Corrupción policial vinculada a ola de violencia en Rosario, Argentina

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La incapacidad de Argentina para contener una nueva ola de muertes violentas en la ciudad de Rosario, ubicada estratégicamente, pone al descubierto un panorama criminal profundamente fragmentado y la necesidad apremiante de reformas de fondo para controlar la corrupción policial, un factor clave para la violencia.

Desde que comenzó 2020, 50 personas han sido asesinadas en Rosario, según cifras oficiales divulgadas por Clarín.

Aunque los delitos comunes son la causa de algunos homicidios, se cree que muchos son resultado de la pugna entre organizaciones narcotraficantes por el control del mercado local en expansión.

Entre los asesinados se encuentran Agustina Thomson, una joven con antecedentes de narcotráfico, quien fue ultimada de tres disparos en el pecho; Dora Ercilia Quiroga, madre de seis hijos, quien quedó atrapada en el fuego cruzado durante un enfrentamiento entre dos bandas de narcotraficantes, y Ángel Adrián Avaca, hijo de un exagente de policía condenado por colusión con Los Monos, una de las agrupaciones criminales más poderosas de la provincia de Santa Fe, donde se encuentra Rosario.

Uno de los episodios que más dio de qué hablar ocurrió el 17 de febrero, cuando Cristopher Nahuel Albornoz, hijo de Miguel Ángel Albornoz, alias “Caracú”, sentenciado por narcotráfico, fue muerto a tiros mientras conducía una motocicleta. La pareja de Cristopher y su hija de un año de edad también murieron en el hecho, según informes de La Nación.

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Germán Montenegro, secretario de seguridad de la provincia de Santa Fe, declaró a Telam que la violencia tiene relación directa con la “aparición de segundos y terceros escalones” en las organizaciones criminales luego de la captura de sus jefes, o con “nuevas bandas que están peleando por el territorio”.

Con una población de cerca de 1,2 millones de habitantes, Rosario es la tercera mayor ciudad de Argentina. Su ubicación estratégica entre Bolivia y Paraguay, dos países productores de drogas, y la ciudad de Buenos Aires, donde hay un gran mercado de consumo y es puerto de salida hacia Europa, hace de esta ciudad una parada táctica en el corredor de drogas suramericano.

Con el tiempo, en Rosario también se ha desarrollado un mercado de consumo. Desde 2018, tras la condena por narcotráfico de los cabecillas de Los Monos, una de las organizaciones locales más poderosas, varios grupos grandes y pequeños se están disputando el control de la plaza, muchas veces con el uso de violencia letal y colusión con la policía local.

Análisis de InSight Crime

Aunque la violencia no es rara en Rosario, este repunte de los homicidios señala una compleja historia sobre la dinámica local entre grupos criminales y la policía, y revela un vacío de poder que muchos intentan llenar.

Por décadas, las organizaciones narcotraficantes locales coexistieron en la ciudad, cada una al mando de un mercado específico, trabajando muchas veces hombro a hombro con la policía local.

Pero el homicidio de un importante narco en 2013 desató una sangrienta lucha entre dos clanes que terminó llevando a prisión a docenas de criminales —y a los policías que les ayudaban—.

La depuración de la policía no paró ahí.

En mayo de 2019, el jefe de la Policía Federal de Santa Fe y otros cinco agentes fueron detenidos por cargos de narcotráfico, luego de que los investigadores les hallaran en su oficina casi 100 bolsitas de cocaína que habían confiscado a un expendedor local, más grandes sumas de dinero en sus domicilios.

Expertos consultados por InSight Crime señalan que las recientes condenas de delincuentes de alto perfil y la depuración que se adelanta en la Policía han dejado un vacío de poder que se ha vuelto terreno fértil para la violencia.

“Las confrontaciones de hoy están lideradas por los ‘mandos medios’, porque los líderes están tras las rejas. Estos no tienen conexiones con los nuevos agentes de policía que remplazaron a los anteriores después de la depuración. Sin la policía, la organización criminal no puede funcionar. La policía les brinda información, logística y cierta sofisticación que estos grupos locales no tienen”, afirmó el periodista e investigador Germán de los Santos en entrevista con InSight Crime.

Por otro lado, los agentes de policía siguen trabajando en condiciones que los hacen blancos fáciles para organizaciones que les ofrecen acceso rápido a dinero en efectivo.

El resultado de este proceso es que tanto las autoridades como las organizaciones criminales compiten por la atención de los agentes de policía, quienes seguramente estarán del lado de quien les dé lo que necesitan.

De los Santos señaló que las organizaciones locales se aprovechan de ese caos para “intentar controlar nuevos territorios, empleando la violencia”.

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Las autoridades locales afirman que están trabajando para reformar la Policía.

“Tenemos trazado un plan que va a manifestarse en una serie de proyectos de ley que apuntan a estructurar un sistema con una policía de seguridad profesionalizada, con una de investigaciones criminales separada del resto; vamos a armar un cuerpo de control externo que investigue la corrupción de la institución”, declaró Germán Montenegro, secretario de seguridad de la provincia de Santa Fe, en entrevista con Telam.

A nivel nacional, la ministra de Seguridad de Argentina, Sabina Frederic, también hizo énfasis en la necesidad de una reforma profunda de las fuerzas de seguridad, incluyendo el reclutamiento de más agentes de policía y la inversión de mayores recursos en investigaciones criminales.

Aunque existe una necesidad innegable de reestructurar los cuerpos de policía en Argentina, combatir la arraigada corrupción en la institución requerirá un compromiso de largo plazo de las administraciones actuales y venideras, una tarea que ha resultado ser cuesta arriba en Argentina.

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