Seis efectos del coronavirus sobre el crimen organizado de América

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Los grupos criminales de toda América Latina se han visto obligados a hacer ajustes debido a la pandemia del coronavirus y a la subsecuente cuarentena. El tráfico de drogas y bienes, la intimidación a las víctimas de extorsión y el paso de migrantes por las fronteras se han vuelto mucho más difíciles debido a los mayores controles y a la falta de actividad humana.

Por otro lado, los cierres a nivel global han llevado a las imaginativas mentes criminales a buscar oportunidades, como la ciberdelincuencia, la falsificación de contratos y el robo de equipos médicos, entre muchas otras.

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A continuación, InSight Crime explora las principales formas en que el coronavirus ha revolucionado la dinámica del crimen organizado en la región.

1. Más capital social para los criminales

Los criminales eran un Estado de facto antes del surgimiento del virus. Y ya en muchos lugares han tomado el lugar del Estado.

En El Salvador, pandillas como la MS13 y Barrio 18 se han encargado de velar por barrios específicos, diciéndole a la gente que se quede en casa, aunque han surgido informes sobre comerciantes y tiendas favorecidas por las pandillas, a las cuales se les permite abrir a pesar del toque de queda.

En Venezuela, los grupos armados progubernamentales, conocidos como “colectivos”, fueron los primeros en anunciar las medidas de confinamiento en ciertas áreas, incluso antes de que lo hicieran el gobierno o los servicios de salud.

A medida que las semanas pasan, algunos de estos grupos han asumido un mayor rol social. En México, una serie de grupos criminales, como el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Los Viagras, han distribuido paquetes de alimentos y artículos esenciales. El confinamiento les ha dado la oportunidad de consolidar su control, congraciarse con los residentes y ganar más apoyo.

Un paquete de comida entregado por el Cartel de Jalisco en México/Foto: Contralínea

2. Nuevos mercados negros de medicinas y equipos médicos

Países como México y Guatemala han luchado durante mucho tiempo contra un activo mercado negro de medicinas, facilitado por la corrupción en sus sistemas de salud y seguridad social. Con la pandemia del coronavirus, los demás países latinoamericanos se les están uniendo debido al auge en el robo de suministros médicos, como mascarillas, desinfectantes de manos e incluso kits de detección de coronavirus.

El caso más llamativo se produjo cuando 15.000 kits de pruebas de coronavirus y más de dos millones de artículos de protección personal fueron robados del aeropuerto de Guarulhos de São Paulo a principios de abril, si bien fueron recuperados más tarde. En Honduras, a los hospitales han estado llegando cajas de mascarillas N95 con decenas de unidades faltantes, en medio de la grave escasez que sufre el país.

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Por su parte, en Colombia se han presentado constantes incautaciones de medicinas ilegales, especialmente el paracetamol, considerado el analgésico de elección para aliviar los síntomas del coronavirus.

La pandemia ha puesto en evidencia una grave falta de control en la cadena de suministro en el campo médico, que permite que los productos sean fácilmente robados. A medida que los casos de coronavirus siguen aumentando, esta economía criminal puede volverse más permanente.

3. Más corrupción

Poderosos actores políticos y funcionarios gubernamentales de toda la región han aprovechado sus posiciones para ejercer la corrupción en todas partes, desde los sistemas nacionales de salud, pasando por los procesos para la asignación de contratos de obras públicas, hasta la selección de fiscales generales. El coronavirus se ha convertido en la más reciente oportunidad para la corrupción.

En Colombia, según un informe de Reuters, la Contraloría ha documentado unos “US$20,6 millones de supuestos sobrecargos en unos 8.100 contratos firmados por alcaldes y gobernadores”, relacionados con alimentos y suministros médicos para ayudar a los ciudadanos de la nación andina a sobrellevar el brote.

La Fiscalía General de Honduras ha iniciado una investigación en torno a posibles irregularidades en la Comisión Permanente de Contingencias (COPECO), relacionadas con el manejo de recursos para compras y con la adjudicación de contratos para responder al brote de coronavirus. El Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) también ha advertido sobre la corrupción relacionada con la compra gubernamental de suministros médicos caros.

Los sistemas de salud han sido presa de la corrupción en toda América Latina en años pasados, y la evidencia preliminar sugiere que los funcionarios corruptos también pueden estar considerando la pandemia actual como una forma más de llenar sus bolsillos a expensas de los ciudadanos.

4. Más ciberdelincuencia

Los hackers criminales están aprovechando el rápido aumento de la actividad en línea de individuos, empresas y gobiernos.

Una aplicación maliciosa, que afirmaba proporcionar mapas interactivos de la propagación del virus, ya se ha extendido en Costa Rica, reteniendo los dispositivos de los usuarios y exigiéndoles el pago de un rescate en la criptomoneda Bitcoin. Los esquemas de phishing por correo electrónico que prometen estímulos económicos del gobierno y pruebas de coronavirus falsas también han proliferado.

América Latina ya aporta una parte significativa de los ataques de programas malignos en el mundo, y los expertos afirman que tanto gobiernos como individuos e instituciones financieras son vulnerables. Los hackers de México lograron infiltrarse en la petrolera estatal del país en 2019 y en el Ministerio de Economía en 2020. Por otra parte, en 2019 las cadenas hoteleras de lujo de Brasil fueron blanco de esquemas de phishing que les permitieron a los delincuentes obtener acceso a bases de datos con información de tarjetas de crédito de los clientes. En Colombia hubo 49 mil millones de intentos de ciberataque el año pasado, siendo la industria bancaria el objetivo más frecuente.

Brasil, México y Colombia son los tres principales países latinoamericanos en cuanto a ataques de programas malignos, según Kaspersky, la firma de ciberseguridad rusa.

Importantes instalaciones de infraestructura también están en riesgo, pues cuatro de cada cinco países latinoamericanos carecen de un plan de protección de la infraestructura en cuanto a la ciberseguridad, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo en 2016.

Además, los grupos del crimen organizado están lavando cada vez más dinero a través de criptomonedas y buscando la ayuda de los hackers, según un informe de IntSights Cyber Intelligence, una firma de ciberamenazas a nivel global. Dado que la pandemia del coronavirus está interrumpiendo las cadenas de suministro de drogas, estos mismos grupos podrían recurrir a la ciberdelincuencia para “diversificar sus flujos financieros”, como dijo la autora del informe, Charity Wright, en comunicación con InSight Crime.

5. Menos tráfico de seres humanos

Por muy hábiles que sean los traficantes de personas para transportar a los migrantes, pueden sentirse abatidos por las capas de seguridad adicionales que se están implementando a lo largo de las fronteras desde que comenzó la pandemia.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cerró toda la frontera con México para los migrantes, y cientos de tropas adicionales fueron desplegadas para patrullarla. Los países del Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras) pronto hicieron lo mismo. Incluso Costa Rica, que durante mucho tiempo ha sido uno de los países de la región que más migrantes acoge, ha reforzado la vigilancia para hacer retroceder a cualquiera que busque entrar desde Nicaragua.

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Los precios que cobran los “coyotes”, como se conoce a los traficantes de seres humanos, ya habían estado aumentando debido a las políticas de línea dura en Centroamérica y Estados Unidos. La pandemia del coronavirus ha causado mayores aprietos, tanto para los migrantes como para las familias que quedan atrás.

E incluso una vez que se levanten las medidas de cuarentena es probable que continúen las medidas para controlar y restringir la migración.

Policía nicaragüense desplegada en la frontera con Costa Rica. Foto: EFE.

6. Menos drogas ilícitas y a mayores precios

Dado que se han cerrado las fronteras para la mayor parte del tránsito, y las autoridades están haciendo registros a muchos más vehículos, los narcotraficantes tienen mayores dificultades para mover sus productos durante la cuarentena. Esto ha llevado a una caída precipitada del suministro de los traficantes de toda la región.

Los precios de la marihuana se han duplicado en las calles de Argentina, según un vendedor en Buenos Aires que habló con Vice sobre un cargamento proveniente de Colombia que quedó varado en tránsito. El periodista e investigador Germán de los Santos le dijo a InSight Crime que la marihuana es particularmente costosa hoy en día porque su volumen hace que sea “más difícil de transportar y ocultar”. En los barrios más pobres también se ha visto un retorno al abuso de disolventes, señaló el periodista.

En México, el Cartel de Sinaloa supuestamente dijo a los distribuidores que vendieran las metanfetaminas a cinco veces su precio anterior, según un informe de Vice. Este mismo informe señala que las drogas sintéticas, como la MDMA, han experimentado una masiva caída en las ventas debido al cierre de los clubes nocturnos.

En Colombia, el “basuco” —una forma de la pasta de cocaína sin refinar y adulterada— ha incrementado cuatro veces su precio habitual por gramo en las calles, según El Espectador.

Las bandas de narcotraficantes locales también deben lidiar con las restricciones al transporte y con el aumento de las patrullas que hacen cumplir las cuarentenas. Los mensajeros en bicicletas y motocicletas, que se consideran trabajadores esenciales, han sido atrapados llevando sustancias ilícitas, incluso en las bolsas de servicios populares de aplicaciones de entrega a domicilio. Las autoridades también han detectado la circulación de las llamadas “narcoambulancias”, vehículos que ya han sido utilizados previamente para el transporte de drogas.

Este impacto también se ha sentido en Estados Unidos. En la ciudad de Nueva York, el precio de la marihuana en las calles ha aumentado un 55 por ciento desde marzo, mientras que la cocaína y la heroína son ahora 12 y 7 por ciento más caros, respectivamente, según la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (Drug Enforcement Administration, DEA).

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