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La producción de cocaína en Colombia rompió nuevos récords en 2017, lo que podría marcar el inicio de una nueva era de violencia criminal entre los muchos actores armados que compiten por el control de la lucrativa industria, en medio de los cambios en la dinámica criminal motivados por la salida de la guerrilla de las FARC.

La producción anual de cocaína en Colombia registró un salto de 31 por ciento con 1.379 toneladas producidas en 2017, superando un récord anterior de 1.053 toneladas en 2016. Además hubo un aumento de 17 por ciento en el número de hectáreas cultivadas con coca, de 146.000 hectáreas en 2016 a 171.000 en 2017, según datos del monitoreo de cultivos ilícitos publicados el 19 de septiembre por la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD).

Sin embargo, cálculos divulgados por la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas (ONDCP) de la Casa Blanca en junio de este año sitúan en 921 toneladas el volumen de cocaína producida en Colombia, y en 209.000 las hectáreas sembradas con coca en 2017.

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Colombia sigue siendo el principal productor mundial de cocaína, donde la región del Pacífico concentra casi 40 por ciento de los cultivos de la hoja, seguida por la región central, con poco más de 30 por ciento, según la ONUDD. La extensión cultivada con coca en el país ha crecido constantemente desde 2013.

El continuo incremento en la cantidad de coca plantada en Colombia puede explicarse, en parte, por las dificultades del gobierno para cumplir una ambiciosa meta de erradicación que incluye un programa de sustitución de cultivos de coca amenazado por la violencia criminal y la falta de alternativas viables para los cultivadores, además de otros obstáculos de índole política y logística.

Este repunte continuado en la producción de cocaína ha dado pie a un incremento de la violencia criminal. En general, las ex-FARC mafia —redes de excombatientes de las, en su mayoría, desmovilizadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)— y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) son los principales actores armados que ejercen influencia en el negocio de la cocaína en Colombia, aunque existen también otros gran número de grupos de menor tamaño disputándose el control.

En respuesta a esto, el gobierno colombiano ha incrementado la presencia de tropas en corredores claves de narcotráfico en todo el país, lo que ha surtido un efecto globo, con el desplazamiento de los actores criminales y sus actividades de narcotráfico a regiones fronterizas claves en Ecuador y Venezuela.

A continuación, InSight Crime da una mirada a esta dinámica criminal en cuatro áreas importantes afectadas por el catapultamiento de la producción de cocaína en el país andino.

(Gráfico cortesía del informe de la ONUDD)

Departamento de Nariño

El departamento de Nariño, al suroeste sobre la costa Pacífica colombiana, sigue siendo la principal región productora de coca con 45.735 hectáreas cultivadas en 2017, según la ONUDD. Es allí mismo donde las fuerzas de seguridad han concentrado gran parte de sus recursos, lo que ha obligado a los grupos criminales a innovar e incursionar al otro lado de la frontera de Ecuador.

En la base de esta dinámica está la red de las ex-FARC mafia conocida como el frente Oliver Sinisterra, liderado por el ecuatoriano Walter Arizala Vernaza, alias “Guacho”. Su red ha usado estrategias innovadoras, como laboratorios subterráneos de droga cerca de la frontera colombo-ecuatoriana con el fin de evadir a las autoridades, y una serie de violentos ataques —incluida la masacre de tres trabajadores de la prensa ecuatoriana— indican que están fortaleciendo su presencia en la zona fronteriza.

En respuesta, las autoridades de Colombia y Ecuador han ampliado la cooperación en materia de seguridad. La herida de Guacho en un reciente operativo militar sugiere que es posible que las fuerzas de seguridad lo estén cercando a él y a su red, lo que ya ha tenido un impacto en la dinámica criminal de esa región estratégica.

Región del Bajo Cauca

La región del Bajo Cauca, en el departamento de Antioquia, noroeste del país, donde, según la ONUDD, el número de hectáreas de coca cultivadas aumentó en 55 por ciento en 2017, ha sido escenario de enfrentamientos criminales por sus rutas de contrabando y cultivos de coca, entre otras atracciones ilícitas.

Hoy en día, Los Urabeños —anteriormente la organización criminal más poderosa de Colombia antes de ser reemplazados por los disidentes de las FARC— se pelean a muerte el control de las economías ilícitas con una red de ex-FARC mafia de excombatientes del frente 36 de las FARC alineados con un grupo disidente conocido como los Caparrapos.

Aparte de sus economías criminales, el Bajo Cauca es un territorio codiciado por su proximidad al puerto de Turbo en la costa del Golfo de Urabá, punto estratégico de salida para los cargamentos de drogas con dirección al norte, que cobrará cada vez más importancia mientras la cocaína siga saliendo a borbotones del país.

Región del Catatumbo

La región del Catatumbo en Colombia, cerca de la frontera con Venezuela, comprende 11 municipios en el departamento del Norte de Santander, que, según la ONUDD, presentaron un aumento de 14 por ciento en el número de hectáreas cultivadas con coca en 2017, y actualmente son el foco de una batalla campal entre el ELN y el Ejército Popular de Liberación (EPL) por el control de los intereses de la droga que antes eran controlados por las FARC.

Sin embargo, la llegada a la región del líder de la disidencia del Frente Primero Géner García Molina, alias “Jhon 40”, con el fin de organizar a un creciente número de excombatientes de las FARC provenientes del Frente 33 y que retomaron las armas amenaza con generar mayor caos en la ya volátil lucha por el control del lucrativo negocio en la región.

Departamento de Guaviare

Aunque el departamento de Guaviare, en el centro sur del país, mostró uno de los mayores descensos en el número de hectáreas cultivadas con coca en 2017, se encuentra cerca de las fronteras de Colombia con Venezuela y Brasil, dos lugares de extrema importancia para los cargamentos de cocaína. Con los organismos de seguridad ocupados al otro lado del país, la producción récord de cocaína está contribuyendo al fortalecimiento de las disidencias del Frente Primero allí, por las importantes rutas de tráfico que alberga.

VEA TAMBIÉN: Perfil de la Disidencia del Frente Primero

Brasil es el segundo mayor consumidor mundial de cocaína, y por largo tiempo ha sido usado como punto de embarque clave para los cargamentos internacionales de la droga. Venezuela también es un punto de trasbordo fundamental para los cargamentos de narcóticos provenientes de Colombia, y el régimen cada vez más criminalizado del país ayuda a facilitar el paso seguro de esos cargamentos.

Con la disidencia del Frente Primero en control del cultivo de coca en todo el Guaviare y sus alrededores, de los laboratorios en los que se transforma la pasta base de coca en clorhidrato de cocaína y de dos rutas internacionales de tráfico, esta red parece lista para seguir expandiendo sus actividades criminales mientras se mantenga la bonanza de cocaína y los organismos de seguridad estén copados en otros lugares.

*Este artículo se realizó con colaboración del Observatorio Colombiano de Crimen Organizado de InSight Crime.

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