Aleteo de tiburones alcanza proporciones industriales en Ecuador

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Funcionarios ecuatorianos informaron sobre la incautación de un gran número de aletas de tiburón durante el último mes, una situación que muestra lo generalizada que es la práctica del aleteo de tiburón en la costa Pacífica del país —actividad que abastece el creciente mercado asiático—.

El 27 de mayo, la Fiscalía General del Estado de Ecuador informó, por medio de su cuenta oficial de Twitter, sobre la incautación de 100.000 aletas de tiburón en nueve operaciones realizadas por las autoridades en la ciudad de Manta —una cifra que indicaría que más de 30.000 tiburones han sido atrapados y matados—.

Sin embargo, el ministro del Interior ecuatoriano, José Serrano Salgado—quien también envió mensajes por medio de Twitter— informó sobre la incautación de unas 200.000 aletas de tiburón. “Debemos terminar con estas redes delincuenciales que no miran más que su interés económico destruyendo el ecosistema”, publicó Serrano en su cuenta de Twitter, junto con la fotografía de las aletas confiscadas.

Las autoridades también encontraron equipos para cazar tiburones, y químicos para preservar las aletas, y según el fiscal general, hasta el momento cinco personas han sido capturadas en relación con el caso.

Si bien la ley ecuatoriana prohíbe el aleteo de tiburón —que consiste en cortar las aletas de los tiburones para luego arrojar sus cuerpos al océano—, en el año 2007 el presidente Rafael Correa suscribió un decreto que permite la comercialización de aletas de tiburones capturados de forma “incidental”.

Análisis de InSight Crime

La espantosa práctica del aleteo de tiburón ha sido vista en otros países latinoamericanos con poblaciones significativas de tiburones en sus aguas costeras, y es una actividad que ha seguido creciendo a pesar de las quejas de los grupos defensores de la naturaleza por sus efectos negativos sobre el medio ambiente —los cuales han llevado a su prohibición en varios países—.

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La demanda de Asia estimula este comercio ilícito, mediante el cual las aletas de tiburón secas —usadas para hacer sopa— pueden ser vendidas por hasta US$700 el kilo. En Latinoamérica, el puerto pesquero de Manta, Ecuador, es conocido como una de las principales fuentes de exportación de aletas de tiburón para abastecer el mercado asiático.

Sin embargo, y a pesar de ser una actividad ilegal, pescadores y otros negociantes criminales claramente han conseguido continuar con esta práctica, usando los vacíos legales de las regulaciones para aprovecharse de los altos precios y del potencial para generar grandes ganancias.

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