cuando entró en el proceso de paz de los paramilitares con el gobierno colombiano e intentó en vano evadir el encarcelamiento y la extradición. Detrás de él y de su estructura criminal, la Oficina de Envigado, había docenas más de invisibles que hacían negocios y ganaban dinero bajo su protección. Memo Fantasma era uno de ellos.

También estaban los hermanos Castaño, que alguna vez fueron miembros del Cartel de Medellín, y quienes fundaron la organización paramilitar de derechas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en 1997. Su ejército proporcionó protección a cientos de invisibles, así como la infraestructura necesaria para hacer negocios. Memo Fantasma también era uno de ellos.

VEA TAMBIÉN: La nueva generación de narcotraficantes colombianos post-FARC: “Los Invisibles”

InSight Crime mantiene permanentemente abiertos docenas de expedientes sobre posibles invisibles. Estos expedientes se generan cuando un individuo, o un alias, aparece de manera repetida en nuestro radar, vinculado estrechamente con el crimen organizado transnacional, en general con el tráfico de cocaína. Muchos de estos expedientes permanecen inactivos durante años, o incluso por siempre, y solo se activan cuando surge alguna nueva información. Durante muchos años, en nuestros archivos permanecieron dos alias sobre los cuales no pudimos encontrar suficiente información que permitiera iniciar una investigación. Estos dos alias eran “Sebastián Colmenares” y “Memo Fantasma”.

Sebastián Colmenares

El expediente de Sebastián Colmenares se abrió en 2004. Colmenares era el alias de un comandante de las AUC. Desde su conformación en 1997 hasta su desmovilización en 2006, las AUC fueron la organización más poderosa de narcotráfico en Colombia y en el mundo. Unos 30.000 combatientes se desmovilizaron con la organización, la cual en su apogeo controló hasta el 30 por ciento de Colombia, incluidas algunas de las propiedades del narcotráfico más estratégicas del país. Las AUC exportaban cientos de toneladas de cocaína al año.

Colmenares se hizo visible por un corto periodo en 2004, cuando firmó un documento crucial para las AUC, “Unidad para la Paz”, en Santa Fe de Ralito, en el departamento de Córdoba, al noreste de Colombia. En ese documento, diferentes elementos del ejército paramilitar anunciaron su intención de cooperar y llegar a un acuerdo de paz con el gobierno.

Quienes firmaron este documento, los altos mandos del paramilitarismo, eran algo así como los grandes nombres del narcotráfico colombiano. Pertenecer a este grupo significaba que uno formaba parte de la élite criminal del mundo.

SIGNATARIOS DE LA UNIDAD PARA LA PAZ

  • Fundadores de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
  • Nombre verdadero: Diego Murillo, sucesor de Pablo Escobar y jefe de la estructura criminal de Medellín denominada “Oficina de Envigado”.
  • Nombre verdadero: Carlos Mario Jiménez, jefe de la facción más poderosa de las AUC, el Bloque Central Bolívar (BCB).
  • Nombre verdadero: Rodrigo Pérez, jefe militar del BCB y segundo hombre de Macaco.
  • Nombre verdadero: Guillermo Pérez, hermano de Julián Bolívar. Dirigió operaciones de narcotráfico del BCB en el departamento de Nariño, en la costa Pacífica colombiana.
  • Nombre verdadero: Carlos Mario Aguilar Echeverri, uno de los principales capos de la Oficina de Envigado, que le reportaba a Don Berna. Era conocido en Medellín como “Rogelio”.
  • Su nombre verdadero nunca ha sido identificado; hasta el día de hoy el Estado colombiano no sabe quién es.

Revisamos todos los nombres de esa época, y pudimos identificar a casi todas las personas que se ocultan tras los alias, excepto a Sebastián Colmenares. Mientras los paramilitares se desmovilizaban, Colmenares no apareció, y mucho menos se entregó. Nunca más se supo de él. Siempre pensamos que se trataba de un narcotraficante paramilitar de alto nivel que decidió no someterse, permaneció por fuera del proceso de paz y desapareció en las sombras de la criminalidad, hasta que ya nadie estuvo seguro de si realmente había existido.

Memo Fantasma

El alias Memo Fantasma ha estado sonando en el hampa de Medellín desde la época de Pablo Escobar; fue vinculado al Cartel de Medellín, y luego a la organización que le sucedió, la Oficina de Envigado, dirigida por Don Berna. Muchos habían oído hablar de este alias, pero nadie parecía haber conocido a la persona asociada al sobrenombre o tenía idea de cuál era su verdadero nombre. La policía de Colombia lo consideraba un actor de bajo nivel, que no merecía la suficiente atención de los organismos de seguridad. Sin embargo, las pocas veces que lo mencionaron, nuestras fuentes en el mundo criminal indicaban que se trataba de un sofisticado traficante que operaba en los más altos niveles. A pesar de lo que decía la policía, mantuvimos abierto nuestro expediente de Memo Fantasma, pero la investigación estuvo inactiva durante años, pues las menciones esporádicas a él nunca eran suficientes como para que se le prestara mucha atención.

La situación cambió el 18 de julio de 2015, cuando Ana María Cristancho publicó un artículo en uno de los principales periódicos de Colombia, El Espectador, titulado “El narco fantasma”.

 

El artículo no solo mencionaba a Sebastián Colmenares y a Memo Fantasma, también sostenía que eran la misma persona. Afirmaba que Colmenares era socio del jefe paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias “Macaco”, y que había logrado borrar todos sus antecedentes, así como sus vínculos con el frente de lucha más poderoso de las AUC, el Bloque Central Bolívar (BCB), y lo hizo con el fin de “continuar el negocio ilegal del bloque que comandaba […] y vigilar el dinero y las propiedades del BCB”.

Un artículo posterior, publicado dos días después, ofrecía más detalles.

Los artículos afirman que Memo Fantasma comenzó su carrera criminal en el Cartel de Medellín, como parte del clan criminal Galeano, ubicado en la ciudad de Nueva York, donde recibía cargamentos de cocaína. Cuando Pablo Escobar mató al jefe del clan Galeano en 1992, aduciendo que no le estaba pagando sus deudas, Memo Fantasma acababa de recibir un gran cargamento. Como ya no tenía jefe al cual responder, podía quedarse con el dinero de la venta. Ese fue el capital semilla que le permitió comenzar a mover sus propios cargamentos de drogas e ingresar a las grandes ligas de narcotraficantes.

El artículo dice que Memo Fantasma regresó a Colombia en 1996 y se estableció en el municipio de Caucasia (no muy lejos de Santa Fe de Ralito, donde se firmó el documento de las AUC mencionado antes). Esto ocurrió al mismo tiempo en que los paramilitares se expandían desde su base en la región de Urabá, en el norte de Colombia, y se preparaban para lanzarse como un movimiento nacional en 1997. Los paramilitares llegaron a Caucasia y los narcotraficantes vinieron a unírseles; entre ellos se encontraban Macaco y Memo Fantasma, quienes fueron encargados por Vicente Castaño, uno de los fundadores de las AUC, de crear una unidad paramilitar y “conquistar” el sur del departamento de Bolívar. Macaco y Memo Fantasma pagaron hasta cinco millones de dólares a los Castaño para formar parte de las AUC.

     VEA TAMBIÉN: Exjefe paramilitar regresa a Colombia: ¿podrá restablecer su emporio narcotraficante?

Testimonio Revelador

La historia del periodo de Memo en las AUC se basa en el testimonio que algunos paramilitares presentaron como parte de la legislación especial que constituyó el centro del acuerdo de paz con el gobierno: la Ley de Justicia y Paz. Quienes dijeran la verdad ante la Sala de Justicia y Paz, que fue conformada para supervisar los aspectos jurídicos de la desmovilización de los paramilitares, recibirían un máximo de ocho años de prisión, sin importar lo horribles que hubieran sido sus crímenes, y estarían protegidos contra la extradición.

En los artículos de El Espectador se citaron dos testimonios clave en los tribunales de Justicia y Paz, los de José Germán Sena Pico, alias “Nico”, y Juan Carlos Sierra, alias “El Tuso”. Nico era miembro del BCB, y el Tuso Sierra era un narcotraficante que movía grandes cantidades de cocaína con la protección de los paramilitares.

Nico describió gran parte de la operación de narcotráfico; dijo que entre 1997 y 1999 un laboratorio de drogas produjo 65 toneladas de cocaína, 50 de las cuales, marcadas con un escorpión, pertenecían a Memo Fantasma y a Macaco. La droga salía de Colombia a través de la costa Caribe en botes y lanchas rápidas. Entre 2000 y 2001, en un laboratorio similar, se procesaron 78 toneladas de cocaína, de las cuales 50 pertenecían a Memo y a Macaco, y en este caso salían a través de la costa Pacífica.

El Tuso, el narcotraficante que trabajó con las AUC y fue extraditado en 2008 como muchos otros altos mandos paramilitares, declaró que Memo Fantasma era un importante narcotraficante que trabajaba con varios líderes paramilitares, no solo con Macaco, dado que tenía una importante conexión con narcotraficantes mexicanos.

Lo mejor de todo es que los artículos revelaron el nombre verdadero de Memo Fantasma: Guillermo Camacho.

En InSight Crime escribimos nuestro propio artículo en el que describimos el trabajo que El Espectador y Pacifista habían hecho y comenzamos a buscar a Camacho.

Encontramos una grabación de Germán Sena Pico mientras era interrogado por una fiscal de Justicia y Paz en 2015.

 

Fiscal: ¿Quién es Memo Fantasma?

Pico: Memo Fantasma era la segunda persona después de Macaco en el Bloque Central Bolívar.

Fiscal: ¿Y quién es? ¿Dónde está? ¿De dónde era?

GSP: Memo Fantasma es de Envigado, Antioquia.

Fiscal: ¿Cómo se llamaba?

GSP: El nombre, porque yo estuve con él, a mí me tocó estar con él como correo humano, estuve con él de la mano, se llama Guillermo Camacho.

Fiscal: No existe ese nombre, no está registrado. Nosotros lo hemos buscado, rebuscado, con todas las registradurías. Yo he mandado órdenes de policía judicial, he hecho inspección judicial. Ese nombre no existe.

GSP: Doctora, mire, por que tengo de la vista ese nombre. Una vez veníamos de la finca de Buenavista, veníamos para el aeropuerto de Caucasia, porque él tenía un avión.

Fiscal: ¿Cómo se llamará él? No se llama Guillermo Camacho

GSP: Bueno, la chapa de él siempre fue Sebastián Colmenares o Memo Fantasma.

 

A nosotros no nos fue mejor que a la fiscal. Tampoco pudimos dar con Guillermo Camacho. El Fantasma se dejó ver por un momento, pero volvió a desaparecer.

*Los narcotraficantes de hoy en día se han dado cuenta de que su mejor protección no es un ejército privado, sino más bien el anonimato total. A estos barones de la droga los hemos llamado “Los Invisibles”. Este es el primer artículo de una serie de seis partes sobre uno de esos traficantes, alias “Memo Fantasma”. Lea la investigación completa aquí.

*La investigación para este artículo fue realizada por Ángela Olaya, Ana María Cristancho, Laura Alonso, Javier Villalba, Juan Diego Cárdenas y María Alejandra Navarrete.

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