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Durante los últimos dos meses, las autoridades de Colombia han detenido a tres líderes de la Oficina de Envigado, una mafia que tuvo sus inicios durante la época de Pablo Escobar y que ha controlado el hampa de la ciudad después de su muerte. Pero esos arrestos ya no tienen el mismo impacto que solían tener.

John Eduard Barbosa, exagente de policía que además era lugarteniente de la Oficina, fue arrestado el 8 de mayo mientras conducía su auto en Sabaneta, municipio del Área Metropolitana de Medellín. Recientemente había regresado de España, donde se refugiaba tras un atentado contra su vida a manos de un sicario.

Por la cabeza de Barbosa, quien trabajaba en la unidad de investigaciones especiales de la policía cuando comenzó a trabajar también con la Oficina, se ofrecía una recompensa de 50 millones de pesos (unos US$15.000). Según informó El Colombiano, antes de su captura el hombre había estado buscando cirujanos plásticos para transformar su apariencia.

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Hace un mes, Mauricio Zapata Orozco, alias “Chicho”, fue arrestado en la casa de sus padres en el exclusivo sector de El Poblado. Orozco lideraba “La Terraza”, uno de los subgrupos de la Oficina, desde que salió de la cárcel hacía dos años. Un fiscal del crimen organizado dijo en el momento de la captura de Orozco que su carrera criminal se ha extendido por más de dos décadas y que se sospecha que ha participado en 18 asesinatos.

Las autoridades dieron además con Iván Darío Suárez Muñoz, alias “Iván el Barbado”, durante una redada el 23 de marzo en un lujoso edificio de apartamentos en el municipio de Piedecuesta, ubicado en el departamento de Santander, al noroeste del país.

Las autoridades de Medellín han presentado estos arrestos como evidencia de que sus esfuerzos por desmantelar el grupo están siendo efectivos.

Después de las recientes capturas, el alcalde Federico Gutiérrez publicó un gráfico en Twitter, en el que se aprecian las fotos de 20 miembros de la Oficina, 15 de las cuales están tachadas con cruces rojas, mientras que las demás cinco son solo siluetas de individuos sin identificar. El gráfico va acompañado del título “Cuerpo colegiado La Oficina”.

Análisis de InSight Crime

Hace tiempo que el conglomerado de grupos criminales que conforman la Oficina de Envigado aprendió a operar sin una única cabeza visible, y que su fragmentado liderazgo actual es remplazado con facilidad, aunque es menos poderoso.

La Oficina de Envigado se inició como una agencia de cobro de deudas de Pablo Escobar, y luego se convirtió en una poderosa mafia bajo el liderazgo paramilitar de Diego Fernando Murillo, alias “Don Berna”. Bajo su mandato, la Oficina, como la denominaron los pobladores locales, llegó a controlar casi todo el crimen organizado de Medellín y los municipios aledaños durante un período de 30 años.

Don Berna, consciente de que la violencia era perjudicial para el negocio, redujo la cantidad de asesinatos y reunió a las violentas bandas callejeras, conocidas como combos, mediante las “oficinas de cobro” de deudas. Cada una de estas comandaba varios combos, controlaba sus propios territorios, establecía estructuras de lavado de dinero y contrataba a los asesinos a sueldo, conocidos como “sicarios”.

“La Oficina surgió como una forma de resolver los conflictos de la mafia”, dice el periodista Juan Diego Restrepo, autor de un libro sobre la Oficina y editor de Verdadabierta, un sitio web colombiano de periodismo investigativo.

Sin embargo, la extradición de Don Berna en 2008 dejó un gran vacío de poder en el hampa de la ciudad. Durante los siguientes cuatro años, la violencia se impuso dado que dos de sus principales lugartenientes se enfrentaron por el control del grupo. Como resultado de esta lucha interna, la organización quedó dividida y vulnerable frente a Los Urabeños, un grupo narcotraficante que proveía de efectivo y armas a los combos en su intento de apoderarse violentamente de la ciudad.

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Esta ola de violencia llegó a su fin cuando los líderes de cinco facciones de la Oficina se unieron para llegar a un acuerdo con Los Urabeños en una reunión llevada a cabo en una lujosa hacienda en San Jerónimo, un municipio ubicado a una hora de Medellín. Un poderoso grupo de criminales de cuello blanco negoció el pacto, tras el cual hubo un nuevo período de paz y profundos cambios en la Oficina.

La organización ya no opera como una estructura vertical, sino que está conformada por varias facciones, cuyos líderes no son capos de la droga a la manera de Escobar, o comandantes paramilitares como Don Berna, sino gánsteres experimentados.

Los grupos que conforman la Oficina actualmente no actúan tanto como el otrora poderoso Cartel de Medellín, sino más bien como mafias independientes que prestan servicios criminales, entre ellas el cobro de deudas por drogas, los asesinatos por contrato o la protección de cargamentos de cocaína para los carteles mexicanos. Las mafias, conocidas por las autoridades como Organizaciones Delincuenciales Integradas al Narcotráfico (ODIN), con nombres como “Pachelly”, “La Unión”, “Robledo” y “Trianón”, también reciben una tajada de todas las actividades criminales que operan en sus dominios, las cuales incluyen las redes de extorsión, el microtráfico, el robo, el tráfico sexual, el contrabando e incluso los préstamos a usura, conocidos como “gota a gota”.

Por ejemplo, Juan Carlos Mesa, alias “Tom”, era el líder de un combo llamado “Los Chatas” cuando empezó a ascender dentro de la estructura de la Oficina en el año 2012. Obtuvo su poder gracias a su papel como el principal enlace entre la Oficina y Los Urabeños, que habían establecido laboratorios de producción de cocaína en zonas rurales de Antioquia.

Aunque Tom tenía poder dentro de la organización, se peleó con una antigua oficina de cobro, denominada “La Terraza”, que operaba al mando de un líder encarcelado llamado José Muñoz Martínez, alias “Douglas”.

Las autoridades arrestaron a Tom en diciembre de 2017 cuando celebraba su cumpleaños número 50, gracias al rastreo de un pedido de varias cajas de su whisky favorito, Chivas Porcelana. Entre los asistentes a la fiesta se encontraban “Iván el Barbado” y Jhon Jairo Velásquez, alias “Popeye”, uno de los principales sicarios de Escobar.

Un periodista que se ha dedicado a investigar la Oficina de Envigado y pidió que su nombre se mantuviera en reserva, le dijo a InSight Crime que, aunque Iván es un narcotraficante aliado de la Oficina, no tiene gran influencia en la ciudad. Dice que el arresto de Iván no afectará a la organización.

Agrega que lo mismo ocurre con el reciente arresto de Zapata Orozco, el líder de La Terraza, que seguía subordinado a Douglas.

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Sin embargo, los recientes arrestos han producido un resultado visible: un aumento en los asesinatos.

La fragmentación del liderazgo de la Oficina les ha proporcionado a las pandillas callejeras la libertad para dedicarse a saldar cuentas y hacer demostraciones de poder, dados los cambios en las dinámicas criminales del hampa, dice Restrepo.

“Las lealtades y los acuerdos son frágiles”, afirma, “y como resultado se ha dado una explosión de la violencia”.

En 2018 hubo más de 600 asesinatos en Medellín, la cifra más alta desde 2014. A mediados de abril de este año, los homicidios habían superado los 200. El mes cerró con 71 asesinatos, el mayor número de muertes violentas durante un solo mes en los últimos tres años.

Actualmente, Tom y Douglas, quienes están siendo pedidos en extradición por Estados Unidos, controlan desde la cárcel a varias facciones de la Oficina y continúan enfrentándose mediante sus combos en las calles. No parece haber nadie con la capacidad o el apoyo suficiente para tomar el control de la Oficina, en especial después de la reciente serie de arrestos.

Restrepo afirma que los líderes de mayor edad que han salido de la cárcel recientemente, como “Beto” y “Cebollero”, prefieren mantenerse a la sombra.

La organización, sin embargo, encontrará su próximo líder.

Una fuente del gobierno local, que habló bajo condición de anonimato, le dijo a InSight Crime que la Oficina ha demostrado su habilidad para remplazar a sus cabecillas cuando se hace necesario.

“La Oficina prevé los rápidos cambios en su  liderazgo”, dice la fuente. “Como tienen mucha experiencia en el remplazo de sus líderes, estos arrestos no representan un golpe significativo para la estructura de la organización.”

Y aunque las autoridades se ufanan de las capturas de importantes personajes, hay poderosas figuras de cuello blanco que continúan al acecho de los líderes caídos.

“Van tras los capos y no tras el dinero,” ”, dice Restrepo “La estructura se reconfigura y busca la manera de continuar con sus negocios. Y ahí es donde se encuentran las redes ocultas”.

El jefe mafioso Sebastián Murillo Echeverry, alias “Lindolfo”, incluso se hacía pasar como un empresario medellinense con intereses en el sector del entretenimiento y de los bienes raíces. Vivía en un exclusivo edificio de apartamentos y se codeaba con personalidades de la televisión.

Su novia estaba con él cuando la policía tocó a su puerta en 2018. Las autoridades dicen que Echeverry comandaba un “ejército privado” y estaba al frente del combo conocido como “Caicedo”, que opera en las comunas de la zona oriental de la ciudad. Además, tenía acceso a información policial mediante un grupo de WhatsApp utilizado para facilitar la comunicación entre los dueños de negocios y las autoridades.

Echeverry fue condenado en septiembre por tráfico de armas y asesinato. Durante su juicio, los fiscales revelaron, a través de chats de Blackberry, que había ordenado a sus hombres deshacerse del cuerpo de un compañero suyo que se había disparado jugando a la ruleta rusa.

Al día siguiente su cadáver fue hallado desmembrado y metido en una maleta.

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