Primer Comando Capital – PCC

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El Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC) es una pandilla inspirada por el Comando Vermelho. Ambas organizaciones criminales fueron conformadas por prisioneros que organizaron grupos para defenderse en el violento sistema penitenciario de Brasil. El PCC surgió en São Paulo durante la década de los noventa, y ha librado una sangrienta batalla por el dominio en todo el país. Se cree que el grupo, que actualmente es la organización criminal más grande y mejor organizada de Brasil, cuenta con miembros en la mayoría de los estados del país, y ha expandido sus operaciones en el extranjero, tanto en países suramericanos como de Europa y Asia.

Historia

El Primer Comando Capital (PCC) surgió luego de la masacre de octubre de 1992 en la prisión de Carandiru, en São Paulo, en la que las fuerzas de seguridad brasileñas dieron muerte a más de 100 prisioneros durante un motín. En agosto de 1993, un grupo de ocho reos que habían sido trasladados a la prisión de Taubaté conformaron el PCC con el objetivo inicial de reclamar justicia por la masacre y presionar por mejores condiciones carcelarias. Estos comenzaron a expresar solidaridad con otra pandilla carcelaria, el Comando Rojo (Comando Vermelho, CV), adoptando su eslogan de “paz, justicia y libertad”, y defendiendo la revolución y la destrucción del sistema capitalista.

Los primeros informes públicos sobre la existencia del PCC se deben a la periodista Fatima Souza en 1997, aunque el gobierno de São Paulo negó constantemente la existencia de dicho grupo.

En 1999, el grupo llevó a cabo el robo bancario más grande en la historia de São Paulo, con el hurto de unos US$32 millones.

En los años siguientes, el gobierno procedió a separar a los líderes del PCC, trasladándolos a prisiones de todo el país. Sin embargo, esto le permitió a la pandilla fortalecer sus vínculos con otros grupos criminales y difundir aún más sus ideas.

Para 2001, ya era imposible negar la existencia del PCC. Fue en ese año cuando la agrupación coordinó la mayor rebelión carcelaria jamás antes vista en el mundo, con cierres simultáneos en 29 instalaciones de todo el estado de São Paulo.

En 2006, la PCC llevó a cabo una rebelión incluso mayor como protesta por el traslado de sus miembros a instalaciones lejanas. Los pandilleros encarcelados se tomaron más de 70 prisiones de todo el país y retuvieron a algunos visitantes como rehenes. De manera simultánea, el grupo ejecutó ataques coordinados por fuera de las prisiones, sobre todo en São Paulo, los cuales dejaron como resultado 150 personas muertas.

En años siguientes, el PCC adquirió mayor poder y sofisticación, gracias a una supuesta tregua con la policía de São Paulo y a su capacidad de realizar negocios, prácticamente sin ningún impedimento, en las empobrecidas prisiones de Brasil. A principios de la década de 2010, el grupo comenzó a extenderse al exterior, estableciendo operaciones de tráfico de drogas y armas en países vecinos como Bolivia y Paraguay.

A finales de 2012, el secretario de Seguridad Pública de São Paulo se vio obligado a renunciar, tras una serie de violentos enfrentamientos entre la policía y el PCC, supuestamente como respuesta a las crecientes acciones de las autoridades contra la pandilla, que eran una violación a la tregua.

Durante los primeros años de la década de 2010, el PCC también hizo intentos de influir en la política en el estado de São Paulo. Y dado que aumentó sus ingresos y su número de miembros, la pandilla comenzó a surgir como la organización criminal más poderosa de Brasil.

Con más de 11.000 miembros por casi todo Brasil, y con ingresos mensuales de varios millones de dólares, el PCC expandió su cartera criminal e incursionó en las operaciones de narcotráfico internacional a gran escala. El grupo desarrolló vínculos con la poderosa mafia italiana ‘Ndrangheta y comenzó a lavar dinero en el extranjero, en países como China.

En la segunda mitad de la década, el PCC comenzó a cometer acciones cada vez más violentas. El grupo fue considerado culpable de una serie de robos a mano armada en Paraguay en el año 2015. Y a comienzos de 2016 surgió un video en internet en el que se mostraba la decapitación de un adolescente, supuestamente en relación con una querella entre el PCC y su otrora aliado, el Primer Grupo Catarinense (Primeiro Grupo da Catarinense, PGC).

A finales de 2016 terminó la larga tregua del PCC con el CV, lo cual desató una serie de disturbios en las prisiones durante varios meses, que dejaron como resultado cientos de personas muertas. Las autoridades relacionaron este brote de violencia con enfrentamientos entre los dos grupos por el control de las lucrativas rutas de narcotráfico que atraviesan la remota región amazónica en el norte de Brasil. También hay algunos informes que señalan que el PCC estaba buscando enfrentar al Comando Rojo en Río de Janeiro, su territorio tradicional, y que al mismo tiempo estaba repeliendo los ataques de un grupo rival en el estado de São Paulo, lo que contribuyó a la escalada de la violencia allí.

En 2017, el PCC al parecer estuvo en modo expansivo. El grupo estuvo vinculado a cargamentos de droga internacional que pasaban por Uruguay, así como en secuestros y robos en Bolivia; además, intentó reclutar disidentes de la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

El PCC también fue considerado culpable de una serie de asesinatos al parecer vinculados al conflicto por el tráfico de drogas en Paraguay. Y en abril de 2017, la pandilla presuntamente llevó a cabo el mayor robo a mano armada en la historia de Paraguay.

Las consecuencias de la ruptura de la tregua entre el PCC y el Comando Rojo continuaron generando violencia a principios de 2018, pues el PCC no parece estar dispuesto a abandonar su actual campaña expansión nacional e internacional.

Liderazgo

El PCC está organizado en torno a un fuerte liderazgo local independiente que opera mediante un sistema de franquicias, en lugar de depender de una jerarquía vertical. Sin embargo, a los miembros de la organización se les cobran cuotas, que se utilizan para pagar abogados, comprar policías y guardias de prisión, y adquirir drogas y armas. Esta estructura de mando descentralizado les ha dificultado a los organismos de seguridad hacer frente a la organización.

Dos de los miembros fundadores del PCC, Jose Marcio Felicio, alias “Geleião”, y César Augusto Roriz da Silva, alias “Cesinha”, fueron expulsados de la organización en 2002, y fundaron una organización rival, el Tercer Comando Capital (TCC).

Según la policía brasileña, Marcos Willians Herbas Camacho, alias “Marcola”, ejerce como el máximo líder, operando desde la prisión, donde cumple una condena de dos décadas por tráfico de drogas. El segundo al mando, Abel Pacheco, alias “Vida Loka”, se encuentra en prisión mientras espera su juicio por cargos de asesinato.

El PCC perdió varios líderes entre finales de 2017 y principios de 2018. Uno de los máximos líderes del PCC, Edison Borges Nogueira, alias “Birosca”, fue asesinado en una prisión de São Paulo en diciembre de 2017, luego de haber sido expulsado del grupo a principios de año como consecuencia de una pelea entre su esposa y los familiares de otros presos en un autobús. Rogério Jeremias de Simone, alias “Gegê do Mangue”, el supuesto tercero al mando del PCC, y Fabiano Alves de Souza, alias “Paca”, otro importante líder, murieron en febrero de 2018 en un presunto enfrentamiento con un grupo rival.

Un informe de 2018 de la Policía Federal de Brasil describió a la pandilla como dirigida al más alto nivel por un grupo de líderes regionales poderosos, muchos de los cuales están encarcelados.

Geografía

El PCC está ubicado en São Paulo, el estado más poblado y económicamente más importante de Brasil, aunque tiene presencia en todo el país. En los últimos años, el PCC ha expandido sus actividades a nivel internacional, desarrollando operaciones en casi todos los países de Suramérica, además de establecer vínculos con grupos criminales europeos. Paraguay también se ha convertido en un importante bastión de la organización brasileña.

Aliados y enemigos

Una tregua que se extendió por 20 años entre el PCC y la otra organización criminal dominante en Brasil, el Comando Rojo, se rompió a finales de 2016, por lo que ambos grupos se dieron rápidamente a la tarea de conquistar territorios y aliados.

Para conseguir apoyo en los territorios del norte, donde hay importantes rutas del tráfico de drogas, el PCC se alió con un grupo criminal local conocido como Guardianes del Estado (Guardiões do Estado, GDE). La alianza entre el PCC y GDE parece ser una forma de contrarrestar el apoyo que recibe el Comando Rojo de la Familia del Norte (Família do Norte, FDN), una organización criminal que opera en el norte de Brasil y que fue responsable del asesinato de 56 miembros del PCC durante disturbios carcelarios a principios de 2017.

A finales de 2016, el PCC proporcionó apoyo material a Amigos de los Amigos (Amigos dos Amigos, ADA), como parte de su guerra contra el Comando Rojo en Río de Janeiro. Los informes también señalan que el PCC puede estar tratando de cooptar a otros rivales de Comando Rojo en Río, como una manera de enfrentar al grupo en su propio territorio.

Perspectivas

Las ambiciones del PCC no se limitan al entorno nacional. Su reciente expansión por toda la región los ha llevado a llegar a países donde no se han conformado organizaciones criminales propias.

Dado que la economía brasileña atraviesa actualmente por una crisis, el empobrecido aparato de seguridad se esfuerza constantemente por hacer frente al PCC. El poder y la influencia del grupo, junto con su fuerte presencia transnacional, indican que podría tomar la delantera en la actual guerra contra el Comando Rojo.

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