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El 10 de junio de 2016, Jorge Rafaat conducía su Hummer blindada y tuvo que detenerse en un semáforo en el centro de Pedro Juan Caballero, ciudad paraguaya en la frontera con Brasil.

Rafaat era a la vez contrabandista, narcotraficante, negociante legítimo de neumáticos y autopartes, y vendedor de seguros. Era conocido como “el rey de la frontera”, pero no a todos les gustaba su reinado. Lo acompañaban dos vehículos en donde iban sus guardaespaldas.

Pero sus hombres no estaban alertas. Eran alrededor de las 6:30 de la tarde. Ya había oscurecido, pero estaban a unos 100 metros de una oficina de policía regional y a 200 metros de una comisaría local, donde Rafaat tenía muchos aliados. En una de las esquinas hay una farmacia, y una tienda de ropa en la otra; es decir, es lo que se podría llamarse una típica calle residencial.

*Esta historia es parte de una investigación de dos años del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos (CLALS) e InSight Crime sobre el PCC. Lea la investigación completa aquí. Lea el PDF completo aquí o descárguelo del Social Science Research Network.

Además, este era territorio de Rafaat. En marzo de 2016, sus guardaespaldas habían perseguido a unos supuestos sicarios que estaban rondando la casa de su jefe en Paraguay, al otro lado de la frontera con Brasil. Y Rafaat había usado a sus aliados en la policía en más de una ocasión para arrestar y deportar a sus enemigos.

Así que, mientras esperaban en el semáforo, una camioneta tipo SUV aceleró y les bloqueó el paso. Por un lado del auto se asomó la boca de una ametralladora calibre .50, a través de una abertura especialmente diseñada para ello, y comenzó a disparar frenéticamente contra Rafaat. Las potentes balas de casi 14 centímetros atravesaron el cristal blindado de la Hummer, alcanzando a Rafaat al menos 16 veces. Este murió en la escena, desplomado sobre la cabrilla. Cinco de sus guardaespaldas resultaron heridos. La policía encontró 200 proyectiles.

Se cree que el ataque fue perpetrado por el Primer Comando Capital (PCC), la principal pandilla carcelaria de Brasil, en conjunto con Jarvis Ximenes Pavão, otro negociante de drogas en la frontera. Al parecer, la intención era eliminar a quien ejercía el control absoluto sobre el movimiento de drogas a través de la frontera cerca de la ciudad fronteriza paraguaya de Pedro Juan Caballero.

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Para ello requirieron recopilar inteligencia y coordinar una emboscada en al menos cuatro vehículos con múltiples atacantes, varios de los cuales huyeron de la escena a pie. Más tarde, las autoridades determinaron que el asesino había sido un exartillero militar que supuestamente fue contratado por varias organizaciones, entre ellas el PCC, Pavão y el Comando Vermelho (CV). Fue una formidable alianza, pero no duraría mucho tiempo.

Pocas semanas después de la muerte de Rafaat fueron asesinados más de tres docenas de sus socios a lo largo de la frontera, según informó O Estado de São Paulo. Al asesinato de Rafaat le siguieron una serie de asesinatos de hombres relacionados con él, así como de varios de sus confidentes más cercanos, incluyendo dos sobrinos, un tío y su abogado.

La tregua entre el PCC y el CV también se disolvió poco después del asesinato. Ambos grupos habían respetado durante mucho tiempo el espacio criminal del otro, y el CV había operado a lo largo de la frontera entre Paraguay y Brasil años antes de la llegada del PCC. Los enfrentamientos comenzaron a expandirse por todo el sistema penitenciario brasileño, y eventualmente por casi todo el país.

Con los asesinatos, el PCC pudo tomar el control de esta ruta de narcotráfico y debilitar el acceso del CV a las rutas de tráfico del este de Paraguay. De hecho, al parecer este ataque hacía parte de una estrategia más amplia que había sido discutida por sus líderes desde al menos 2010 cuando, según los investigadores Bruno Paes Manso y Camila Nunes Dias, el PCC comenzó a discutir lo que llamaron “Proyecto Paraguay”.

Durante los años anteriores, y continuando con el asesinato de Rafaat, el PCC se había expandido significativamente a través de los sistemas penitenciarios brasileños, más allá de su base tradicional de São Paulo, así como en las cárceles del vecino Paraguay. También había buscado más contactos internacionales para garantizar el flujo constante de drogas y contrabando, en lugar de depender de traficantes fronterizos como Rafaat.

“El PCC se había dado cuenta de lo importante que era reducir o eliminar a los intermediarios en la cadena de distribución de drogas”, escriben Paes Manso y Dias en su libro A Guerra, obra sobre la facción criminal.

Aun así, aunque el ataque contra Rafaat fue todo un éxito, la expansión del PCC estaba llevando a la organización hasta sus límites, un hecho que se hizo más evidente en otra operación igualmente explosiva.

El 24 de abril de 2017, la sede de Prosegur, una importante empresa de seguridad privada en Ciudad del Este, Paraguay, fue asaltada por criminales que se fugaron con al menos US$11,7 millones en efectivo. Durante este cinematográfico “robo del siglo”, como lo denominaron las autoridades paraguayas, unas cinco docenas de hombres armados estuvieron atacando el edificio de Prosegur durante tres horas.

La operación comenzó con un ataque de distracción a una estación de policía, y con el incendio de más de una docena de autos y camiones en vías clave que conducen al edificio de Prosegur. La policía intentó acercarse a Prosegur, pero un grupo de ladrones desplegados en un perímetro de 600 metros alrededor del edificio de la compañía de seguridad le cerró el paso, a la vez que un segundo grupo se dirigía al edificio. Los agentes de policía que insistían en acercarse fueron repelidos por disparos de armas pesadas, entre ellas una ametralladora calibre 0.50, y por francotiradores que quizá estaban usando miras infrarrojas.

Además, los atracadores usaron explosivos para derribar las puertas blindadas y las paredes de las bóvedas, así como granadas de mano y armas pesadas contra los guardias de Prosegur y los policías. Una vez violaron la caja fuerte, los ladrones se apoderaron del dinero y comenzaron su huida, unos dentro de Paraguay y otros hacia Brasil en autos y barcos. Después de su huida a Brasil, al menos tres de los ladrones fueron asesinados y catorce detenidos, incluidos algunos conocidos miembros del PCC. La policía incautó más de US$1,5 millones, pero la mayor parte del dinero nunca se recuperó, y el resto de los ladrones desaparecieron.

Tal vez lo más sorprendente de estos dos casos es que fueron perpetrados por líderes del PCC sin el apoyo activo o incluso sin la aprobación previa de la máxima jerarquía del PCC. En el asesinato de Rafaat, parece que los líderes del PCC en São Paulo ni siquiera estaban al tanto del plan hasta que estuvo concluido, y el asesinato fue supuestamente dirigido por el principal líder del PCC en Pedro Juan Caballero, Elton Leonel Rumich da Silva (alias “Galã” o “Galant”), como afirman los autores Paes Manso y Dias.

El robo a Prosegur también fue extremadamente sofisticado, e involucró el uso de ataques de señuelo y drones, pero quizá fue realizado por los principales miembros del PCC actuando a título personal y para su propio beneficio. Uno de los presuntos autores asesinados por la policía durante la persecución era el jefe de la Sintonia Geral da Rua (Liderazgo a nivel de calle).

Otro había sido condenado cuatro veces, y unos años antes había estado conectado con la facción rebelde del PCC dentro de una prisión de São Paulo; el sospechoso también había presuntamente dirigido los intentos de explotar vehículos blindados como los que Prosegur utilizaba. Un tercer hombre fue identificado como un importante líder de la Sintonia de Paises, la parte de la organización que ayudaba a gestionar los esfuerzos del PCC por fuera de Brasil. Al menos otros dos también estaban conectados al PCC, incluido uno que estaba relacionado con el asesinato de un guardia de prisión y otro que tenía nexos con el narcotráfico.

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Sin embargo, muchos otros no tenían conexiones conocidas con el PCC, y no está claro si los principales líderes del PCC estaban al tanto del robo antes de que se efectuara. De cierto modo, se trataba de un PCC vintage. El grupo permite el espíritu criminal emprendedor, e incluso lo fomenta; es algo que hace parte de su ethos y está vinculado a su retórica. “El crimen fortalece al crimen”, suelen decir. En efecto, esto ha sido así durante su expansión a lo largo de la frontera entre Brasil y Paraguay.

Los investigadores Paes Manso y Dias señalan que, antes del asesinato de Rafaat, el grupo había intentado asentar en Paraguay integrantes que no solo fueran audaces sino además leales a los líderes encarcelados en Brasil. Las tensiones llevaron al desplazamiento y a las órdenes de asesinar al menos a un miembro de alto rango del PCC, como narran los autores en A Guerra.

Desde esta perspectiva, el asesinato de Rafaat y el atraco a Prosegur se podrían considerar el cómodo punto medio que el PCC ha logrado establecer entre sus miembros: un poco de independencia a cambio de lealtad.

Pero también podría presagiar las luchas que se pueden presentar si el PCC trata de acorralar cada vez más a sus miembros rasos. De hecho, varios líderes han sido asesinados en los últimos años por actuar de manera demasiado autónoma. Lo más espectacular en este sentido fue el asesinato selectivo de Rogério Jeremias de Simone, alias Gegê do Mangue, tal vez el segundo o tercer miembro más influyente del PCC en ese momento, que fue uno de los primeros enviados a Paraguay para que ayudara a establecer la organización allí.

Finalmente, después de que Gegê tomó el control de las rutas de narcotráfico del PCC desde el noreste de Brasil hasta Europa, con uno de sus socios comenzó a malversar bienes de la organización. Supuestamente, Gegê también estaba cobrando una polémica tarifa adicional por el paso de cocaína a través de Santos.

El 15 de febrero de 2018, se cree que Gegê y su socio fueron asesinados después de que su helicóptero aterrizó en una reserva tribal nativa en Ceará. Pero si bien su asesinato demuestra que hay límites no escritos para la autonomía de cada líder, en esas áreas grises los principales líderes del PCC tienen una libertad significativa a medida que buscan objetivos organizativos y tratan de beneficiarse personalmente de la inmensa red criminal proporcionada por el PCC. Esa borrosa línea generará futuras disputas internas, especialmente si el grupo continúa expandiéndose.

*Paes Manso fue investigador y coautor del estudio sobre el PCC.

*Esta historia es parte de una investigación de dos años del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos (CLALS) e InSight Crime sobre el PCC. Lea la investigación completa aquí. Lea el PDF completo aquí o descárguelo del Social Science Research Network.

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