Brotes de enfermedades en Venezuela revelan migración criminal a zonas mineras

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Brotes de difteria y malaria en una región de Venezuela donde esas enfermedades no son comunes revelaron cómo las bandas armadas que operaban en el centro del país están migrando masivamente hacía las zonas de minería ilegal en el estado Bolívar, al sur de Venezuela.

De esta manera los grupos criminales que operaban en el estado Miranda, a más de 500 kilómetros de Bolívar, hallaron una nueva opción de ganar dinero en el atractivo negocio ilegal del oro, en medio del ahogo de la crisis económica que afecta al país.

A mediados de 2017 los médicos de Valles del Tuy, una zona del estado Miranda (entre la costa y el centro de Venezuela) fueron testigos de un brote inusitado, sostenido e inexplicable de casos de malaria. La llamativa epidemia fue la primera pista para identificar cambios en las dinámicas criminales en los municipios de esa localidad, que hasta hace tres años eran los más violentos del país.

“La malaria no era una enfermedad propia de los estados del centro del país, eso nos llamó la atención. Empezamos a indagar con los pacientes para saber cómo se contagiaron. La sorpresa fue cuando uno de los enfermos me contó que se había contagiado en la zona minera del estado Bolívar, a donde acudían a trabajar en la explotación de oro”, explicó un médico general que tiene su consultorio en Charallave, municipio Cristóbal Rojas de Miranda, y quien pidió resguardar su identidad por seguridad.

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Obligados por la difícil situación económica y la hiperinflación, los habitantes de los siete municipios de Valles de Tuy completaban sus ingresos trabajando durante las vacaciones en la minería ilegal en Bolívar, a más de 500 kilómetros de distancia. “Eran reclutados o contratados por los ‘pranes’ de las minas, quienes antes habían sido jefes de las ‘megabandas’ de Valles del Tuy”, agregó el médico.

Los pranes y miembros de las megabandas migraron a la zona minera buscando otras fuentes de ingresos cuando ya los secuestros y las extorsiones dejaron de ser rentables en la deprimida localidad urbana donde operaban.  Además, buscaban huir de algunos conflictos con la ley y del recrudecimiento de los procedimientos policiales de exterminio como la Operación de Protección y Liberación del Pueblo (OLP), y los procedimientos de la Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) y del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC).

Estas megabandas se fortalecieron en 2013, cuando varias localidades de Valles del Tuy fueron convertidas en “zonas de paz”, que eran territorios entregados a los grupos criminales por el Gobierno. A estas “zonas de paz” no podían ingresar los cuerpos de seguridad.

Análisis de InSight Crime

Los delincuentes y sus actividades criminales no han podido librarse de los efectos y las consecuencia de la crisis económica, política y social que vive Venezuela. Hemos visto como han reducido el uso de proyectiles en sus ataques porque los costos de las armas y las municiones se han dolarizado.

De la misma forma, muchos criminales, en su mayoría pranes y líderes de megabandas se han visto obligados a migrar de sus zonas de operación y de sus actividades criminales, según indagaciones hechas por el equipo de la Unidad de Investigación de Venezuela.

Han cambiado los robos, hurtos y secuestros por el tráfico internacional de drogas y la minería ilegal, entre otras actividades de crimen organizado. Pero además se han mudado a los estados donde se desarrollan estas economías ilícitas: Sucre, Zulia, Táchira y Bolívar.

Este último estado, al sur de Venezuela, es el principal destino de los pranes de Valles del Tuy. Ramón Terán Rico, alias “Monchi”, es el líder de una de las organizaciones criminales más grandes de esa localidad del estado Miranda. Voceros de la comunidad aseguraron a InSight Crime que desde hace más de dos años huyó a las minas en el estado Bolívar.

Monchi fue el primer líder criminal de renombre en aventurarse a probar suerte en el Arco Minero del Orinoco. Poco a poco se fue llevando a sus secuaces de los Valles del Tuy para que hicieran dinero. Personas del circulo de amigos aseguran que ya compró una draga para extraer el oro.

Otros líderes de estructuras criminales que operan en los Valles del Tuy también han tenido que reinventar sus actividades criminales para sobrevivir moviéndose al sur de Venezuela; un territorio donde ya actúan con familiaridad.

Esta migración, orientada hacia una actividad ilegal, también ha arrastrado a centeneras de residentes de los muncipios que forman parte de Valles del Tuy. “Aquí todas las familias tienen al menos a una persona que se ha ido a trabajar a las minas”, dijo una residente de Ocumare del Tuy, en el municipio Independencia, que ha visto partir a los hijos y parientes de sus vecinos.

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En noviembre 2016 se detectó un caso de difteria en el sector Súcuta, Ocumare de Tuy, que también encendió las alarmas de las autoridades sanitarias sobre la aparición de enfermedades que no estaban erradicadas y nunca fueron comunes en el centro del país.

El seguimiento que se le hizo al paciente arrojó que había contraído la infección en las minas del estado Bolívar. Ese fue otro indicio de que la población se estaba desplazando a trabajar en minería ilegal hacia esa zona del Sur de Venezuela.

Los planes de prevención se desarrollaron principalmente en las barriadas donde operan los grupos delictivos. Las investigaciones adelantadas por las autoridades de salud arrojaron que los hombres que se van a trabajar en las minas, así como las mujeres que prestan sus servicios sexuales o en el área culinaria, han llevado estas enfermedades a los Valles del Tuy.

De esta manera se percataron de que este problema de salud pública ocultaba que la fiebre por la explotación ilegal de oro ha surgido como una opción de supervivencia económica que fortalece al crimen organizado.

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