SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInShare on Google+

El uso recreativo de marihuana es ahora oficialmente legal en Canadá, y aunque es improbable que ese cambio tenga un impacto importante en el mercado negro de Latinoamérica, podría precipitar un cambio hacia políticas internacionales de drogas más progresistas.

El 17 de octubre, Canadá se convirtió en el segundo país del mundo que legaliza completamente el uso recreativo de la marihuana.

En junio de 2018, los legisladores del país norteamericano aprobaron el proyecto de ley C45 antes de que la legalización de la marihuana entrara en vigencia oficialmente este mes de octubre. Canadá es el país de la región que más recientemente legaliza el consumo recreativo de marihuana luego de que Uruguay se convirtiera en el primero en diciembre de 2013 antes de iniciar las ventas legales en diciembre de 2017. Varios estados en Estados Unidos también legalizaron la marihuana pese a la prohibición federal, y otros países de la región se encuentran debatiendo propuestas para permitir el uso medicinal o despenalizar el uso personal.

VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre Canadá

Después de sancionado el proyecto de ley, la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD) señaló en un comunicado en junio que lamentaba la decisión de Canadá de legalizar el uso recreativo de la marihuana, pues este  “afecta el marco internacional de control legal sobre las drogas”.

Por otro lado, la ministra de justicia de Canadá Jody Wilson-Raybould calificó la decisión de “hito histórico” en un tuit de junio.

“Esta legislación ayudará a proteger a nuestros jóvenes de los riesgos del cannabis a la par que les quita las ganancias a los criminales y al crimen organizado”, agregó.

Impacto en el mercado negro en Latinoamérica

Es poco probable que la legalización de la marihuana en Canadá tenga un efecto importante en el mercado negro latinoamericano, en particular en México y Colombia, históricamente dos de los principales proveedores de la demanda de marihuana en Norteamérica.

La marihuana mexicana tradicionalmente surtió la demanda del mercado estadounidense en medio de la prohibición contra las drogas en la jurisdicción federal. En contraste, mucha parte de la marihuana en el mercado negro de Canadá viene de cultivadores caseros del país y más recientemente del norte de Estados Unidos cerca de la frontera Estados Unidos-Canadá o a lo largo de esta, como Washington y Oregon, donde se legalizó la marihuana.

“La legislación del cannabis en Canadá no tendrá un efecto mayor en los mercados negros de México, porque la mayoría del cannabis mexicano que va hacia el norte se queda en Estados Unidos”, dijo a InSight Crime Lisa Sánchez, directora del programa para Latinoamérica en la Fundación Transformar la Política de Drogas. “No estoy segura de que notemos una reducción de los cultivos ilícitos ni de la violencia en México”.

Los grupos del crimen organizado en Latinoamérica, en particular en México, se han ajustado a la reducción de la demanda de marihuana al norte de la frontera con el aumento del número de estados que legalizan el alcaloide. Los grupos criminales están ahora cada vez más involucrados en el tráfico de heroína y drogas sintéticas, como el fentanilo para satisfacer la demanda de opioides en Estados Unidos, además del tráfico de cocaína para cubrir la demanda estadounidense en un momento en que hay un boom de la producción de coca en Colombia. La cantidad de marihuana decomisada por Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos (CBP, por sus iniciales en inglés) también se ha reducido en los últimos años.


(Decomisos de marihuana de Aduanas y Protección de Fronteras —CBP— cortesía d Adam Isacson)

Un paso hacia el cambio de los tratados internacionales de drogas

La legalización de la marihuana en Canadá puede no tener un impacto inmediato en el mercado de drogas de Latinoamérica, pero podría contribuir a instaurar un cambio que conduzca a la modificación de los tratados internacionales de drogas bajo una óptica más progresista y en línea con la evolución del pensamiento global sobre las drogas, lo que con el tiempo tendría un impacto en los grupos del crimen organizado de la región.

La “modificación inter se” de los tratados internacionales de drogas es una de esas opciones. Esta se da cuando dos o más países se unen y permiten la “producción, comercialización y consumo” de marihuana con fines recreativos a la par que “minimiza el impacto” sobre otros países y las convenciones internacionales sobre drogas, según un informe conjunto emitido en marzo de 2018 por la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), El Instituto Transnacional (TNI) y el Observatorio Global de Políticas de Drogas (GDPO).

Canadá tiene la posibilidad de jugar un rol muy importante en la exploración de la viabilidad y la deseabilidad de esta opción para los países de Latinoamérica por su reputación como ciudadano global sólido, lo que podría ayudar a otros países de la región a hacer presión para la adopción de políticas de drogas más progresistas, según John Walsh, director de WOLA para la política de drogas, uno de los coautores del informe de 2018.

“Me parece que diferentes países están llegando a una conclusión similar [a la de Canadá], de que la prohibición del cannabis simplemente no funciona para ellos”, comentó Walsh. “Es una política inviable, porque tenemos un mercado existente… e intentar prohibirlo no hace que desaparezca, sino que eleva el perjuicio que genera”.

VEA TAMBIÉN: Cobertura sobre Política de drogas

El que se unan más países y elijan la opción inter se para implementar políticas de drogas progresistas, le arrebatará el mercado de la marihuana a los actores ilegales y les quitará de las manos una fuente de ingresos que hasta el momento era muy fácil de tomar, lo que con el tiempo puede tener un impacto en su fortaleza relativa y sus recursos.

“Sería ingenuo pensar que la regulación legal del cannabis por sí sola va a permitir a los gobiernos domesticar el crimen organizado y la corrupción relativa que requiere otros ingredientes de gobernanza efectiva”, observó Walsh. “Pero también puede darse el caso de que la legalización ofrezca una alternativa a los gobiernos para privar a los grupos criminales de ingresos importantes, lo que podría facilitar un eventual control del crimen organizado [en el largo plazo]”.

Dicho esto, la marihuana no está en el centro de los grupos del crimen organizado y sus ganancias como en el pasado. Hoy en día, los grupos del crimen organizado en toda la región participan en una multitud de actividades criminales, desde tráfico de armas y contrabando hasta minería ilegal de oro y robo de hidrocarburos. Algunas de esas industrias ilícitas tienen el potencial de ser más rentables que el negocio de la droga.

El futuro de la política internacional de drogas

Aunque la legalización de la marihuana por sí sola tiene poca chance de debilitar fuertemente a los grupos del crimen organizado en la región, la presión para la legalización cae en la línea de los llamados de las autoridades de todo el mundo para que se adopten políticas nuevas y más innovadoras para frenar el crecimiento del mercado global de las drogas. Los actuales esfuerzos por reprimir la producción no han logrado suprimir el mercado negro ni proteger a los consumidores de estupefacientes.

“La legalización es una medida de reducción del daño que hace más manejables y seguros los problemas creados por el mercado negro”, comentó a InSight Crime Sanho Tree, director del Proyecto de Políticas de Drogas del Instituto para Estudios de Políticas.

Alcanzar un consenso global para “revisar o enmendar” las convenciones de control de drogas de las Naciones Unidas para adaptarse a la legalización de la marihuana no parece una “opción política viable en el futuro previsible”. Walsh sostiene que la naturaleza polarizada del debate hace más atractiva la opción inter se, y ofrece una “respuesta coordinada y colectiva” al problema global de la droga.

“La inter se es explícitamente una respuesta colectiva y da un rango de maniobra”, dice Walsh. “Se diseñó para que los países no pudieran simplemente dar la espalda a otras partes de tratados y los dejara en la oscuridad sin cumplir los compromisos. Ahí hay protección para otros países”.

Sin embargo, mientras los países en Latinoamérica exploran con mayor fuerza la legalización o despenalización de algunos narcóticos, el consenso general sobre el problema global de la droga sigue inclinándose en gran medida hacia la prohibición. Una sesión especial de la ONUDD en 2016 sobre el problema mundial de drogas reveló que las convenciones sobre drogas de la ONU basadas en “enfoques indistintos”, acordados hace décadas —y que según los críticos están caducos y necesitan revisarse— “constituyen el pilar del sistema internacional para el control de la droga”.

SHARETweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInShare on Google+