Grupos criminales de Latinoamérica se adaptan para responder a mayor demanda de drogas en EE.UU.

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Mientras la crisis de los opioides sigue causando estragos en Estados Unidos, con un número récord de muertes por sobredosis, los grupos criminales de Latinoamérica han aprovechado el crecimiento del mercado de estas sustancias, produciendo y traficando mayores cantidades de heroína y de fentanilo, el letal opiode sintético.

Las muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos pasaron a 63.632 en 2016, un incremento de 21 por ciento en comparación con las 52.404 muertes registradas en 2015, según la Evaluación nacional de la amenaza de las drogas 2018, el informe anual de la Administración para el Control de Drogas (DEA).

Los opioides —que incluyen drogas de prescripción, como la oxicodona, opioides sintéticos, como el fentanilo, y la heroína— fueron en gran parte responsables del mayor número de víctimas mortales. Las muertes por sobredosis de cocaína también contribuyeron, con un incremento por cuarto año consecutivo.

Incremento de opioides sigue siendo el mayor factor de muerte en Estados Unidos

Los opioides provocaron el 66 por ciento de las muertes por sobredosis registradas en Estados Unidos en 2016, y los opioides sintéticos —entre los que destaca el fentanilo ilícito— causaron el mayor número de muertes relacionadas con drogas, según informes de la DEA.

Las estadísticas del Centro para el Control de Enfermedades (CDC) indican que hubo 19.413 muertes por opioides sintéticos en 2016, un aumento de 103 por ciento por encima de las 9.580 muertes denunciadas el año anterior. Al mismo tiempo, la DEA halló que las muertes por sobredosis asociadas a la heroína se duplicaron entre 2013 y 2016 por encima de 15.000. Las sobredosis de heroína se dispararon en gran medida por la práctica de mezclar el narcótico con sustancias relacionadas con el fentanilo.

Las organizaciones narcotraficantes de México prestaron atención a la creciente demanda de opioides sintéticos. Los decomisos de fentanilo en los puertos de ingreso a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México se elevaron a 524 kilogramos en 2017, 135 por ciento por encima de los 223 kilogramos de 2016.

Los grupos criminales en México también siguieron aprovechando que los consumidores cambiaron al uso de la heroína, menos costosa y más fácil de conseguir que los opioides de prescripción.

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En 2017, más del 90 por ciento de la heroína analizada por la DEA procedía de México. Entre tanto, el cultivo de amapola, materia prima para la elaboración de esta droga, en el país aumentó 38 por ciento, al pasar de 32.000 a 44.100 hectáreas sembradas. La producción potencial de heroína pura pasó de 81 toneladas a 111, según el informe de la DEA.

El mercado estadounidense de heroína se ha vuelto tan lucrativo que los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación (CJNG) están enfrentados en una brutal batalla por controlarlo. El Departamento de Justicia de Estados Unidos también dirigió recientemente al CJNG nuevas iniciativas de control por su rol como uno de los principales grupos que transportan opioides sintéticos, entre otros narcóticos, a Estados Unidos.

Los carteles de Sinaloa Cartel y Jalisco representan la “mayor amenazar criminal por drogas” para Estados Unidos, señala el documento de la DEA.

Evidencia reciente indica que los grupos del crimen organizado en México también han expandido las relaciones que mantienen con grupos criminales dominicanos asentados en Estados Unidos, al pasar del tráfico de cocaína y heroína básicamente al de fentanilo, para adaptarse a los cambios de demanda del mercado.

Suramérica inundada de cocaína

A la par del agravamiento de la crisis de opioides en Estados Unidos, el boom de la producción de cocaína en Colombia está impactando la oferta del alcaloide en ese país, y contribuyendo a las muertes por sobredosis.

Según la DEA, las muertes por sobredosis de cocaína pasaron de 6.784 en 2015 a 10.375 En 2016; la mayor cifra de muertes inducidas por cocaína desde 1999 en Estados Unidos.

Los grupos del crimen organizado en Colombia, con ayuda de sus contrapartes mexicanas, tienen el “control mayoritario” sobre la producción y la oferta de cocaína en Estados Unidos.

De acuerdo con la DEA, casi el 93 por ciento de las muestras de cocaína sometidas a prueba en 2017 eran de origen colombiano. Más aún, funcionarios del gobierno estadounidense estimaron que la producción potencial de cocaína pura en Colombia aumentó 19 por ciento entre 2016 y 2017, al pasar de 772 a 921 toneladas. Se estima que el cultivo de coca se elevó a 209.000 hectáreas en 2017, un incremento de 11 por ciento en comparación con las 188.000 hectáreas de 2016. Eso significa que Colombia produjo un volumen récord de cocaína por segundo año consecutivo.

Aunque en la región andina se cultiva casi la totalidad de la coca del mundo, El título de Colombia como principal abastecedor de cocaína para Estados Unidos ha contribuido a crear una nueva era de violencia criminal en el país.

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La ausencia de las ahora en su mayoría desmovilizadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ha dejado a los grupos de ex-FARC mafia y a Los Urabeños como los principales actores en la industria de la droga en el país. Otros grupos criminales rivales, como el Ejército de Liberación Popular (EPL) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) también se disputan el control de algunos de los centros de cocaína más codiciados del país.

Sin embargo, el precio promedio al por menor de un gramo de cocaína pura bajó entre 2012 y 2017, mientras que la pureza promedio aumentó, lo que indica que la demanda en Estados Unidos no se ha adaptado completamente al auge de la oferta. El resultado ha sido la creación de un producto más económico pero más puro que lo que se vio en años anteriores, afirma la DEA. Esto también podría explicar por qué los grupos criminales de Suramérica están reforzando la exploración de nuevos mercados en Europa.

La ruta de tráfico más popular para la cocaína que sale de Colombia, Perú y Bolivia —los principales proveedores de cocaína del mundo— fue la ruta del Pacífico oriental, por donde transitaba el 84 por ciento de la cocaína con origen documentado de Suramérica, según la DEA. El número de cargamentos de droga que pasan por las islas Galápagos también exhibió un aumento considerable en 2017, lo que indica un crecimiento continuo de la importancia de Ecuador como punto de trasbordo.

(Mapa cortesía de la DEA)

El número de hectáreas usadas para la siembra de coca en Perú tuvo un crecimiento de solo 13 por ciento, con 49.800 hectáreas en 2017. La producción potencial de cocaína pura, sin embargo, creció en 20 por ciento y llegó a 491 toneladas, los índices más altos registrados en 25 años, según estimados divulgados por la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas (ONDCP) de la Casa Blanca.

No está clara la causa del incremento de la producción de cocaína por hectárea de coca, pero InSight Crime hizo observaciones similares durante una investigación de campo en Colombia. Es posible que la mayor innovación en las técnicas de cultivo de coca tenga algo que ver con esto.

Por su parte, el número de hectáreas usadas para el cultivo de coca en Bolivia en 2017 se redujo en 17 por ciento, a 31.000 hectáreas. La producción potencial de cocaína pura también disminuyó en casi 10 por ciento a 249 toneladas, según la ONDCP.

En el pasado, Bolivia y Estados Unidos han chocado en sus iniciativas antinarcóticos, pero la reducción de los cultivos de coca y de la producción total de cocaína en ese país indica que las estrategias antidrogas del gobierno boliviano pueden estar surtiendo más efecto que las estrategias más represivas usadas en Colombia y Perú, países que por lo general cuentan con el respaldo de Estados Unidos.

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