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ANÁLISIS

La MS13 es una pandilla callejera, no un cartel de drogas, y la diferencia importa

EL SALVADOR / 21 MAR 2018 POR STEVEN DUDLEY* ES

En octubre de 2017, el fiscal general estadounidense Jeff Sessions anunciaba que perseguir a la Mara Salvatrucha, la pandilla salvadoreña también conocida como MS13, era “prioridad para nuestras fuerzas de tarea para el control de las drogas y el crimen organizado”.

“Las drogas están matando a más estadounidenses que nunca, gracias en gran medida a poderosos carteles y pandillas internacionales y a nuevos opioides sintéticos letales como el fentanilo”, dijo Sessions a la Asociación Internacional de Jefes de Policía el 23 de octubre. Concluyó que “quizás la más brutal de esas pandillas sea la MS13”.

El presidente Donald Trump también recurre a la MS13 para justificar las medidas de fuerza de su administración contra la inmigración ilegal procedente de Latinoamérica. En su discurso sobre el Estado de la Unión de 2018, Trump amenazó con “destruir” al grupo, al que responsabiliza de la avalancha de brutales homicidios de alto perfil en Boston, Long IslandVirginia y otras ciudades.

*Este artículo apareció publicado originalmente en The Conversation y se reproduce con autorización. Lea el artículo original aquí.

Hay un problema aquí, y no es solo el carácter violento de la MS13. Es que la administración Trump está totalmente equivocada sobre esta agrupación.

Pasé tres años en el Centro de Estudios Latinoamericanos de American University relatando las andanzas de la MS13 para el National Institute of Justice. Nuestro estudio demuestra que la MS13 no es ni un cartel de la droga ni tuvo su origen en la inmigración ilegal

Esa idea errónea está motivando políticas fallidas de Estados Unidos, que, a mi entender, tendrán pocos resultados para detener la MS13.

La MS13 no es ninguna Yakuza

La administración Trump no es la primera con una visión errónea de la MS13, que lleva a cabo brutales pero rudimentarias actividades criminales, como extorsión, robo a mano armada y homicidio en todo Centroamérica, México y Estados Unidos.

En 2012, en la era Obama, el Departamento del Tesoro incluyó al grupo en una “Lista de Capos” del crimen organizado, junto a la Camorra italiana, el grupo criminal mexicano Los Zetas, y la mafia japonesa conocida como Yakuza.

Esa designación dio al grupo un estatus enrarecido en el hampa, seguramente para el beneplácito de sus líderes.

Pero nuestra investigación halló que la MS13 difícilmente puede considerarse una lucrativa red de cerebros criminales. Más bien es una coalición inarticulada de jóvenes que muchas veces han pasado por la cárcel, quienes operan en condiciones precarias en una gran extensión geográfica.

La MS13 nació en Los Angeles a comienzos de la década de 1980, cuando llegaron a California cientos de salvadoreños, muchos escapando de la guerra civil en su país. Como muchos otros grupos de inmigrantes latinos, los recién llegados formaron una pandilla juvenil como las que proliferaban en Los Angeles en aquella época.

En ese entonces, igual que ahora, la MS13 hacía de familia sustituta para sus miembros, aunque no benévola. La MS13 creó una identidad colectiva, construida y reforzada por experiencias comunes, en especial expresiones de violencia y control social.

Desde entonces se ha propagado a cerca de media docena de países en dos continentes y se ha convertido en fuente importante de violencia desestabilizadora, en particular la extorsión, en países centroamericanos como El Salvador y Honduras.

Ineptos para el expendio de drogas

Lo que la MS13 no ha hecho es afianzar ninguna posición firme real en el mercado internacional de narcotráfico.

No por que no lo hubieran intentado. Nuestro estudio halló que los líderes de la MS13 han hecho varios intentos de entrar al negocio de las drogas ilícitas.

A comienzos de los años 2000, un jefe de la MS13 llamado Nelson Comandari trató de usar la infraestructura criminal nacional de la pandilla para crear una red de distribución de narcóticos. Comandari estaba bien posicionado para hacerlo. Tenía poder en Los Angeles, tenía conexiones familiares en el hampa desde El Salvador hasta Colombia y gozaba de vínculos sólidos con la temida mafia mexicana, una pandilla carcelaria basada en Estados Unidos con conexiones con carteles mexicanos.

Pero en pocos años, Comandari estaba frustrado. Los miembros de la MS13 resultaron ser ineptos para el tráfico de drogas y reacios a cualquier idea. Nuestra investigación halló que la pandilla no veía con buenos ojos a quienes pusieran sus propios asuntos sobre los colectivos.

VEA TAMBIÉN: InDepth Cobertura sobre Pandillas

Comandari eventualmente entró al negocio de las drogas por sí solo y fue capturado a lo largo de la frontera entre Texas y México en 2006.

Pocos años después, uno de los exlugartenientes de Comandari también intentó crear una ruta internacional de distribución entre la MS13 y el cartel mexicano de la droga La Familia. El acuerdo fue frustrado por las autoridades estadounidenses en 2013.

Los intentos posteriores perdieron el impulso mucho más pronto. En 2015, un mando medio de la MS13 de nombre Larry Navarete —Navarrete, en algunos documentos federales— comenzó a traficar con pequeños cargamentos de metanfetaminas hacia Estados Unidos por medio de un miembro de la MS13 que operaba desde Tijuana.

En un lapso de dos años, la policía de cada lado de la frontera había capturado a Navarete, quien operaba desde el sistema penitenciario del estado de California, y a su socio mexicano.

¿Por qué la MS13 fracasa en el narcotráfico?

Una razón por la que la MS13 ha fallado tan rotundamente en sus intentos de convertirse en cartel de la droga es que es más un club social que una empresa criminal lucrativa. Sus miembros se benefician de la camaradería y el apoyo que conlleva el pertenecer a ella, no de acumular compensaciones monetarias que nunca llegan.

Los empresarios que buscan aprovechar su red para su beneficio financiero encuentran la misma fuerte resistencia que echó a pique los planes de Comandari.

Quizás lo más importante sea que la MS13 es una organización descentralizada sin una jerarquía clara. La pandilla se divide en células locales llamadas “clicas” que son más leales entre sí que con las diferentes ranflas que operan alrededor de Centroamérica y Estados Unidos.

En pocas palabras, no hay líder. Así que lo que en el papel parece una extraordinaria infraestructura integrada para el trasiego de productos ilícitos entre fronteras es realmente una dispareja organización federalizada de subestructuras con intereses muy locales, muchas veces en conflicto.

Finalmente, la MS13 está más dedicada a la gratificación inmediata. Ayuda a sus miembros a medio vivir y tener algunas emociones criminales peligrosas. Por eso es básica la extorsión. ¿Cadenas de suministro complejas? No tanto.

Políticas fallidas de Estados Unidos

Estos hallazgos indican que Estados Unidos podría combatir mejor a la MS13 protegiendo mejor a los jóvenes latinos vulnerables reclutados por ella,  patrocinando programas sociales y educativas en barrios de migrantes, por ejemplo, o financiando más programas de intervención a la primera infancia.

En lugar de eso, la administración Trump ha usado a la MS13 como complemento para beneficiar su agenda política.

VEA TAMBIÉN: Investigación especial sobre la MS13

Para justificar la imposición de restricciones draconianas a la inmigración, Trump y Sessions relacionan los delitos de la MS13 con el tema de la inmigración ilegal. Su retórica señala que el grupo se compone de migrantes indocumentados, lo que es una prueba de que los migrantes son peligrosos. En realidad, las estadísticas confirman que las tasas de comisión de delitos por parte de inmigrantes son mucho menores que de ciudadanos nacidos en suelo estadounidense.

Fusionar la pandilla con los sofisticados carteles que actualmente libran una sangrienta guerra en México atiende igualmente a la meta de la administración de endurecer los controles fronterizos. Hace que la MS13 parezca un invasor extranjero, en lugar de una amenaza interna. Sospecho que esa retórica también puede ayudar a Trump a defender la postura de que Estados Unidos debe imponer sentencias de prisión más largas a delitos relacionados con narcotráfico.

Lo que no harán las tácticas de control por la fuerza orientadas a terminar con la inmigración y desmontar los carteles de drogas es atender los verdaderos problemas que plantea la MS13, junto con otras pandillas callejeras muy violentas y muy estadounidenses.

*Este artículo apareció publicado originalmente en The Conversation y se reproduce con autorización. Lea el artículo original aquí.

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