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Uno de los principales comandantes de las disidencias de las FARC, alias “Gentil Duarte” lleva más de un año intentando reconstruir las unidades disueltas de la exguerrilla en una fuerza de combate unida. Ahora que hay por lo menos 2.500 combatientes por fuera del proceso de paz ¿será Duarte capaz de convocarlos a sus filas?

El proyecto de una posible unificación comenzó a tomar forma en octubre de 2017, casi un año después de la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

El plan inicial tenía previsto extender la influencia de lo que las disidencias reconocen como el Bloque Oriental en el sur del país, y tenía como meta tener entre 6 y 8 mil hombres armados para el 2019.

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Haciendo uso del trabajo popular y el liderazgo político que logró adquirir dentro de las FARC, Gentil Duarte se propuso encontrar a otros jefes de disidencias en el país y desde Venezuela, done estaba ubicado, ha ido enviando a algunos de sus hombres más cercanos como emisarios en busca de esta hegemonía.

Como principal articulador de estas estructuras designó a Édgar Mesías Salgado Aragón, alias “Rodrigo Cadete,” quien tras 36 años en las FARC y su pasó por los frentes 14, 15, 16, 27 y 49, fue encargado de la expansión territorial de esta disidencia en el sur de Colombia. Una de sus primeras tareas fue negociar con grupos disidentes en Nariño, con el fin de lograr el acceso a las rutas de salida del narcotráfico por el río Patía.

Para consolidar su expansión en este departamento, Duarte también contactó al ahora fallecido Walter Patricio Arizala, alias “Guacho,” de acuerdo con dos cartas publicadas por El Comercio en Ecuador.

Sin embargo, esta alianza no prosperó, pues luego de llamar la atención de las autoridades con el asesinato de 13 líderes indígenas en el municipio de El Charco en septiembre del 2018, Duarte prefirió negociar con otras estructuras disidentes en la zona como el Frente Stiven González.

De acuerdo con una alerta temprana de la Defensoría del Pueblo publicada el año pasado, las disidencias del Frente 10 en el departamento de Arauca también podrían hacer parte de este proceso de unificación que lidera Duarte.

Se cree que su labor podría centrarse en proporcionar apoyo logístico y de fortalecimiento a través de la entrega de suministros y armamentos transportados desde Venezuela, logrando así su articulación con el frente de Duarte y consolidando su estrategia de recuperar el control y los territorios que antiguamente ocupaban las FARC.

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De acuerdo con el Observatorio Colombiano de Crimen Organizado en el país hay alrededor de 2.500 disidentes de las FARC en armas. Están distribuidos en 37 estructuras, presentes en 18 departamentos y 120 municipios, particularmente en zonas históricas de influencia de las FARC como Guaviare, Vichada, Cauca, Putumayo y Meta.

Sin embargo, no todas son iguales. Se diferencian en número, capacidad armada, liderazgos, alianzas con otros grupos, disputas y penetración en economías ilegales. Por ejemplo, los frentes primero y séptimo, a cargo de Iván Mordisco y Gentil Duarte respectivamente, son los grupos disidentes más importantes.

Además del control de economías criminales, tienen presencia en tres departamentos y alianzas con diferentes organizaciones ilegales. Su fortalecimiento criminal los ha convertido en uno de los principales retos para la seguridad en la zona, por lo que el Gobierno Nacional ordenó bombardearlos en 2017.

Además, como socios principales de esta unificación, Duarte y Mordisco operan dentro de una estructura federada en la que cada uno esta a cargo de su frente pero mantienen una alianza en el control del territorio y las rutas del narcotráfico que tienen hacía Venezuela y Brasil a través de los departamentos de Guaviare, Vaupés y Guainía.

Así mismo, en su relacionamiento con la comunidad buscan mostrarse como aliados que mantiene la ideología guerrillera y tildan de traidores a quienes firmaron el Acuerdo Final con el Gobierno.

Por estas razones se han propuesto rearmar y organizar a las estructuras disidentes que están dispersas a lo largo del país y, aunque se han topado con dificultades, ya han logrado alianzas con los frentes 14, 16, 17, 27, 40, 42, 43, y 44.

Análisis Insight Crime

El reacomodo de las diferentes unidades disidentes de las FARC en una estructura unificada podría significar el regreso al combate de una organización con el mismo poder militar que tenía aquella guerrilla poco antes de su desmovilización. Sin embargo, esta vez el incentivo parecería ser más económico que ideológico y su estrategia de lucha, la haría más difícil de combatir.

No obstante, el camino a una eventual unificación no es tan sencillo. Tras la muerte de Cadete y Guacho en dos operativos adelantados por las Fuerzas Militares colombianas dentro de la Operación Zeus el año pasado, el proceso de unificación perdió a dos grandes figuras. Sin Cadete, Duarte queda sin su articulador más ideológico y carismático.

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Por esta razón es probable que no todos los disidentes concuerdan automáticamente con el proyecto de Duarte. Varios prefieren mantener su pequeña empresa de narcotráfico más a nivel local que a una escala nacional o incluso multinacional.

Este es el caso de alias Sinaloa del Frente 48 en Putumayo, quien rechazó la propuesta de Duarte el año pasado, antes de su muerte en marzo de 2019, porque prefería seguir traficando por su cuenta y evitar estar en el ojo de las autoridades.

Así mismo, dados los conocimientos en actividades criminales como narcotráfico y explotación ilegal de oro, es probable que unidades disidentes a lo largo del país que aún no se han unido a Duarte estén en demanda, y otros grupos ilegales como el ELN o los Urabeños quieran reclutarlos dentro de sus filas.

Los operativos que viene adelantado la Fuerza Pública en contra de las disidencias son otro de los obstáculos que enfrenta esta potencial unificación. A pesar de que en materia de seguridad el gobierno actual tiene en la mira al ELN, no ha dejado de perseguir a las disidencias.

La muerte de Guacho en diciembre del año pasado y la de Cadete en el mes de febrero dentro de la Operación Zeus de las Fuerzas Militares así lo demuestran. Esto sin mencionar que las autoridades ofrecen una recompensa de $2.000 millones de pesos por información que conduzca a la captura de Gentil.

En caso de concretarse esta alianza, las disidencias tendrían el control de un corredor para el tráfico de cocaína, oro y armas desde el Pacífico, pasando por las fronteras con Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela hasta Arauca. Lo que supone una ventaja competitiva para fortalecer las alianzas criminales que tiene Duarte alrededor del negocio de la marihuana con carteles en Brasil y de la cocaína con carteles en México.

La forma en que se desarrolle esta potencial unificación dependerá no solo de la velocidad a las que las autoridades puedan salirle al paso a Duarte y de la capacidad que tenga este para adaptarse y modificar su estrategia. Esta articulación también dependerá del papel que entren a jugar dentro de las disidencias actores de gran envergadura como Luciano Marín Arango, alias “Iván Márquez,” y Hernán Darío Velásquez, alias “El Paisa.”

A pesar de que ambos aún se encuentran dentro del proceso de paz y han sido llamados para declarar ante la Justicia Especial, lo cierto es que en los últimos meses se han distanciado del proceso y han puesto obstáculos para cumplir sus compromisos. Dada su prominencia y trayectoria en las antiguas FARC, de convertirse en disidentes, podrían tener la capacidad de convocatoria que aun le hace falta a Duarte para establecer una hegemonía criminal de escala nacional.

*Este artículo fue escrito con la colaboración del Observatorio Colombiano de Crimen Organizado, de InSight Crime.

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